La comedia gamberra está de moda, nos lo han demostrado películas recientes como Rumores y mentiras o Friends with Benefits. Con Bad Teacher el atrevimiento y el descaro se ha llevado un paso más allá, el filme deja en evidencia el sistema educativo americano con una profesora que se emporra y bebe alcohol en clase con total indeferencia ante sus alumnos. Bad Teacher se estrenó en fechas veraniegas con el único objetivo de hacer pasar el rato al público, sin que éste tuviera que comerse la cabeza por nada, y eso al menos se consigue (por poco). La película de Jake Kasdan partía de una premisa manida pero logró hacerse notar en todo el mundo por su guión deslenguado y por una provocativa Cameron Díaz que jamás hubiéramos imaginado. El resultado es cuanto menos cuestionable pero al menos se consigue amenizar la tarde de cualquier espectador que tenga unas expectativas mínimas sobre ella.

La carrera de Kasdan ha estado plagada de altibajos desde que estrenó en 1998 El efecto Zero con Bill Pullman y Ben Stiller, alcanzó la gloria en televisión con la mítica Freaks and Geeks (1999) pero desde entonces no ha hecho nada que sea digno de mención. Bad Teacher no es el triunfal regreso que algunos esperaban (ilusos los que lo hicieran), es más, es lo más flojo que ha hecho nunca. Pero sólo por ver a Jason Segel (aka Marshall Eriksen de HIMYM) ya vale la pena su visionado.

Bad Teacher cuenta la historia de Elizabeth (Cameron Díaz), una profesora despiadada, grosera, malhablada y absolutamente irresponsable: bebe, se coloca y sólo piensa en encontrar un buen partido para poder dejar de trabajar. Cuando su prometido la deja, pone en marcha un plan para conquistar a un rico y guapo profesor (Justin Timberlake); pero, para ello, tendrá que competir con la modélica Amy (Lucy Punch), una profesora hiperactiva y llena de energía. Al mismo tiempo, un sarcástico e irreverente profesor de gimnasia (Jason Segel) no para de tirarle los tejos. Sus desvergonzadas y escandalosas argucias transmitirán a sus alumnos y colegas una educación anticonvencional, ya que “lo que ella enseña, no está en los libros”.

Aunque parezca mentira el principal defecto de Bad Teacher no es que el final se intuye a kilómetros desde el primer minuto, es peor el hecho de que no existe química alguna entre ninguno de sus protagonistas y por lo tanto la parte interpretativa sale a flote gracias a secuencias individuales que rompen esquemas, como la Cameron Díaz clásica (con peluca ochentena incluida) que se juega el tipo para conseguir las respuestas de un examen estatal. Y el problema no queda ahí, cuesta mucho sentir empatía por un personaje tan odioso como la profesora que encarna Díaz, que primero guarrea en un car-wash y luego intenta enseñar a base de balonazos las claves de Matar a un ruiseñor. La culpa no es de los actores, Justin Timberlake no tiene la culpa de desencajar en ese papel de insulso que le ha tocado, ellos hacen lo que el guión dice, y es ahí precisamente donde radica la gravedad del filme. Los actores pueden ser buenos (que lo son) pero la historia no da para más, Bad Teacher es un producto excesivo y olvidable que se pasa de moderna y llega a molestar en muchos momentos. A pesar de todo se saca de la manga momentos cómicos bastante acertados que consiguen lo que apuntaba al principio, distraer al espectador adolescente que quiera desconectar.

En definitiva, Bad Teacher es una comedia previsible y vulgar que satisfará a aquellos que no quieran más que una buena dosis de rebeldía fantasiosa. Señorita Díaz, otra vez será.