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Las modas son muy malas, extenuantes. Hollywood tiene una ley no escrita, cuando algo funciona, cuando algo gusta a la gente, repítelo hasta que el público se harte de ello, no innoves, ya otro se encargará de hacerlo y jugarse su pasta, tú dedícate única y exclusivamente a repetir lo que a otros les ha funcionado, así se llenaran tus arcas, y cuando todo esté gastado, no te preocupes, otro ya habrá ideado una fórmula que funcione y que puedas copiar. Es por eso además que Hollywood no deja pasar una, y es capaz de crear varias tendencias para que todas se puedan copiar hasta que el público se canse de ellas. Y esta nueva versión de Drácula, que no es una versión del clásico de Bram Stoker como tal, se une a esa tendencia de ser otra fotocopia rancia de muchas otras, porque a nadie nos pueden engañar de que esta película nace directamente de las entrañas de la serie Juego de Tronos, y que su intención no va mucho más allá de jugar las mismas cartas que la serie basada en el libro de George R.R. Martin, con una fotografía similar, dando especial visibilidad a la violencia y la sensualidad y a unos decorados que parecen reciclados de HBO y además, unirla a otra de esas modas, la del cine de vampiros que inició Crepúsculo.

Cómo decíamos este Drácula: La leyenda jamás contada (y que no había hecho falta que nos contasen), va con la premisa por delante de no ser una nueva adaptación de la novela de Stoker, si no centrarse en la figura de Vlad el empalador, el sanguinario líder que lideró a las tropas del Este de Europa ante los ataques de los turcos. Según parece ser, o eso es lo que nos quiere contar la película, fue este señor el que inspiró a Stoker a escribir su novela, y es que Vlad viendo que su fuerza no bastaba para frenar a las tropas turcas, hizo un pacto con un misterioso señor que se encerraba en una montaña, y aunque este pacto acarreaba consigo una maldición, le daba la fuerza sobrehumana necesaria para poder conseguir su propósito. De este modo se convirtió en el primer vampiro sobre la faz de la tierra, o el segundo, depende si se ve a este tipo como una especie de encarnación satánica y a Vlad como el Adán de Satán, posiblemente la única lectura interesante que deja la película, y eso que lo hace sin pretenderlo.

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No sé exactamente qué es lo que más me irrita de una película como Drácula: La leyenda jamás contada, una de esas obras que se pueden tildar directamente como infumables y podemos pensar que difícilmente habrá ser humano que la aguante. Y es que el problema en ella no es que todo falle, si no que todo es terriblemente malo, esperpéntico, atroz. Podíamos decir que mucha culpa la tiene el debutante Gary Shore, un señor que viene del mundo de la publicidad, y que no sabemos muy bien cómo se puso sobre sus manos un proyecto de 70 millones de dólares. Shore demuestra ser un completo incompetente, pero no, no es él el único culpable. Otros debutantes tienen mucha culpa de ello, como son los guionistas Matt Sazama               y Burk Sharpless, cuyo próximo proyecto, y agárrense los cinturones, será el nuevo trabajo de Alex Proyas. El libreto de Drácula es tan horrible, que uno se pregunta cómo alguien le pudo dar el visto bueno, no sólo ya el punto de partida es bastante ridículo, su desarrollo es atroz, los diálogos están acartonados, y su conclusión, ya no hablo de su involuntariamente cómico epílogo, si no todos sus veinte minutos finales,  son de lo más estúpido que un servidor ha podido ver recientemente en una sala de cine.

Pero no, creo que lo más me irrita de Drácula: La leyenda jamás contada es especialmente su solemnidad, su insufrible tono absolutamente serio. Me resulta espantoso ver como películas con un enfoque tan claramente comercial como este Drácula, son incapaces por un momento de desprenderse de su tono siempre serio, sin darse cuenta de que esto no hace más que perjudicar a una película que sin pretenderlo, acaba siendo excesivamente ridícula. Pero es que esto también la convierte en una película demasiado aburrida. Damos gracias de que la duración apenas exceda la hora y media, porque pese a esto, se hace eterna, está todo contado de una forma tan tediosa y poco interesante, que es imposible llegar a implicarse con nada de lo que la película nos cuenta. Ni siquiera su protagonista, Luke Evans, consigue ser un líder carismático, o esos 70 millones de presupuesto, que parecen tirados a la basura, cuando uno ve secuencias de efectos especiales en la que un numeroso grupo de murciélagos atacan y están hasta pixeladas, como si la película se hubiera lanzado a las salas sin preocuparse por su resultado final.

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Lo mínimo que el espectador puede pedirle a una película como Drácula: La leyenda jamás contada, es que le entretenga, pero el resultado está lejos de eso, y más cerca de cabrearse. Desde luego que entre las nefastas versiones que se han hecho a la novela de Bram Stoker, ésta es una de las que menos se merecía, sí, ya sé que ni siquiera se basa en su publicación, pero insinuar que el escritor pudo inspirarse en una historia tan esperpéntica como ésta, me resulta, si cabe, aún más insultante. Basta ya de modas. Por favor.

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Ficha técnica:

Título Original: Dracula Untold Director: Gary Shore Guión: Matt Sazama, Burk Sharpless Música: Ramin Djawadi Fotografía: John Schwartzman Reparto: Luke Evans, Sarah Gadon, Dominic Cooper, Zach McGowan, Samantha Barks, Thor Kristjansson, Art Parkinson Distribuidora: Universal Fecha de estreno: 24/10/2014