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Para todo joven amante del Séptimo Arte existe un sueño, o más bien, una meta: ser director de cine. Convertirse en un Ingmar Bergman, un Orson Welles, un John Ford, un Frank Capra, un Steven Spielberg… Directores que sirven como referencia a muchos que aspiran a llegar a lo más alto, pero todo ello cuesta.

Este es el tema que se va a tratar en la película dirigida por el director polaco Krzysztof Kieslowski, conocido por todos los cinéfilos por El decálogo, estructurada en 10 partes basadas en los Diez Mandamientos, la trilogía de Tres Colores: Azul, Blanco y rojo, representando la bandera de Francia con el lema Fraternité, Egalité y Liberte y La doble vida de Verónica. Obras de gran valor cinematográfico que han sido alabadas por muchos por la moralidad que el realizador deprende en cada una de ellas. Sin embargo, hay una película del director polaco que (casi) nunca se menciona cuando se habla de su cine. Una película que considero una gran obra maestra, además de ser una de las más personales del propio Kieslowski, y debido a este desconocimiento que existe en torno a ella me he decidido a dedicarle unas palabras… La cinta en cuestión es El aficionado (Amator).

La película se centra en Filip, encargado de compras en una fábrica que decide comprarse una cámara Super 8 con motivo del nacimiento de su hija para grabar todos sus pasos, día a día, mes a mes. Un día, el director jefe le encarga el trabajo de realizar un reportaje especial con motivo del 25 aniversario de la fábrica, un proyecto más complicado y, sobre todo, diferente al de grabar un diario captando todas las imágenes que pueda pillar por su camino.

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A partir de aquí, comenzará a sufrir una metamorfosis que le llegará a cambiar por completo, comenzando así una gran pasión que había permanecida oculta en su ser y que nunca experimentado antes. Así, Filip comienza a participar en festivales de cine de autor, a comprar revistas sobre cine e incluso crea un cine club con coloquio de cualquier director invitado, todo por un encargo que le convertirá en cineasta por accidente. Para Filip, lo primero será el cine antes que su familia, deja de dedicar tiempo a su hija recién nacida y también a su esposa, surgiendo de esta forma una relación inestable.

Kieslowski nos muestra como una persona puede cambiar por completo por las inesperadas situaciones de la vida, poco a poco, yendo de menos a más. Filip empieza rodando el nacimiento de su hija, luego rueda un reportaje especial por encargo de la empresa, y al final termina grabando todo lo que se mueve, creando diversos documentales que le alejan por completo de su plan inicial: hacer un diario para así captar la evolución de su primogénita.

El director polaco toca varios temas cercanos al panorama cinematográfico como los festivales, certámenes de autor donde el gran jurado espera ver películas realistas, la vida cotidiana como tal y no meros productos edulcorados y artificiosos, o los cine clubs, lugares donde la gente puede ver la película acompañado de un coloquio del director de marras con el típico ruegos y preguntas. También tiene cabida la señalización acusadora del productor, mostrada aquí a través del director de la fábrica, quien deja a Filip la máxima libertad en sus primeros trabajos pero que al final le corta el grifo en sus próximos proyectos, llegando a suprimir escenas y prohibiéndole la exhibición de uno de sus mejores trabajos.

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La cinta no presenta un gran estilismo visual, ni falta que le hace, porque todo lo que nos quiere decir Kieslowski está en las imágenes que nos muestra, al igual que Filip intenta hacerlo con los más cercanos, llegando a crear imágenes emotivas y hermosas, como echar de menos a un ser querido viendo algunos momentos que pueden repetirse sin perderse en el tiempo o cómo personas que pasan desapercibidas en la empresa pueden llegar a ser las más grandes.

El aficionado es una cinta única, personal e incomprensiblemente desconocida de Krzysztof Kieslowski, quien realiza una película autobiográfica sobre sus primeros pasos en el mundo cinematográfico, enseñando que la mejor manera para aprender a ser un buen cineasta es observando la auténtica realidad que hay a nuestro alrededor, dando a conocer la ideología y la moralidad de ser cineasta, lleno de ambiciones y aspiraciones sin que nadie se nos cruce en nuestro camino.