El Festival de Venecia sigue rodando mostrando la cara y la cruz. La cara es para Loin des Hommes, dirigida por David Oelhoffen con Viggo Mortensen como protagonista. La película trata sobre un profesor que se encuentra varado en las revueltas de Argelia en 1954. Mientras que la cruz se la ha llevado Fatih Akin, cerrando su trilogía turca con The Cut, que se ha llevado los abucheos de la crítica con un ‘western’ sin vida, vacío. Aparte de estas dos cintas, se presentaba Hungry Hearts, una love story dirigida por Saverio Costanzo y protagonizada por Adam DriverAlba Rohwacher, siendo la encargada de satisfacer en un día gris para la crítica. Estos elogios la colocan como favorita para ganar algún premio. 

Loin des Hommes

Loin des hommes

En ‘Loin des hommes’ de David Oelhoffen, Mortensen interpreta a Daru, un excombatiente de la II Guerra Mundial nacido en Argelia y de padres andaluces. En 1954, Daru se encuentra trabajando como profesor en una escuela para niños argelinos cuando estalla la Guerra de Argelia. “Para los franceses éramos árabes y ahora para los árabes somos franceses”, afirma el personaje de Mortensen, que es invitado a abandonar el país en el que nació y que siente como suyo –una tesitura parecida a la que enfrentaba Isabelle Huppert en ‘Una mujer en África’–. Además, Daru se ve empujado por las circunstancias a escoltar a un prisionero argelino hasta un cuartel policial francés. Una travesía en la que la pareja de extraños, que comparte la incomprensión de su gente, forjará un vínculo que trascenderá el trágico contexto en el que habitan. Así, la didáctica ‘Loin des hommes’ se alinea con ese cine bélico que celebra la supervivencia de los valores humanistas en las condiciones más adversas. Una liga menor del género de guerra en la que encontramos desde ‘No Man’s Land’ hasta la mayoría de las películas bélicas de Steven Spielberg. Por fortuna, Mortensen entrega algunos momentos de grandeza física y emocional, pero ni siquiera esas gemas pueden salvar al filme de su superficial impersonalidad.

Manu Yáñez (Fotogramas)

‘Loin des Hommes’ está planteada en forma de western con un héroe solitario que ha renunciado a la convivencia con los hombres y sus guerras. La película está rodada en las desoladas e imponentes montañas argelinas donde Mortensen, un hombre pacífico y sin más ambiciones de vivir decentemente, tiene que salir de su retiro para defender a un campesino utilizado como carne de cañón. Resulta muy bella en su factura y sincera en su mensaje, pero tediosa y algo plana en el desarrollo. La acogida ha sido tibia en la Mostra.

María Guerra (La Script)

Oelhoffen y un Viggo Mortensen que cada vez habla más idiomas optan por la contención. El drama tiene que discurrir por fuera; atrapado en el vacío inmenso de un paisaje desolado. También aquí, como en la cinta de Akin, se trata de un ‘western’. El protagonista tiene que escoltar a su pesar a un hombre condenado. Haga lo que haga, se equivocará. Si le deja huir, condena a la familia del detenido (se vengarán en ellos); si le conduce al juez, la muerte es segura.

Se quiere trazar una metáfora de la Argelia de entonces y, lo que son las cosas, se acaba por dibujar la perfecta definición de lo que somos. El problema quizá es la contención. El exceso de ella. El director se muestra en todo momento demasiado pendiente de la letra sin atender a su eco, a su fuerza, a la contundencia de la sombra de Camus, por así decirlo. La cámara se conduce con gesto protocolario por un relato que, sin duda, habría exigido más. Y mientras, el sordo, entre el rudio y la furia, que no para.

Luis Martínez (El mundo)

Siguiendo los códigos del western, la película reflexiona sobre temas como el existencialismo, el conflicto religioso de Algeria y el debate entre el Deber y la Justicia sin grandes florituras narrativas ni visuales, lo que la convierten en una cinta correcta que no acaba de explotar todos los elementos de los que dispone, entre ellos, un inmenso Viggo Mortensen que no hay papel (ni idioma) que se le resista.

Adrián Peña (Ecartelera)

The Cut

Akin realiza su película más ambiciosa hasta la fecha: una gran producción que retrata la crudeza y las consecuencias del genocidio armenio de la segunda década del siglo XX a través del viaje del Alepo a Estados Unidos, pasando por el Líbano y Cuba, de un hombre que busca a sus hijas desaparecidas durante el conflicto (un correcto Tahar Rahim). En ciertos momentos de ‘The Cut’, los más lánguidos, Akin consigue dejar a un lado su fijación por golpear a sus personajes con caprichosas fatalidades –momentos que se acercan a la versión más aventurera y física del cine épico–, pero la ilusión de estar ante una interesante película de género se va disolviendo a medida que la dimensión melodramática y expeditiva del relato va acumulando desgracias –algunas razonables, la mayoría arbitrarias– sobre la espalda del maltrecho protagonista.

