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Me cuesta saber dónde ubicar el género de terror en estos momentos. Siempre se ha dicho que es el género más sencillo de realizar, y podríamos pensar en que esto es cierto con tan sólo ver la cantidad de películas de género que se producen al año en todo el mundo, la mayoría de ellas con medios realmente escasos. Pero, ¿cuántas de éstas son realmente buenas? Nos sobrarían dedos en una mano para contar las que lo son. No hablemos ya de la que consiguen ser además películas originales, ideas novedosas. Se ha exprimido tanto este género que uno puede llegar incluso a pensar que ya se han explorado en él todos los miedos humanos. Celebro con fervor cualquier idea novedosa que aparezca, pero por mucho que trate de echar la vista atrás, me cuesta horrores recordar cuál fue la última que consiguió sorprenderme en este sentido.

No, La cueva tampoco es una historia nueva o que pueda sorprendernos. Pero aunque la historia que cuente nos la conocemos, hace lo que toda buena película de género debe hacer: explorar y llevar al límite el miedo que plantea, en este caso es indudablemente una película que se alía con la claustrofobia. La película nos cuenta la historia de cinco chavales que han ido a pasar unos días de vacaciones acampando en las playas de Formentera. Entre chapuzones y borracheras todo discurre con normalidad hasta que un día encuentran una cueva. Por supuesto decidirán meterse e investigar por dentro. El problema les llegará en el momento en el que quieran salir, serán incapaces de encontrar la salida y se quedarán allí encerrados.

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El debutante Alfredo Montero que a modo todo terreno se encarga él mismo de la dirección, escritura, fotografía y producción de la película, demuestra cuanto menos conocer todos los recovecos del cine de género. No vamos a engañar, el guión de la película es bastante tosco y torpe, abusa de los tópicos, especialmente a la hora de construir unos personajes que directamente resultan gilipollas, de esos que te llevan a desear que la película acabe pronto para verles morir, y si es sufriendo más que mejor. Quizá el mayor de los errores en la escritura de su guión se encuentra en la forma de sus diálogos. Un diálogo de cine jamás debe ser un calco de la forma de hablar real, esto suena torpe, realmente estúpido, hay que saber sacar la esencia del diálogo real y darle la forma para que suene real y creíble. Aquí no existe ni una sola línea de diálogo escrita con la mínima coherencia, todo parecen pequeños extractos de un botellón.

Pero por suerte, la introducción de estos personajes es realmente breve, Montero pronto mete a sus actores en La cueva que da título a la película y a partir de ahí todo empieza a ser mejor. Las paredes estrechas, los pequeños recovecos, hacen que desde el primer momento que entran en ella todo resulte verdaderamente asfixiante, recuerda fácilmente a aquella agobiante Buried en la que Rodrigo Cortés filmó Ryan Reynolds en un ataúd del que no se movía la cámara. Y posiblemente si Montero no se hubiera decidido a presentar a sus personajes fuera de esta cueva, también estaríamos hablando de una película aún mejor. Durante la primera mitad de este viaje, todo resulta aterrador, pero se confirma aún más en el momento en que los personajes aceptan que están perdidos. La cámara consigue captar a la perfección toda su claustrofobia, la completa falta de aire y de espacio en la que tienen que convivir. Pero esto mejora aún notablemente en su recta final, como hablábamos antes, este perfecto análisis de un miedo tan común como el de la claustrofobia pega un brinco de aúpa cuando a los personajes no les queda más remedio que aceptar su condición, ser consciente de que están cercanos a su fin. Hay la película deja de lado la exploración del miedo para convertirse en un loco y desatado survival que jamás teme excederse. Incluso convirtiéndose a esos estúpidos personajes que vimos al principio en una reencarnación completamente diferente que consiguen empatizar con el público con mucho más facilidad. Hay algo en esta parte tan loca y divertida que conecta directamente con la New French Extremity, algo que siempre resulta verdaderamente gratificante.

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Y es cierto, puede que no haya demasiada originalidad en el cine de terror actual. Hemos visto la claustrofobia tocada desde puntos muy distintos, de La cabina de Mercero, a Cube, la mentada Buried o el brazo atascado de James Franco en 127 horas, la también terrorífica cueva de The Descent, y sin olvidarnos por supuesta de cómo la trató Alfred Hitchcock en esa inmensidad del mar en Náufragos. Pero al igual que en todas estas buenas películas, hay una máxima que se mantiene constante y que su realizador sabe lucir con enorme talento, la claustrofobia no sólo la viven sus personajes, si no que ésta se extrapola al espectador, que como ellos se siente agónico sin encontrar la salida, encerrado en las pequeñas paredes y los estrechos túneles de esa cueva sin escapatoria posible. Una propuesta que ni es valiente, ni es original, ni tiene un gran guión, pero que hace que todo esto se nos olvide con su jugada a una única carta que resulta ser la ganadora.

Ficha técnica:

Título original: La cueva Director: Alfredo Montero Guión: Alfredo Montero Música: Carlos Goñi Fotografía: Alfredo Montero Reparto: Marcos Ortiz, Marta Castellote, Eva García-Vacas, Jorge Páez, Xoel Fernándezz Distribuidora: Betta Pictures Fecha de estreno: 11/07/2014