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El boxeo, el deporte cinematográfico por excelencia nos ha dejado infinidad de historias de lucha y superación en el séptimo arte. Hemos visto a Rocky Balboa lidiar en un legendario combate con Apollo Creed en Rocky, hemos conocido al detalle la turbia vida de Jake LaMotta en Toro Salvaje y hemos disfrutado del ascenso a la fama de Rocky Graziano en Marcado por el odio. El mundo del ring representa una vida dura y castigada, una difícil manera de vida solo reservada a los hombres más duros del mundo. ¿Y las mujeres? Bien es cierto que el deporte femenino cada vez va teniendo más aceptación y más adeptos, afortunadamente, pero no deja de ser impactante ver dos mujeres partiéndose la cara en un cuadrilátero, o al menos eso pensábamos la mayoría hace 10 años. Fue entonces cuando el gran maestro Clint Eastwood llegó con Million Dollar Baby bajo el brazo y nos cerró la boca a todos trayendo esta película sobre el sueño de una chica de ser boxeadora profesional.

Million Dollar Baby supone un amargo relato pugilístico, lleno de dolor pero también de tener fe hasta en los peores momentos. Una película de superación y de duros golpes, golpes que no solo se dan en el ring de boxeo…

Hablar de Clint Eastwood es hablar de una verdadera leyenda viva del mundo del cine. En su faceta como actor consiguió ser un verdadero mito tanto en su juventud como en su madurez interpretando un buen puñado de buenas películas pese a no tener un talento interpretativo excesivamente alto. Eso sí, pocos actores han logrado tener un carisma similar y una mirada tan penetrante como la de Eastwood. En su faceta como director, en cambio, podemos asegurar con total tranquilidad que es uno de los más grandes realizadores del Hollywood moderno. Películas como Sin Perdón, Mystic River, Los puentes de Madison o el film del que hablaremos en esta crítica, Million Dollar Baby,  son solo algunas muestras de que su cine está a la altura de muy pocos.

Tras ganar los premios de mejor película y mejor director (además de ser nominado a mejor actor) por su obra maestra Sin Perdón, el director californiano tardaría bastantes años en volver a estar nominado a los premios Oscar, 11 exactamente. En Sin Perdón fue donde Clint Eastwood se dio a conocer para la Academia de cine, pues nunca antes había estado nominado personalmente por sus films. Parecía que ese iba a ser el pistoletazo de salida para que Eastwood fuese tenido en cuenta de cara a futuros Oscar, pero no ocurrió así y el de San Francisco tendría que esperar más de una década para volver a estar nominado en los premios Oscar. Sería con Mystic River donde Eastwood volvería a entrar en las quinielas de una Academia que parecía haberse olvidado de él. Tampoco resulta extraño, porque desde Los puentes de Madison (película injustamente olvidada por la Academia, que solo le otorgó una nominación, la de mejor actriz a Meryl Streep) el veterano director no había firmado ninguna obra verdaderamente notable. La Academia supo recompensar el magistral trabajo de Eastwood en la dirección de Mystic River dándole 6 nominaciones, entre ellas las de Mejor película y director. Eastwood no correría la misma suerte que en Sin Perdón, pues su película solo se llevaría los premios de Mejor actor principal y Mejor actor de reparto para Sean Penn y Tim Robbins, respectivamente. Era complicado, Mystic River luchaba contra un titán llamado El retorno del rey, que arrasó llevándose 11 premios de 11 posibles. A pesar de todo, esto volvía a poner en el mercado a Clint Eastwood, que había firmado una obra sobresaliente casi 10 años después. ¿Era el inicio de una nueva etapa llena de éxitos para el californiano o Mystic River fue flor de un día?

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Las dudas ante esa pregunta las despejaría el propio Clint Eastwood tan solo un año después cuando presentó la colosal Million Dollar Baby. Acompañado por Paul Haggis, que firmó el guión de la cinta, y por Hilary Swank y Morgan Freeman, que junto al propio Eastwood forman el trío protagonista de la película, el director nacido en San Francisco fue el gran triunfador de la gala de los Oscar de 2005 imponiéndose a El Aviador de Martin Scorsese que, aunque consiguió 5 estatuillas, 4 fueron por premios técnicos. Cosechó 7 nominaciones de las cuales 4 lograrían premio: Mejor película, Mejor director, Mejor actriz principal para Swank y Mejor actor secundario para Freeman. Eastwood volvía a hacer el doblete de premios de Mejor película y de Mejor director al igual que hizo en Sin Perdón, y de nuevo volvería a quedarse sin la estatuilla de mejor actor principal, que recaería en Jamie Foxx por Ray. De esta manera el veterano director norteamericano se convertiría en el ganador del Oscar al Mejor director más longevo de la historia, ganando el premio con casi 75 años. Million Dollar Baby supuso el merecido reconocimiento de Clint Eastwood como uno de los mejores directores del cine contemporáneo ante los ojos de todo el mundo.

