Hemos visto la dictadura militar de los años setenta en Argentina retratada muchas veces en el cine, la hemos visto desde el retorno a los fantasmas de ese pasado en La Historia Oficial (de un Luis Puenzo aquí ejerciendo como productor), la huída retratada en Kamchatka (que aquí también hace acto de presencia) o la tortura de Garage Olimpo. Pero lo que ofrece Infancia Clandestina es una visión bastante distinta y totalmente subjetiva, visto el conflicto a los ojos de un niño. Obligado a vivir en esa clandestinidad a la que hace referencia su protagonista, él, al contrario de lo que ocurría con el protagonista de La Vida es Bella, cinta con la que puede guardar alguna similitud, es suficientemente maduro para saber qué es lo que está ocurriendo, y tampoco sus padres tratan de ocultárselo. Pero en el fondo el protagonista no es más que un niño, y no puede evitar ver todo aquello que le rodea como un pequeño juego, mientras que como cualquier niño de su edad tiene la necesidad de descubrir el mundo que le rodea, como un niño más, aunque tenga que vivir una vida de mentira con nombres y cumpleaños falsos.

La película nos sitúa en el año 1979. Tras un tiroteo los padres de Juan decidieron escapar de Argentina, varios años después, y habiendo recorrido toda Sudamérica, deciden volver a Argentina a continuar con la lucha. Juan ya no es el niño que miraba con miedo a sus padres tendidos en suelo sangrando, ahora tiene doce años. A su vuelta a la Argentina, adquirirá otra identidad y se irá a vivir junto a sus padres y su tío Beto. Mientras que ellos preparan su golpe contra el estado militar, Juan, ahora llamado Ernesto, emprenderá su propia aventura en el colegio. Intentando compaginar esas dos facetas, la vida de Juan se convierte en un pequeño caos -enorme el momento del incidente de la bandera en el colegio, dónde demuestra como la ideología para un niño se escapa de toda compresión y se debe simplemente a los comentarios escuchados. Pero también, a sus doce años tendrá sus primeras fiestas, aunque sea por su falso cumpleaños, se irá de campamento, dónde cada pequeño detalle toma una importancia enorme como ese maravilloso coche destrozado que hace de confesor. Pero sobre todo descubrirá un primer amor, un primer amor tierno y totalmente idealizado, dónde no hay otros ojos que los que van hacia la persona amada. Una relación que en cierta forma guarda muchas similitudes por la narrada por Wes Anderson en Moonrise Kingdom.

Es admirable la forma de la que Benjamín Ávila narra su historia, sin perder en ningún momento la perspectiva, siguiendo siempre los ojos de ese niño. Así aparece la idealización, no hacia sus padres, si no a la importante figura que ejerce sobre él su tío Beto, interpretado magistralmente por un fantástico Ernesto Alterio. Ejerciendo también en cierta forma como una figura paternal solida ante la desestructura familiar en la que vive, y el duro carácter de su padre, para el que no existe nada más allá de la lucha. La preocupación, por una situación que trata de entender, pero que es incapaz de comprender del todo, pasan como actos normales cosas como armar una granada. Vive en un estado de violencia y de miedo, pero lo hace de forma casi inconsciente. Se refugia en un pequeño armario cuando hay problemas, y en una albricia estética, Ávila narra la violencia como si fuera un cómic. No deja de ser un refugio del pequeño hacía el dolor, expulsándolo, haciéndolo irreal. Intentando tapar esos oscuros puntos de su vida de los que no puede escapar, por qué aunque desee huir de todo ese mundo que le ha sido impuesto, llegando a límites de una forzada adoración hacia el Che, él es incapaz de dejar de ser nunca un niño.

Benjamín Ávila firma una muy interesante opera prima, un acercamiento a una situación que sí, que ya hemos visto en numerosas ocasiones en la historia reciente del cine argentino. Pero desde una perspectiva totalmente enternecedora, casi como si nos contara un cuento, buscando la poca inocencia que puede quedar en medio de una guerra, hablando de una infancia que se ve lastrada por una situación política en la que no existen buenos ni malos, si no personajes egoístas incapaces de comprender las necesidades de un niño. Y es que al final, la guerra y la violencia nos pasa factura a todos, dando igual edad o el mundo en el que queramos imaginar que vivimos.

Título Original: Infancia Clandestina Director: Benjamín Ávila Guión: Benjamín Ávila, Marcelo Müller Música: Marta Roca Alonso, Pedro Onetto Fotografía: Iván Gierasinchuk Interpretes: Natalia Oreiro, Ernesto Alterio, César Troncoso, Cristina Banegas, Teo Gutiérrez Moreno, Violeta Palukas Distribuidora: Wanda Visión Fecha de Estreno: 21/12/2012