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A principios del siglo XX todo parecía posible. Era una época en la que los artistas se sentían libres para pensar. Isadora Duncan transformó la danza clásica en una expresión del alma. Stanislavski y su método de actuación fue revolucionario en su concepto de la búsqueda de la verdad emocional. Por aquellos años, el cine apenas se había inventado. Florenz Ziegfeld Jr vio el Folies Bergère de Paris y a partir de aquello se inspiró. Iba a glorificar a la American Girl y Broadway iba a alcanzar nuevas cotas de extravagancia.

Resulta curioso que en 1936, en el apogeo de la Gran Depresión, MGM decidiera crear una película biográfica a gran escala sobre la lujosa y fastuosa vida de Florenz Ziegfeld. Ese viaje de 3 horas de amores y desamores de Ziegfeld recuerda a los espectadores cómo era la vida cuando la gente tenía dinero de sobra, una época desmedida y excesiva que culminó con el Crack de 1929. Ziegfeld fue un gran showman americano, quien creó los llamados Ziegfeld Follies y también produjo una serie de musicales exitosos, algunos escritos por grandísimos compositores como Jerome Kern y George Gershwin, entre otros. Las Follies hizo protagonistas a una serie de artistas como Fanny Brice (quien sale en la película interpretándose a sí misma), Eddie Cantor, WC Fields, Will Rogers y un largo etcétera. Ziegfeld era un charlatán, apostador y un mujeriego de gusto exquisito que introdujo a coristas, cómicos de vodevil y grandes puestas de escena de vivant tableaux que ensalzaban la figura de la mujer americana. En estas representaciones había una mezcla de sexo y exotismo, mezclada con el humor de aquella época y aderezado con una fastuosidad impresionante.

El Gran Ziegfeld no podría definirse como un musical, es más una película con números musicales que evocan una época y un estilo en la historia del entretenimiento teatral estadounidense. Y tanto es un biopic como también es un intento de mostrar la maravilla de las Ziegfeld Follies a un público más amplio. No todo el mundo podía permitirse los escandalosos precios de aquellos espectáculos teatrales. Los derechos de la historia de la vida de Ziegfeld fueron adquiridos en un principio por Universal pero luego se los vendió a MGM cuando vio que era demasiado cara de producir. Y es que la ostentosidad de todo lo que era Ziegfeld se puede ver reflejada en el carísimo coste de producción de la película: unos 2 milllones de dólares. Aunque por otra parte recaudó algo más de 40 millones de dólares. Un taquillazo que choca con su reconocimiento actual. Mientras algunas películas se toman su tiempo para ser reconocidas, El Gran Ziegfeld ha experimentado todo lo contrario: aquel enorme éxito y reconocimiento ahora y desde hace muchos tiempo es en gran medida olvidado.

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La película comienza con Ziegfeld (William Powell), quien en la Feria de Chicago de 1893 se da cuenta de un descubrimiento que le llevará al éxito: el atractivo sexual vende. En lugar de realizar demostraciones de fuerza, Ziegfeld emplea a un forzudo para impresionar a las mujeres con su belleza física. Ziegfeld llega a Broadway, con la producción de revistas musicales, Las Ziegfeld Follies, que combina hermosas coristas y grandes personalidades de la época en grandes espectáculos de entretenimiento. La vida y negocio de Ziegfeld es como un ciclo sin fin: se relaciona con jóvenes impresionables a las que promete convertir en estrellas, y lo hace, mientras que la producción de esos espectáculos de gran éxito solo alimentan sus malos hábitos con el dinero incluso llegando a pedir dinero prestado a los productores rivales. Su reinado de éxito se detuvo cuando las grandes estrellas llamaron a las puertas del cine de Hollywood y el mercado de valores se estrelló con el fatídico Lunes Negro. 

Ziegfeld no fue el primero en hacer dinero con esas representaciones de mujeres hermosas pero sí fue el primero en montar un gran negocio de dinero basado todo en ello. Sus Follies tomaban mucho del burlesque, eran espectáculos variados de cantantes, bailarines, coristas, cómicos, etc. Lo que hacía Ziegfeld se ve claramente representado en la grandiosa secuencia musical de A pretty girl is like a melody, una representación visual de un pastel gigante de boda que va girando y vamos viendo a hombres en smoking, mujeres en camas, etc. Una combinación abrumadora de escenografía, vestuario y coreografía que incluso ganó el extinto premio Oscar de Mejor Coreografía.

Aunque seguramente el punto fuerte de El Gran Ziegfeld es la tremenda química entre William Powell y Myrna Loy. Entre 1934 y 1947 protagonizaron juntos unas 14 películas, siendo las más conocidas la de la saga de La cena de los acusados. Sacan lo mejor de cada uno, como fue en todas y cada una de las películas que protagonizaron juntos. Por desgracia, el personaje de Loy no entra en la vida de Ziegfeld hasta pasados dos tercios de la película. Cuando hizo El Gran Ziegfeld, William Powell estaba en la cima de su carrera. Tenía ya una nominación al Oscar por La cena de los acusados y ese año iba a rodar la continuación Ella, él y Asta, además de protagonizar uno de sus personajes más recordados, Godfrey en Al servicio de las damas. Era la elección perfecta para Ziegfeld, siendo tan convincente interpretando al personaje a los 26 años como a los 65. Aunque Powell no recibió ninguna nominación por su intepretación de Ziegfeld, esto no le impidió retomar de nuevo el personaje en 1945 con Ziegfeld Follies.

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Pero quien se llevó más halagos por su actuación e incluso un Oscar fue Luise Rainer, quien también repitió premio al año siguiente con La buena tierra. En El Gran Ziegfeld, Rainier intepreta a su primera esposa, Anna Held, un actriz francesa que lo dejo porque no podía ser fiel. Su actuación es sutil, encantadora y desgarradora. Se rumoreaba que el Oscar lo recibió por una escena en la cual felicitaba a Ziegfeld por su éxito. La verdad es que es una escena brillante. Su personaje es ansioso a la par que miserable y la emoción que desprende Rainier es cruda y tremendamente real. Por otra parte está Jack Billing, el competidor de Ziegfeld, intepretado por Frank Morgan en una muy buena actuación como ese otro showman eclipsado por la personalidad grandiosa de Ziegfeld.

Por lo demás puede ser que a cualquier espectador al ver la duración de la película, cerca de 3 horas, se sienta algo abrumado, aunque personalmente no encuentro momentos aburridos en la película. Siempre ha sido una de las películas más discutidas por su premio a Mejor película aunque en su defensa diré que es entretenida, agradable, con estupendos actores y representa una época de manera fantástica, además de mostrar un estilo de producción impecable.