Entrando un poco en materia, Million Dollar Baby nos cuenta la historia de Maggie, una chica de 31 años que viaja a Los Ángeles con el sueño de ser boxeadora profesional. Llega al gimnasio que dirige Frankie Dunn junto a su amigo Scrap con al ilusión de que Dunn sea su entrenador. El veterano coach la rechaza diciendo que es demasiado mayor y que él no entrena a mujeres. A pesar de ello, Maggie luchará para conseguir que Frankie acceda a entrenarla.

Ante esta bonita historia de perseverancia y coraje convertida en guión por Paul Haggis, Eastwood realiza una de sus mejores direcciones. La mano firme de Eastwood no tiembla, es perro viejo y sabe perfectamente como llevar una película sin que decaiga ni una sola vez. Million Dollar Baby goza de un ritmo y una calidad cinematográfica que solo está a la altura de los más grandes, como el propio Eastwood. Además, sabe como controlar bien la situación tras un giro de guión (quizás uno de los giros de guión más espectaculares y sorprendentes de los últimos años) ante el que muchos hubieran fracasado. En resumidas cuentas, estaríamos de acuerdo los amantes del séptimo arte en decir que Clint Eastwood firmó hace ya 10 años un verdadero clásico moderno. Y es que ese clasicismo que desprende el film es otra de las claves que enaltecen su figura. Eastwood demuestra tanto en Million Dollar Baby como en la gran mayoría de sus películas ser un verdadero amante de la narración más clásica, más tradicional. Podríamos decir con absoluta certeza que el bueno de Clint es el director más clásico de nuestros días, sus filmes son prueba de ello.

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Tampoco desmerece para nada su actuación interpretando a Frankie Dunn, nos atreveríamos incluso a decir que es el mejor papel que ha interpretado nunca el veterano actor y director americano. Junto a él, una extraordinaria Hilary Swank como Maggie Fitzgerald que se come la pantalla en cada segundo en el que sale en pantalla y un fantástico Morgan Freeman en el rol de Scrap. El magistral guión de Paul Haggis, la bella fotografía de Thomas Stern y la exquisita banda sonora compuesta por el propio Eastwood completan la receta de la obra de arte que supone Million Dollar Baby.

Parte de la grandeza del film reside en que no es un drama pugilístico de tantos. No se queda en la superficie, sabe ahondar más en el interior de unos personajes que están llenos de cicatrices y estigmas, aunque no todos están en la piel. La historia de Maggie, Frankie y Scrap es más dolorosa que un puñetazo en la mandíbula, nos demuestra que no todos los golpes duros son físicos. Lo que empieza siendo una película sobre boxeo se torna en un verdadero dramón de una manera tan brillante como efectiva. Al final del film se nos queda una sensación de dolor y de vacío, pero también la excelente satisfacción de haber visto una verdadera obra de arte.

La veracidad de los personajes que idea Haggis en su guión es parte de la magnitud que supone Million Dollar Baby. Son sufridores natos, personas hechas polvo por una vida complicada y el boxeo es la única vía de escape que encuentran para salir del paso. Devolverle los golpes a la vida en el cuadrilátero, esa parece ser la máxima principal de la cinta de Eastwood. La otra máxima podría ser que los golpes más duros ni nos los dan en el ring ni nos dejan marca visible.

Pocas películas americanas recientes logran dar un golpe tan duro al espectador como Million Dollar Baby. La devastadora película de Clint Eastwood es un gancho a lo más profundo del corazón, te noquea, te deja KO. Pero en el cine, al igual que en el boxeo, a veces hay que recibir palizas, palizas en forma de película. No es una cuestión de masoquismo, si no de realidad. La vida es un continuo ir y venir de golpes, Eastwood y Haggis lo sabían, por eso hicieron esta gran película, para aleccionarnos sobre lo duro que es el mundo y lo difícil que es aguantar en pie. Aún así, Million Dollar Baby nos habla de la persecución de un sueño, de no rendirse jamás. Maggie quería ser boxeadora y luchó mucho para poder serlo, tuvo dos grandes amigos que la apoyaron y llegó a ser feliz dando y recibiendo en el cuadrilátero. Porque, amigos, la vida es esto: un gran combate donde te machacarán a palos y te harán daño, pero hay que mantenerse firme e intentar devolverle los golpes a la vida, solo así se puede ser feliz. Ante todo, jamás hay que tirar la toalla.