Serán inevitables las comparaciones entre Grupo 7 y No habrá paz para los malvados, por la cercanía de ambas películas y por las escasas propuestas de cine policiaco que hay en nuestro cine pero no se dejen engañar por que las similitudes entre ambas películas terminan ahí. Grupo 7 es una película policiaca muy entretenida y frenética, llena de acción y que seguro que gustará a todos los que echaban de menos algo más de testosterona en la película de Urbizu, pero aquí estamos lejos de encontrarnos a un personaje para seguir que sea tan interesante como lo era Santos Trinidad y ni mucho menos contamos con un guión tan sólido y energético como esa retorcida historia que bebía directamente del cine negro más clásico que tenía la película de Urbizu.

El Grupo 7 es un grupo policiaco de Sevilla que en pleno año 1987 tienen cinco años para limpiar las calles de drogas antes de que se celebre la Expo 92. El plantear una trama a tan largo tiempo trae más dolores de cabeza que beneficios a Alberto Rodríguez a la hora de exponer la historia y es que es incapaz de transmitir al espectador la sensación del transcurrir de los años por mucho que se indique el año en el que se está y se tire de imágenes de archivo, no hay una sensación evolutiva en unos personajes bastante planos y que no tienen mucho que decir, ni siquiera los protagonistas con todos sus problemas internos, dolores familiares a causa del trabajo y las drogas, llegan a resultar realmente interesantes, se quedan en meros clichés que apenas terminan por desarrollarse. Por descontado esto solamente ocurre con los dos protagonistas (Antonio de la Torre y Mario Casas), ya que los secundarios, incluidos los otros dos miembros del Grupo 7, son personajes carentes de cualquier tipo de alma, poco lucimiento para una Inma Cuesta que apenas tiene oportunidad de desarrollar cualquier tipo de conflicto, o para esos otros dos policias que sacados de las calles parecen meros figurantes. También el hecho de plantear una trama a tan largo plazo conlleva a que se pierdan por el camino muchas tramas que quedan sin resolución mientras que otras se alargan en exceso rozando en ocasiones la inverosimilitud. No cabe duda que la idea era buena, pero quizá hubiera sido bastante mejor desarrollar la idea en un espacio menor de tiempo.

Pero pese a todos los problemas que trae consigo la larga ubicación temporal y de contar con poco fondo de armario de cara a desarrollar la historia más allá de las peripecias que ocurren en las calles sevillanas, todo se solventa a la perfección gracias a su impecable tono policiaco, algo que llega desde una vibrante y rápida escena inicial, y que acaba por resultar tan entretenido que hace que nos olvidemos por completo del resto de los errores. Todo el policial está llevado impecablemente, con una trama bien sencilla y fácil de seguir que en ningún momento busca irse por las ramas, y con personajes que interpretan un rol perfectamente asignado y llevan a rajatabla en cada misión, toda la potencia de la película deriva de las escenas de acción, incluyendo las de mayor carga dramática, es en la calle en la única parte dónde la historia consigue funcionar. También la beneficia mucho el tono quinqui y algo canalla que Rodríguez ya imprimió sobre 7 vírgenes, algo que aquí repite, sin la crudeza que tenían películas como las de Eloy de la Iglesia, pero siendo un importante referente todo aquel cine español de los 80.

Quizá si se hubiera conseguido dibujar mejor a sus dos protagonistas y conseguir un verdadero enfrentamiento entre ellos que salpicase la pantalla, algo dónde la película falla completamente, dando la sensación en todo momento de que se encuentra al borde de conseguirlo pero sin que nunca nos lleguemos a dar cuenta de si por fin se ha ejecutado, la película habría ganado enteros. No ayuda tampoco la interpretación de un Mario Casas, falto de todo tipo de carisma, haciendo lo que buenamente puede pero aún así recitando las frases como quien lee un telepronter y que se ve completamente ninguneado al lado de un portento de la interpretación como Antonio de la Torre. Aunque al final el que acaba destacando por encima de todos sus protagonistas es un soberbio Julián Villagrán, omnipresente en la cartelera actual a la que ha llegado como un autentico vendaval.

No hay que negarle los buenos propósitos a una película como Grupo 7, es cierto que forma de ese grupo español tan amplio que está en continua reinvención y tocando géneros que hasta ahora no se habían tocado ampliamente en nuestro cine y que pese a todas sus pegas estamos ante una propuesta que ofrece un innegable entretenimiento, ágil y con una trama que no se pierde demasiado facilitándole al espectador la oportunidad de seguirla sin ningún esfuerzo e incluso dándole la oportunidad de reengancharse rápidamente si llega la conexión. Pero no es suficiente, le falta demasiada solidez y elaboración para llegar a tener ese sabor de pata negra que si tenían otros thrillers recientes como No habrá paz para los malvados o Celda 211, lo que ofrece Grupo 7 por supuesto que nos gusta, pero sentimos que es demasiado poco.

Título Original: Grupo 7 Director: Alberto Rodríguez Guión: Alberto Rodríguez y Rafael Cobos Música: Julio de la Rosa Fotografía: Alex Catalán Interpretes: Mario Casas, Antonio de la Torre, Inma Cuesta, José Manuel Poga, Diana Lázaro, Julián Villagrán, Joaquín Núñez Distribuidora: Warner Fecha de Estreno: 04/04/2012