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Tras un par de años alejado del papel couché cinematográfico, Roman Polanski vuelve a ponerse una vez más tras la cámara para retratar su propia versión de Venus in fur, revisión a 24 fotogramas por segundo del clásico teatral de David Ives (que co-guioniza también junto al mismo Polanski) y representada en los escenarios de medio mundo. La cinta francesa, que cuenta con un elenco de lujo encabezado por Emmanuelle Seigner y Mathieu Amalric, es una fervorosa oda al feminismo, la irracionalidad del impulso y la condición humana, revestida con una fotografía onírica, un sonido de teatro y una única localización; el escenario de la vida.

La Venus de las pieles narra la historia de Thomas Novachek, un director encerrado en sí mismo y terriblemente exigente, que intenta adaptar, sin éxito, la novela de 1870 Venus in Fur escrita por el austríaco Leopold von Sacher-Masoch, a las tablas de un escenario parisino. Cuando Novacheck se dispone a marcharse tras un largo y pesado día de casting sin encontrar a su Vanda, aparece de entre la lluvia una última actriz. Se hace llamar Vanda, va vestida como una dominatrix de los años 50 y le exige al director, guión en mano, que le haga una prueba para el papel. Es entonces cuando se inicia un juego que se convertirá en un acto de seducción entre ambos personajes, que entran y salen del texto de Masoch con total sutileza y mano diestra. El elenco, formado únicamente por Seigner y Almalric, tan camaleónicos como imprevisibles, se adaptan a placer del director por todos los recovecos del teatro y nos brindan una interpretación contenida y melancólica. La Venus de las pieles es un discurso sobre la moralidad, la lujuria, el pecado, la tentación, la lucha de sexos y el feminismo. La cinta podría hablar de muchas otras cosas, pero decide centrarse en eso. Un feminismo de plástico recauchutado entre las estrechas medias de una Seigner que se crece en unos planos pausados y cortos, que muestran a la mujer como una femme fatale con los ovarios muy bien puestos. Que juega placer con el hombre y lo sodomiza. La eterna musa griega convertida en pecado, en tentación. La escultura no caduca de una belleza que traspasa la pantalla y al mismo Thomas Novacheck, interpretado por un Mathieu Amalric que recuerda, en momentos, al mismísimo Polanski.

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La cinta del director polaco es un experimento teatral filmado tras una cámara, muy bien colocada y que pasa con delicadeza por el juego sexual desatado entre dos personajes, entre la lucha de dos sexos, y que sirve de testigo a un público que se verá atrapado en una bocanada de emociones perfectamente orquestadas. Esto tiene como punto álgido el baile final de Seigner, entre sombras, ante un Novachek completamente sodomizado y condenado a sus propias pulsiones masculinas. La Venus de las pieles nos invita a reflexionar sobre las apariencias, el amor o el sexo como leitmotiv entre las personas y en definitiva, del mundo en general. Y el sadomasoquismo del que habla la obra queda en un segundo plano, aparcado bajo los afilados tacones de una Seigner que reivindica “el sexo débil” y ridiculiza a un hombre cegado por el placer. La película puede ser agitada en el aire como un folletín amarillo sobre lo importante de la integración de la mujer como un grito amargo del hombre subyugado, a ella le da igual. Porque a Polanski le interesa meternos en el teatro y mantenernos allí, reflexionando con él en la butaca sobre una única cosa; el ser humano es débil.

Además de una factura visual impecable y un cuidado sonido con clara intención de trascender más allá de la pantalla, la cinta de Polanski parece ser un discurso de él mismo hacia una sociedad que, tal y como cita Amalric, no comprende. Hay un trocito del director en cada película que firma, pero en La Venus de las pieles Polanski ha echado el resto. Desde la madera del escenario, el polaco disecciona la complejidad de un ser humano que, cuando termina la película, llegas a la conclusión de que no es tan extensa como aparentemente finge ser. Él como cualquier hombre, intenta ser feliz, pero es imposible. Siempre habrá algo que nos subraye nuestra debilidad; “Y el señor le castigó poniéndolo en manos de una mujer”.

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En definitiva, una más que recomendable experiencia para aquel espectador fanático del diálogo, la reflexión metafísica del existencialismo humano y el estudio de la sexualidad desde el punto de vista canónico y poético. Un clásico que, por mucho que pasen los años, sigue manteniéndose igual de innovador y vivo que desde el principio. Pero esta vez, con el clásico toque de Polanski. Por supuesto.

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Ficha Técnica:

Título original: La Vénus à la fourrure Director: Roman Polanski Guión: David Ives, Roman Polanski  Música: Alexandre Desplat  Fotografía: Pawel Edelman Reparto: Emmanuelle Seigner, Mathieu Amalric Distribuidora: Wanda  Fecha de estreno: 31/01/2014