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La carrera de Daniel Monzón no destacó en exceso hasta el estreno de Celda 211, pero la llegada de aquella película, una de las más exitosas de los últimos años en el cine español, y también de las más interesantes, le puso de repente en el punto de mira. Había varios motivos por los que Celda 211 funcionaba a la perfección, el primero era el gusto cinéfilo del director, hizo una película a galope entre un cine autóctono y el mayor despliegue visual estadounidense. Había en ella ciertas reminiscencias del cine quinqui español, de cineastas como Eloy De la Iglesia, pero despojada por completo de ese filtro sucio al pie de la calle con el que se caracterizaba el cine de éste, en pos de la dureza de realizadores como Don Siegel. Un pastiche que viajaba desde Fuga de Alcatraz a El pico sin perder nunca la claridad de ideas, adquiriendo verdadera personalidad propia. Pero tenía algo más, quizá lo más convincente de aquella obra, un asombroso personaje principal llamado Malamadre al que daba vida un Luis Tosar tan esplendido como siempre. Había bastante curiosidad por ver qué sería del siguiente trabajo del realizador, que no en vano anteriormente ya había mostrado su gusto por el cine hollywoodiense en obras mucho menos redondas como El corazón del guerrero o El robo más grande jamás contado.

El niño se sitúa en Algeciras, en ese punto en el que en el horizonte puedes ver España, Inglaterra y Marruecos, el sitio ideal para que los narcotraficantes puedan pasar su mercancía a Europa desde el continente africano. Allí, mientras que un grupo de policías trata de desarmar una importante red de narcotráfico, liderada por un misterioso tipo inglés, un joven muchacho al que llaman “El niño”, descubrirá cómo en un simple paseo de 20 minutos en una moto acuática, supone una puerta para dinero realmente fácil de ganar.

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 Al igual que ocurriese con sus anteriores trabajos, hay muchos ecos del cine norteamericano en la nueva película de Monzón. Algo que se vislumbra con claridad en la primera parte de la película, que arranca de manera trepidante, mostrando con inteligencia todas la cartas de un thriller que parece filmado con el pulso de Michael Mann. Pero por desgracia, no todas las piezas encajan con la misma precisión, es precisamente la historia de ese muchacho que da título a la película lo que hace que la ésta flaquee vistosamente. Lo que al principio es una absorbente historia policiaca para detener una importante red de narcotráfico, se convierte en la típica y aburrida historia de un muchacho sin demasiadas aspiraciones en la vida, que se jugará el pellejo día sí y día también sin ningún motivo demasiado claro para hacerlo. El personaje de El niño es completamente plano, es un personaje antipático, pero que tampoco consigue tener el porte de anti-héroe. Todo en él es obtuso y absurdo, incluyendo una torpe historia de amor metida a mitad de la película. Incluso aún relegados a un rol secundario, resultan mucho más interesantes los personajes a los que dan vida Jesús Carroza y Saed Chatiby, compañeros de éste. No ayuda demasiado tampoco demasiado la interpretación del debutante Jesús Castro, un actor de registro limitadísimo, cuyo mayor recurso es una mirada profunda de la que acaba abusando en exceso, al igual que ocurre con otros actores de su generación como Álex González o Maxi Iglesias.

Es cierto que El niño adolece en demasía de todo esto, la película empieza pareciéndose a un thriller de Mann, y de repente nos sorprendemos con que estamos presenciando algo que es poco más que un capítulo alargado de El príncipe. Pero Monzón se guarda dos ases en la manga para asegurarse de que la película no termine de naufragar en las aguas del estrecho de Gibaltrar. El primero es la potencia de un elenco encabezado por Luis Tosar y que reúne a nombres tan valiosos como los de Eduard Fernández, Sergi López o Bárbara Lennie. Ellos son actores de esos que son capaces de llenar la pantalla con su simple presencia, se llevan la mejor parte de la película, sí, pero también la interpretan a la perfección. El segundo, es el soberbio manejo que tiene el realizador tanto del ritmo, como de la puesta en escena. Pese a las dos horas y cuarto que dura la película, una duración demasiado excesiva para las que suelen tener las películas españolas por norma general, la película siempre resulta brutalmente entretenida, y es precisamente cuando más decae, cuando el director saca todo su arsenal. Destacando dos estupendas persecuciones entre un helicóptero y una lancha, que ya son parte de lo mejor que se ha rodado en España en este terreno.

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Es una pena que El niño no aguante tan bien como promete su fantástico arranque. Quizá sin esa historia que parece impuesta en una película que debería tratar sobre una liga mayor, estaríamos hablando de uno de los thrillers más soberbios que nos ha entregado el cine español. Por desgracia, estamos ante una película bastante irregular, en la que su frente principal hace aguas por todos los lados. No en vano, y sin ser una película tan redonda como si lo era Celda 211, El niño tiene todos los ingredientes para ser una película que seduzca al público mayoritario, y también para hacer de Jesús Castro una potencial estrella del cine español, lo que queda por descubrir es su talento.

Ficha técnica:

Título original: El niño Director: Daniel Monzón Guión: Daniel Monzón, Jorge Guerricaechevarría Música: Roque Baños Fotografía: Carles Gusi Reparto: Luis Tosar, Jesús Castro, Eduard Fernández, Sergi López, Bárbara Lennie, Jesús Carroza, Saed Chatiby, Ian McShane, Luis Motilla, Moussa Maaskri, Meriem Bachir Distribuidora: Fox Fecha de estreno: 29/08/2014