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A menudo (casi siempre), el mito del sueño americano -ya tan extendido como el McDonalds- suele ser de hecho una pesadilla que ha hilvanado la cultura estadounidense en todas sus facetas y niveles, desde, por ejemplo, los cuadros de Hopper, hasta la literatura beat y el cine negro, pasando por las canciones de Woody Guthrie y sus más o menos coherentes y finos continuadores. Y algo de esto recoge En un lugar sin ley (Ain’t them bodies saints), una estupenda película que, bajo la forma de un thriller rural con forajido y cuentas pendientes, encierra una bella y matizada historia de amor y, sobre todo, una tragedia sobre la imposibilidad de recuperar el tiempo perdido.

“¿A dónde planeas ir?”, pregunta un amigo del protagonista, en un destartalado bar perdido en un pequeño de pueblo de Texas. “A un lugar que aún no se ha inventado”, responde el iluso, sin saber que lo que aún no se ha inventado es justamente el logro humano de llegar sin mácula a ese lugar soñado de antemano, porque en verdad no existe más que en el sueño. David Lowery –director y escritor de la película- sabe que el empeño de su agónico protagonista es grande, y que la heroicidad de un joven desarraigado, al que ciertas circunstancias le han hecho transitable el margen de la ley, merece ser contada. De ahí que potencie esa lírica del perdedor, tan acostumbrada en el cine norteamericano, y la arrope con bellos paisajes solitarios y abiertos, con campos sembrados, cielos plomizos, horizontes en sepia y sonidos de grillos al atardecer; todo ello de la mano de la estimable fotografía de Bradford Young y de un tono elegíaco que evidencia influencias de las primeras obras de Terrence Malick, antes de que su imaginería poética se exacerbara quizá en exceso.

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Pero ya se sabe que esos cielos suelen amenazar tormenta, como bien supo plasmar Clint Eastwood en esa obra maestra no suficientemente aplaudida que es Un mundo perfecto. Así lo remarca aquí la sutil música de Daniel Hart, que se torna tensa y fatalista para recordar que, si es loable el intento del prófugo Bob (interpretado por Casey Affleck) por recuperar su vida y encauzarla felizmente junto a su familia, mayor es la arrogancia de un proyecto que pasa por creer que es posible manejar el tiempo a voluntad, y así, cuando convenga, echarlo a andar de nuevo desde el punto deseado y hasta el destino soñado, como si de un tren eléctrico se tratase, de un juguete, de un artefacto, de algo muerto.

A ritmo de este fatum, en este conflicto entre la voluntad individual y aquello que la excede y a veces la engulle, crece En un lugar sin ley, justamente porque (en oposición al título español) sí hay una ley que se impone en todo lugar, y que nada tiene que ver con esas otras leyes contingentes y consensuadas que rigen el derecho y que creemos soberanas: la ley del imposible regreso a casa como si nada hubiera pasado, como si el tiempo no hubiera pasado, como si esa casa existiera ya.

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En casa espera ella, la amada Ruth, formidablemente interpretada por una Rooney Mara que bien podría recordar a la Jessica Chastain de El árbol de la vida, y por la que este espectador que ahora escribe también volvería, aun a sabiendas de lo soberbio y arriesgado de la tentativa. Sí, Ruth espera, pero no sólo. Ella sí sabe que el deseo de construir algo propio no depende exclusivamente del anhelo. Ella entiende que sólo puede haber precisamente algo propio si se es capaz de renunciar y amoldar las pretensiones de la voluntad a esas leyes no escritas que nos recuerdan, para bien, nuestras impotencias y nos salvan del mero delirio. Ella comprende, por tanto, que además de haber pasado cuatro años de sentidas cartas de amor, también se han abierto algunas heridas que vuelven a supurar, que el paisaje es el mismo y a la vez otro, que en él habitan ahora otros personajes con viejas historias antes sólo susurradas, y que, en definitiva, la ausencia es justamente el lugar más propicio para estar para siempre junto a su querido Bob, aquel que huye de aprender que la historia se rompe a veces, que salta, que nos deja atrás, mientras los cielos siguen rasos.

3.5_estrellas

Ficha técnica:

Título original: Ain’t Them Bodies Saints Director: David Lowery Guión: David Lowery Música: Daniel Hart Fotografía: Bradford Young Reparto: Rooney Mara, Casey Affleck, Ben Foster, Nate Parker, Keith Carradine, Charles Baker, Heather Kafka, Frank Mosley, Rami Malek Distribuidora: Betta Pictures Fecha de estreno: 09/05/2014