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Reconozco que no soy una gran entendida de cine brasileño. A pesar de ser consciente de que se gestaron grandes títulos al respaldo del Cinema Novo allá por los años 50 y 60, aún no me he sentido atraída por la cinematografía de este país. De hecho, mi incursión en el cine brasileño se reduce a la laureada Ciudad de Dios de Fernando Meirelles y al brillante cortometraje La isla de las flores de Jorge Furtado. Aunque, independiente de lo que se haya visto, cualquier persona interesada por la historia del cine habrá oído hablar alguna vez del movimiento en el que se enmarcan algunas de las mejores películas jamás realizadas en el país sudamericano, como Dios y Diablo en la tierra del sol de Glauber Rocha o Rio, 40 graus de Nelson Pereira Dos Santos. Películas, autores y maneras de hacer cine que influyeron enormemente en las obras más reconocidas del cine brasileño reciente, como Estación central de Brasil, de Walter Salles o la ya mencionada Ciudad de Dios.

Aún es muy pronto para saber si Fernando Coimbra, director de la película protagonista de estas líneas, será alguien a tener en cuenta dentro de la cinematografía de Brasil, pero de lo que no cabe duda es de que ha hecho un trabajo extraordinario en El lobo detrás de la puerta. En esta película Coimbra se adentra en un barrio marginal de Rio de Janeiro para contarnos una historia marcada por la pasión, la mentira y los celos. Aunque en este caso no importa demasiado el qué (se cuenta) sino el cómo, ya que el director brasileño demuestra con cada plano el dominio del lenguaje cinematográfico (a pesar de su nula experiencia en el largometraje) que posee, deleitando al espectador con planos fijos larguísimos, movimientos que tienen por objeto ocultar el rostro de los personajes, travellings hacia atrás que “sacan” la cámara de lugares concretos… Técnicas que solemos asociar a directores consolidados, con cierto bagaje en la industria del cine, pero que sorprendentemente Coimbra utiliza aquí con una destreza impresionante. Como decíamos antes, quién sabe si Coimbra llegará a ser un grande del cine brasileño… Pero lo que sí sabemos es que, si sigue así, va camino de serlo.

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Y para contarnos esa historia repleta de sentimientos, Coimbra se ha rodeado de actores capaces de transmitir sus emociones con una facilidad asombrosa. Y en una película en la que la acción se desarrolla casi de plano fijo en plano fijo, es necesario que los intérpretes sean capaces de abrumar al público con su mera presencia, a través de su respiración, de sus palabras. Aunque en realidad son cuatro los actores que hacen posible El lobo detrás de la puerta dos son los que llevan la voz cantante: Milhem Cortaz, a quien ya pudimos ver en Tropa de élite, y Leandra Leal, cuyo único papel relevante anterior lo encontramos en El hombre que copiaba. Ambos protagonizan el affair sobre el que se desarrolla la película, porque no se engañen, el filme no trata sobre secuestros de niños sino sobre los celos, el amor enfermizo y la venganza.

El lobo detrás de la puerta nos sitúa en una pequeña región de Río de Janeiro donde una niña es secuestrada a la salida del colegio. En la comisaría, Sylvia y Bernardo, los padres, y Rosa, principal sospechosa y amante de Bernardo, dan testimonios contradictorios que conducen a los más sombríos rincones del deseo, la mentira y la perversidad en las relaciones de esos tres personajes.

Fernando Coimbra se basa en el flashback para desarrollar gran parte de la historia que trata El lobo detrás de la puerta, pero lo hace con suma inteligencia, alternando, a través de esta técnica, los puntos de vista de Bernardo y Rosa. Y esa alternancia es la que hace que conforme pasan los minutos la historia se vaya completando; hasta tal punto que el plano final es una repetición de otro que aparece al comienzo de la cinta, aunque esta vez la cámara ocupa un lugar completamente diferente al de la primera vez. El significado de ese plano ha cambiado, la historia ha avanzado y hemos llegado hasta una verdad que nos permite sacar mil lecturas de un plano aparentemente simple pero de gran riqueza simbólica. Esos flashback que dan forma a la película son fruto de unas confesiones, las que realizan Bernardo y Rosa a un inspector de policía que da el toque exacto de humor a la película, que son el mayor acierto de una cinta perfectamente planificada, a la que se le pueden achacar muchas otras cosas pero que su montaje eleva a una categoría superior (dentro de las óperas prima).

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Puede que El lobo detrás de la puerta no aporte nada nuevo a las historias de infidelidades. De hecho, su desarrollo es bastante sencillo (lo que no quita que su tramo final resulte muy chocante), pero el estilo de Coimbra y el mano a mano que se marcan Cortaz y Leal durante todo el filme hacen que la cinta esté repleta de momentos intensísimos en los que es muy difícil apartar la mirada de la pantalla. La narración contemplativa que logra crear el director al clavar la cámara en un lugar concreto, realizando únicamente movimientos muy sutiles a su alrededor, contribuye a que el público quede imbuido en una historia muy tensa y pasional en la que las escenas íntimas, así como las violentas discusiones que protagonizan los actores principales, resultan hipnotizantes.

A pesar de que Coimbra no duda en hacer referencia a algunas problemáticas sociales que acaecen en el país (la facilidad con la que se obtienen armas, el peligro de los secuestros –de niños–…), El lobo detrás de la puerta no indaga en esas cuestiones. El director prefiere centrar todos sus esfuerzos en una historia sobre los sentimientos más inmundos y rastreros del ser humano sustentada en el poderío de sus actores y el magnífico ejercicio de estilo de su artífice.  

Ficha técnica:

Título original: O lobo atrás da porta Director: Fernando Coimbra Guión: Fernando Coimbra Fotografía: Lula Carvalho Reparto: Milhem Cortaz, Leandra Leal, Fabiula Nascimento Distribuidora: Betta Pictures Fecha de estreno: 18/07/2014