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Son muchos los actores que han dado el salto tras las pantallas demostrando un talento dispar. Kevin Costner y Mel Gibson lo intentaron con resultados bastante flojos. Charles Laughton en su única inclusión tras las cámaras realizó una de las más maravillosas películas de todos los tiempos. Sean Penn demostró tener una sensibilidad inaudita en Hollywood. Clint Eastwood demostró que su talento tras las cámaras era descomunal e infinitamente superior al de delante de ellas. Ben Affleck o George Clooney, no sólo son dos de las mayores estrellas del mundo, sino también, dos de los directores más interesantes que han aparecido en Hollywood en las últimas décadas. Aunque en el caso de ellas es menos destacado, y Natalie Portman será la próxima, quizá el más destacado caso sea el de Sofia Coppola que tras darse cuenta de su nulo futuro como actriz, descubrió ser una de las mejores directoras que ha dado el cine norteamericano, y sin olvidarnos de Ida Lupino, la más importante precursora de cuantas actrices/directoras vinieron después.

Y luego está Angelina Jolie, resulta curioso algo en el caso de estos ejemplos que he puesto, si se fijan, al menos en sus primeras películas todos se acercaron a realizar un cine que conocían en sus primeros trabajos como directores, con dispares resultados, iban por terrenos conocidos buscando una evolución sensata. Lo que demostraba más una ambición que un capricho, que es lo único que puedo sentir cuando veo una película dirigida por Angelina Jolie, el filme de una tipa caprichosa que simplemente cree saber todo. Y es que salí espantado de su primer trabajo tras las cámaras, lo peor de En tierra de sangre y miel, no era lo nefasta película que era, sino el completo desconcierto que me dejaba de cara a conocer a su realizadora, una actriz que ha demostrado ser maravillosa cuando ha escogido los papeles –buenos ejemplos de ello son Inocencia Interrumpida o El intercambio­–. ¿Qué pretendía Angelina con esa primera película? Francamente no lo sé, pero esperaba que si volvía a hacerlo, consiguiera disiparme las dudas.

Pero no, poco importa de que esta vez se haya reunido con Los hermanos Coen que aparecen como firmantes del guión (posiblemente el trabajo de los Coen se deba a poco más que a una mera corrección, ya que son unos de los principales correctores de guiones de Hollywood, aunque la mayoría de las veces aparezcan sin acreditar), porque Angelina repite todos los vicios y errores que tenía su ópera prima, y los lleva al máximo en las excesivas ambiciones de una película que realmente tiene alma de cartón piedra.

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Invencible es un biopic sobre la figura de Louis Zamperini, un italoamericano que llegó a participar en los Juegos Olímpico de Berlín en 1936, y que tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial se alistó en el ejército estadounidense y tras vagar en altamar durante 40 días, fue rescatado por los japoneses, convirtiéndose en prisionero de guerra. Sí, desde luego que la historia de Zamperini es carne de biopic, uno de esos héroes a los que tan fácil es aplaudir y con una historia con suficientes elementos emotivos y de superación como para que llame la atención de Hollywood. Claro que el trato que se le dé en un biopic puede ser muy distinto, pero mal empezamos si estamos a una película cuya terrible estructura y obsoleta estética hacen pensar de ella que si se hubiera estrenado hace 20 años, ya entonces habríamos sentido que era una película que se siente bastante vieja.

La falta de sutileza de su directora es algo que me repugna por completo, era algo que ya mostraba en En tierra de sangre y miel y que aquí eleva al máximo, el problema que tiene Jolie es que tiene que remarcar quinientas veces lo que quiere decir, y sin embargo, trata de dar un enfoque casi poético a la historia. Así, ese plano de Zamperini volviendo al campo de concentración tras rechazar la oferta de los japoneses para mandar unos mensajes por radio y así quedarse en un sitio más confortable, no es que resulte involuntariamente cómico, sino que es uso elementos más propios de la comedia. Pero aún es la exaltación del héroe, de éste tipo completamente plano. Y es que aunque podamos aceptar cierto tono hagiográfico para ensalzar la figura de un héroe anónimo, pero la comparación con Jesucristo en una escena en la que éste tiene levantar unas tablas, dónde por si no bastara una vez, Jolie vuelve a repetir tres veces el mismo plano, acaba resultando bochornosa.

Y sí, es que el tratamiento que se le da al personaje es patético, lo peor que te puede presentar un biopic centrado tan claramente en la figura del protagonista como éste es que el personaje no cierta ninguna empatía hacia él, pero resulta imposible hacerlo ante un personaje tan plano y tan nulo como este Zamperini. Esto hace que las situaciones a las que el personaje se ve empujado resulten inverosímiles y ridículas, peor es aún cuando aún Jolie insinúa incluso un romance homosexual entre Zamperini y su captor japonés, donde una vez, la directora vuelve a pasar las líneas de lo evidente, utilizando la violencia física como una metáfora demasiado visible de un placer casi sexual.

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Pero su estructura también parece terrible, está caducada, como queriendo hacer de toda la película un clímax completo lleno de momentos para emocionar al espectador. Posiblemente el peor punto de esto se encuentren en los flashbacks que recorren la carrera de Zamperini como corredor, con elementos tan manidos y mal utilizados como la carrera narrada por la radio siguiendo las cómicas reacciones de su familia. Al final uno siente que Angelina Jolie ha querido hacer su propia Forrest Gump, ha tratado de copiar su forma, sin darse cuenta de que aquello que hizo Robert Zemeckis no podría funcionar ahora, porque allí llegó a su punto álgido y el cine se ha visto en la obligación de evolucionar en el género. Pero lo que es peor, sin entender que es imposible que una película así funcione si la película no tiene una gran historia que contar y sobre todo, sin un gran personaje principal, ¿se imaginan el absoluto espanto que sería la película de Zemeckis con una nula construcción de su personaje principal? Pues al final Invencible no hace más que dejar ese ejemplo en plena clarividencia.

Hay un punto positivo en la película, lo único en la que podemos defender, y éste se encuentra en las interpretaciones de sus actores. Jack O’Connell parece hacer lo imposible para que la película funcione, él es capaz de plasmar con su mirada y su voz rota más dolor del que el guión es capaz de mostrar. El actor, además, y al igual que un también fantástico Domhall Gleeson se ve sometido a un drástico cambio físico, algo que consigue llevar más allá de lo puramente física. Sí, O’Connell está fantástico, pero precisamente cuando más creíble está es cuando se ve que el actor está menos dirigido e intenta canalizar en él todo su conocimiento del personaje, como un salvaje actor del método. Lamentablemente, el personaje es demasiado tonto, y la película excesivamente mala como para que podamos gozar de una actuación que es impropia de un filme de estas características, porque una interpretación por buena que sea, es imposible que maquille un filme horrible. Y tu nombre, por mucho que te llames Angelina Jolie, tampoco puede maquillar un talento inexistente.

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Ficha técnica:

Título Original: Unbroken Director: Angelina Jolie Guión: Ethan Coen, Joel Coen, Richard LaGravenese Música: Alexandre Desplat Fotografía: Roger Deakins Reparto: Jack O’Connell, Domhnall Gleeson, Garrett Hedlund, Jai Courtney, Alex Russell,John D’Leo, Luke Treadaway, Spencer Lofranco, Finn Wittrock, John Magaro Distribuidora: Universal Pictures Fecha de estreno: 25/12/2014