Manu Yáñez (Fotogramas)

De otro modo, Cannes tenía razón. ‘The cut’ no cumple ninguna de las expectativas. Ni las estrictamente cinematográficas ni las otras, las digamos políticas o, quizá, históricas.

Pues bien, el resultado es lo más parecido a un intento fallido. La cinta está construida como un ‘western’ que sigue los pasos a un hombre entregado a la búsqueda desesperada alrededor del mundo de sus dos hijas. Castigo de la diáspora y el exilio. Akin quiere convertir el paisaje exterior de un desierto diáfamo en la explicación gráfica del páramo interior de su héroe, de un país entero. Nada que ver con la afición demostrada hasta ahora del cineasta de encerrar las pasiones en el objetivo de la cámara.

El problema es la dispersión. Eso y la falta de ideas. Pronto, la cinta se entrega a una rutinaria acumulación de lugares comunes que en poco coincide con la intención original. Ni con ella ni con la idea de recuperar el impulso que, por ejemplo y por evidente, condujo a Elia Kazan a ‘América, América’ (la cita es del propio director); ni con el propósito de reenfocar un asunto tan ciegamente cruel y abrir nuevos espacios de, digamos, “reconciliación” (la expresión también es del cineasta).

Luis Martínez (El mundo)

Akin se ha lanzado al territorio de la superproducción y se ha quedado en el cartón piedra. Es la historia de un afilador armenio, interpretado por Tahar Rahim (Un Profeta, 2009) en un forzadísimo ¡inglés!, que sobrevive a todas las crueldades imaginables: pierde a toda su familia y emprende la búsqueda de sus hijas por medio mundo. Fatih Akin se interna en un género épico que no domina: resulta falso, engolado y pierde la oportunidad de denunciar un genocidio olvidado y que tiene pocas posibilidades de pasar por la gran pantalla.

María Guerra (La Script)

The cut’ es a Akin lo que ‘Australia’ fue a Baz Luhrmann, es decir, su película más ambiciosa y personal. Ambiciosa en cuanto a presupuesto y, personal, por ser una exploración de sus raíces históricas.

El gran problema radica en que da la sensación de que, como a Luhrmann también le ocurrió, lo que intenta contar le viene grande. No significa que Akin no sea capaz de contar un relato de una importancia tan capital en la Historia como es el genocidio armenio, sino que la medida que le tenía cogida a cintas como la sencilla y entrañable ‘Soul Kitchen’ o la íntima y melodramática ‘Contra la pared’, parece no ser la misma que a una temática de esta dimensión. La increíble ambientación, decorados y localizaciones junto a un inusitado homenaje a ‘Cinema paradiso’ con Chaplin de por medio son lo mejor de la cinta.

Adrián Peña (Ecartelera)

Hungry Hearts 

Hungry-Hearts

Una firme candidata a brillar con luz propia en el palmarés final. “Hungry Hearts” despega y vuela alto desde su primera secuencia, el encontronazo. Un aseo de restaurante chino en el que la futura pareja se queda encerrada, acompañada por el insoportable olor provocado por la descomposición que él padece. Tratada con mucho humor pero también envueltos en un profundo hedor. Avisados estamos.

Joan Sala (Filmin)

Costanzo no es precisamente un director delicado. Lo suyo es el drama lanzado a la cara. Quiere estar pendiente de cosas tales como la superficie de la piel o el rudio de las caricias, y a veces se queda simplemente con el grito del arañazo. Y ya sentimos el lirismo. El problema es la falta de sutileza. La cinta navega indecisa entre la estridencia del drama y la extrañeza del más simple de los terrores. Pero, y esto lastra todo el proyecto, sin decidirse, sin hacer sangre. Sea como sea, notable el empeño y, por momentos, profundamente claustrofóbico. Queda, por tanto, redimido.

Luis Martínez (El mundo)

Hungry Hearts es una película demoledora. Por su temática, por su formato, por el cambio casi constante de género cinematográfico. Lo que parece va a ser una comedia romántica, con una divertidísima escena introductoria de plano fijo en la que nos presenta cómo se conoce la pareja protagonista (nada más y nada menos que quedando encerrados en el lavabo de un restaurante chino), se convierte en un drama familiar que pasa a thriller psicológico en el que el espectador se decantará sin duda a posicionarse hacia una de las partes, y aunque puede parecer que en todo momento el director nos está decantando a ser partidarios de la postura del padre, en realidad nada más lejos de su intención (el propio Saberio Costanzo confirmará en la rueda de prensa que su acercamiento a los personajes se basa en la forma de trabajar de Cassavetes): salpicará las imágenes de subliminales mensajes que, inconscientemente, nos deberían, como mínimo, hacer dudar del pleno juicio de los dos protagonistas, y sus familias.

Arantxa Acosta (Cine Divergente)