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“Hermana, eso no. Hemos tenido que recurrir a los pobres de la calle, si ahora mandan ustedes a los del asilo a los entierros, las familias se quedarán sin pobres.”

Las películas de Navidad suelen ir acompañadas de un almíbar atípico el resto de año. De ahí que una amplia mayoría tachen con una cruz a todo título que lleve la etiqueta de “navideña” encima. Existe una animadversión a estas fechas por la hipocresía que representa poner buena cara en eventos y ante familiares que el resto del año ni vemos ni nos preocupamos y por toda ese fiebre consumista en lo que se ha convertido. Feliz Falsedad que lo llaman. Para todos ellos, y para los cinéfilos en general, existe “Plácido”.

Luis García Berlanga supo que tenía que hacer un film al respecto en cuanto escuchó la famosa campaña “Siente a un pobre a la mesa”. Él pensaba que la caridad cristiana de los más ricos no era más que una humillante forma de sentirse bien consigo mismo ideada por el régimen franquista. A Berlanga le entusiasmaba la idea de desenmascarar este tan, a priori, noble gesto pero no sabía cómo darle forma. Hasta que apareció Rafael Azcona. Ambos, junto con José Luis Colina y José Luis Font, construyeron esta magnífica sátira.

Plácido (Cassen) es un humilde trabajador que el día de Nochebuena tiene que pagar una letra de su motocarro. Ese mismo día tiene que conducir la cabalgata que patrocina el acoger a un desfavorecido para cenar, con lo que pagar a tiempo se irá convirtiendo en un problema cada vez mayor. Gabino Quintanilla (José Luis López Vázquez), encargado de la cabalgata, se preocupará de que todo salga bien para poder patrocinar sus ollas Cocinex, los pobres no le interesan a nadie.

La elección de Cassen no parecía la más adecuada para interpretar al protagonista. Berlanga se la jugó y salió victorioso. Cassen era un actor de gran popularidad gracias a la televisión muy relacionado con la comedia. Aquí le aporta un toque trágico y de agobio con quien es realmente fácil empatizar. López Vázquez toma el mando cuando Cassen no está en pantalla tirando de la historia de forma fantástica. El personaje de Amelia de la Torre es otro de los que hay que destacar. Su retrato de una señora adinerada de la época es impecable. En sus gestos, entonación o frases se encuentra esa falsedad e hipocresía que se quiere criticar. El resto de un extenso reparto reúne a muchas de las figuras del cine de la época. Manuel Alexandre, Agustín González, Amparo Soler Leal o Luis Ciges son algunos de ellos.

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El dúo Berlanga-Azcona siempre ha dado grandes títulos (El verdugo sin ir más lejos). Estamos ante su primera colaboración y si algo caracteriza a esta película es su ritmo frenético. Tanto que por momentos puede dar la impresión de ser algo caótico o sin un rumbo fijo. La cantidad de personajes que interactúan en cada escena y una cadencia imparable de guion no le dan ni un respiro al espectador. Pocos estratos sociales se quedan fuera: empresarios, burgueses, banqueros, notarios, artistas, religiosas, trabajadores y, por supuesto, pobres se dan vez en esta Nochebuena.

Podríamos definir el film como una comedia amarga. La carga de humor es indudable, hay grandes momentos y comentarios que nos arrancan una carcajada. Sin embargo, Berlanga siempre encuentra el hueco para la mordacidad. En esta ocasión, el realizar valenciano satiriza muchos de los valores y moralidad de la época. Utiliza el esperpento para cargar las tintas contra ciertas convenciones sociales bien arraigadas. Por ello, al final “Plácido” deja un amargor poco reconfortante, hecho que eleva aún más la película y dejando a poco espectadores indiferentes.

Comparte temas con Viridiana (curiosamente también de 1961), más de una escena nos hará viajar al film de Luis Buñuel. Desde esa falsa moral de los más pudientes, quien obran bien sólo por el qué dirán, a las pequeñas e inocentes venganzas de los más humildes. Afortunadamente, Plácido sí sortearía la censura de la época y se pudo estrenar con gran acogida por parte del público y la crítica. Hasta alcanzó la nominación al Oscar a la mejor película de habla no inglesa. Han pasado más de 50 años desde su estreno y no ha envejecido, sigue siendo una maravilla. Un Luis García Berlanga en estado de gracia y con un finísimo bisturí.

Crítica escrita por Belén Estrada