Destino Final fue la última película slasher en coger el testigo a los Jason, Michael Myers o Freddie Krugger que año tras año poblaban la cartelera durante toda la década de los ochenta. En los noventa, llegaron los últimos resquicios: sagas como Scream, Sé lo que hicisteis el último verano, Leyenda Urbana o ésta, que intentaron reanimar sin demasiado éxito, a un género que ya empezaba a mostrar graves señales de agotamiento.

A día de hoy, Destino Final, con permiso de la acertada resurrección de Scream y los innecesarios remakes de las que auparon al género, es la última superviviente de esa oleada de finales de los noventa, la única que durante estos últimos años ha conseguido sobrevivir en las carteleras. No es para menos, pues la primera entrega consiguió darle una vuelta de tuerca al género, suprimiendo al asesino enmascarado, por un concepto mucho más amplio y terrorífico: la propia muerte.

Con tantas entregas a la espalda era lógico que la saga presentase síntomas de cansancio, síntomas que empezaron a aparecer levemente en la tercera entrega y se hicieron evidentes en la cuarta. Quizá por eso sorprenda aún más lo terriblemente sana que parece esta entrega, de la que sería difícil decir que lleva ya cuatro entregas a sus espaldas si no fuera por el número 5 que hay en el título.

Por supuesto que no deja de ser más de lo mismo, a estas alturas no es momento para cambiar lo que ya sabemos que funciona. Tras la premonición inicial, llega una sucesión de muertes de lo más rocambolescas, pero en esta ocasión no se limita únicamente a eso y es capaz de ofrecernos, a estas alturas que creemos que todo está inventado, un par de ideas nuevas que dan ese frescor necesario a la película.

La escena del puente, con la que arranca la película, es sensacional, coreografiada a la perfección, y realizada con una gran precisión. No se limita simplemente a la espectacularidad con la que ya nos acostumbraron en las anteriores, incluso ya desde aquí, cada una de las muertes derrocha una gran inventiva, además esta tan bien llevada, que el espectador, no solo la puede seguir a la perfección sin perderse nada, sino que por primera vez es capaz de recordar a la perfección el orden de cada una de las muertes. Por supuesto ya desde el principio destila sentido del humor y las carcajadas de suceden al ritmo de las muertes, y esto no es más que una seña de lo que claramente luego será el devenir de la película.

Y es que Quale, debutante tras las cámaras, demuestra un exacerbado sentido del humor, y aunque es cierto que la saga nunca se ha tomado demasiado en serio a sí misma, tampoco se había reído tanto de lo que ofrecía como ocurre en esta ocasión, en la que se ofrece un sinfín de guiños y homenajes al resto de la saga.

Si a este sentido del humor, le sumamos el exquisito gusto por la sangre y lo macabro que demuestra el debutante realizador, el resultado son algunas de las muertes más divertidas y originales en lo que va de saga, como las increíbles escenas del gimnasio o la visita al oculista.

Y cuando ya parecía que con lo que nos habían ofrecido estábamos más que de sobra satisfechos, se atreven a meter un grandioso giro final, que resulta totalmente inesperado y que regala a los seguidores de la saga uno de los momentos más memorables de las cinco entregas.

Queda claro que es una película que no engaña a nadie, pero si es capaz de ofrecer mucho más de lo que a priori parecer ofrecer. Quale consigue realizar una enérgica revitalización de la saga que resulta sorprendentemente fresca. Una película que sin duda no defraudará a los fans de la saga. 

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