Pasado y futuro se dieron cita ayer en Cannes. Por un lado Ken Loach con la que anunciaba que sería su última película, sus críticas, como siempre, por decir que hace siempre lo mismo, o básicamente, por acusar a Loach de ser Loach, es inevitable, y nosotros no queremos que deje de ser así. Por otro lado, el jovencísimo Xavier Dolan, que con 25 años presentaba por primera vez en Sección Oficial la que es ya su quinta película, Mommy, ha entusiasmado y suena fuerte para llevarse la Palma de Oro. Y no es malo, el futuro debe vencer al pasado, es ley de vida.

Jimmy’s Hall de Ken Loach

"Jimmy's Hall" Premiere - The 67th Annual Cannes Film Festival

Con música tradicional americana de fondo, a la imagen de la estatua de la Libertad le siguen algunos de los símbolos de la fusión entre capitalismo y clase trabajadora en Estados Unidos: los obreros de los grandes rascacielos construidos a principios del siglo XX, en el alambre entre el triunfo y la derrota. Tras ellas, fotos de la Gran Depresión, de las colas para recibir las cartillas de racionamiento, de la gente, quizá esos mismos obreros entre el cielo y el infierno, durmiendo en plena calle, entre cartones. Loach siempre dispara con bala. Y no puede tener más actualidad en esta época de depresión económica.

Javier Ocaña (El país)

Loach ha llegado a un momento que no siente la necesidad ni de probarse ni de demostrar nada a nadie. La puesta en escena se reduce al punto del absoluto pragmatismo y la esquematización de los personajes alcanza por momentos la caricatura. Pero, nos pongamos como nos pongamos, es Loach. Y eso, lejos de ser una obviedad (que también), es una declaración de principios.

Luis Martínez (El mundo)

En la ficción fílmica, es un sacerdote que ve demasiada poca represión religiosa en estos nuevos planes nocturnos… aunque en realidad, una vez más, el culpable es el director, quien seguramente hasta entonces no debía haber visto demasiados argumentos para creer en su propia película. Al ataque el equipo Loach & Laverty: lo que hasta aquel momento era un tonto pero simpático divertimento de época, se transforma en el monstruo habitual. Vuelta al martillo pilón; vuelta a retahíla interminable de discursos, tan obvios; tan planos. Lo obvio y bidimensional también piden paso: ”El colectivo es bueno; el individualismo es malo.” Por increíble que parezca, esta argumentación tan pobre (tan triste) se alarga durante dos horas… de hecho, como casi siempre con Loach. Y así seguirá, seguro.

Víctor Esquirol (El séptimo arte)

La Historia de Jimmy Gralton tiene las cualidades del cine de Loach: sencillo, combativo, algo panfletario y lleno de sincera ternura. Este veterano director consigue despertar las adormecidas conciencias y transmitir un a sensación de entusiasmo.

María Guerra (La Script)

La película de Ken Loach, construida sobre un guion de Paul Laverty, consigue dotar de humanidad a sus personajes obreros (sobre todo, a la madre de Jimmy y a la mujer de la que está enamorado, casada a su vez con otro hombre), pero se muestra mucho menos matizada a la hora de retratar a sus antagonistas. La afinada radiografía ideológica y social trazada por los cineastas se ve amenazada, así, por el peligro del maniqueísmo y de la simplificación dramática, por mucho que la realidad de aquellas tierras y de aquellos años pudiera ser, incluso, mucho más dura que la representada por el film. Las buenas y nobles intenciones no bastan para alcanzar grandes resultados artísticos, de los que la correcta y más bien académica Jimmy’s Hall se queda bastante lejos.

Carlos F. Heredero (Caimán Cuadernos de Cine)

El tema tiene su miga pero todo queda difuso. El joven revolucionario irlandés se convierte en un héroe que es aclamado por sus amigas, mientras la justicia irlandesa intenta expulsarlo del país por comunista. El héroe se impone sin fisuras. Loach y Paul Laverty son incapaces de ver más allá del blanco y el negro. Los tonos grises no existen

Ángel Quintana (Caimán Cuadernos de Cine)

Mommy de Xavier Dolan

Xavier Dolan Mommy photocall Cannes 2014

Como en Los amores imaginarios y, sobre todo, Laurence Anyways, Dolan muestra su capacidad visual y su categoría para conjugarla con las músicas, pero, una vez más, al tratamiento temático le falta trascendencia real. Y aunque sorprenda también con un interesante elemento distópico, en torno a un futuro inmediato donde el Gobierno canadiense se haría cargo, por ley, de los adolescentes problemáticos, el subtexto parece desperdiciado más allá de una única secuencia.

Javier Ocaña (El país)

Ahora, un paso adelante, muchos de los manierismos (puro ejercicio de exhibición) de películas anteriores siguen ahí, pero con sentido. La pantalla se estrecha y amplía al ritmo de una historia que oscila entre la angustia y el entusiasmo. Sin término medio. Las canciones que salpican la banda sonora entran enteras sin detener la narración un segundo. Y así, y pese a irregularidades y excesos, ‘Mommy’ consigue brillar en instantes precisos como no lo ha hecho nadie ni nada en lo que llevamos de Cannes.

Luis Martínez (El mundo)

Dolan ensambla una extrema historia emocional con total dominio del lenguaje cinematográfico. Esta dolorosa relación materno-filial no es una modernez, sino una montaña rusa de sentimientos magistralmente interpretados. ‘Mommy’ desborda vida y desmesura, desborda cine.

María Guerra (La Script)