La Odisea de Homero siempre ha sido el referente absoluto de la narrativa occidental, el pilar sobre el que se asienta el «camino del héroe» y una constante en la cultura pop. Ha recibido innumerables adaptaciones: desde traslaciones fidedignas e historias contemporáneas, hasta versiones de ciencia ficción e incluso parodias televisivas al estilo de Los Simpson. En esta ocasión, y tras cosechar un éxito incontestable en los Óscar con Oppenheimer, Christopher Nolan se atreve con el mito griego basándose en la traducción de Emily Wilson, una decisión que no ha estado exenta de polémica.
Y es que el proyecto ha estado rodeado de ruido mediático desde el principio. Al uso de una traducción más moderna y con matices contemporáneos, se sumó un casting que encendió los debates en redes: la elección de Lupita Nyong’o como Elena de Troya, Zendaya como Atenea, o los rumores en torno a Elliot Page (que finalmente interpreta a otro miembro de la tripulación). Para muchos puristas, estos cambios estructurales supusieron un motivo suficiente para dar la espalda a la película antes de su estreno.

Sin embargo, considero que se trata de una polémica desproporcionada que no condiciona en absoluto el resultado final, ya que estos personajes apenas cuentan con cinco minutos en pantalla. Aquí encontramos a un Nolan que —sin ser santo de mi devoción, pues sigo prefiriendo su vertiente más onírica en Memento, Origen o El truco final— lleva el texto homérico a su terreno para edificar una superproducción apabullante, digna de heredar la escala de Ben-Hur o Lawrence de Arabia, pero sin sacrificar ese realismo obsesivo que ya llevó al extremo en su trilogía de Batman.
El gran acierto del director es aportar a la historia de Odiseo una profunda capa antibelicista. Nolan pone el foco en el trastorno de estrés postraumático del protagonista durante su viaje de regreso, reflexionando sobre cómo la guerra despoja al hombre de su humanidad a través de la ira y la furia, convirtiéndolo en un ser irreconocible. Así, la travesía de Odiseo y sus hombres tras el castigo divino se transforma en un descenso a los infiernos de la culpa y el remordimiento; un trayecto donde sanar la psique es el único requisito para poder volver a casa siendo el mismo de antes.

Esta lectura psicológica funciona de maravilla en pantalla gracias a la renuncia del CGI en favor de los efectos prácticos de la vieja escuela. La acción es tan violenta, extrema y frenética que por momentos evoca a un John Wick en la Antigua Grecia. Todo ello se ve potenciado por la partitura de Ludwig Göransson, que genera instantes de una tensión asfixiante que rozan el terror puro. De hecho, la estética de ciertos pasajes remite directamente al tenebrismo de Goya; la secuencia de Polifemo, en particular, se siente como una perturbadora recreación en movimiento de Saturno devorando a un hijo.
En lo cinematográfico, Nolan vuelve a rodearse de un reparto estelar con rostros habituales de su filmografía. Matt Damon capitanea la cinta en uno de los mejores papeles de su carrera, respaldado por una notable transformación física para dar vida al torturado Odiseo. Anne Hathaway brilla con luz propia como Penélope, logrando transmitir una vulnerabilidad frustrante y paciente en su larga espera, mientras que Robert Pattinson compone un antagonista maquiavélico y soberbio, a la altura del cómodo sadismo del Joaquin Phoenix de Gladiator. Por su parte, Tom Holland cumple con creces como Telémaco sin llegar a eclipsar, y en el plano de los secundarios urge destacar a John Leguizamo y Samantha Morton, quienes dotan a sus personajes de unos matices tan ricos que bien merecerían una consideración en la temporada de premios.

La cinta, por supuesto, no es perfecta. Su ritmo decae en un primer tercio que se percibe algo farragoso hasta que la trama finalmente despega. Además, la espectacularidad visual puede pecar en ocasiones de un dinamismo excesivo que recuerda a las dinámicas de un videojuego, lo que provoca que pasajes cruciales del poema original se pasen muy de puntillas. Se echa en falta una mayor profundidad en momentos icónicos que otras adaptaciones sí supieron exprimir, como el célebre juego de palabras con el «Nadie» durante el encuentro con el Cíclope.
A pesar de estos baches, La Odisea se corona como la obra más madura y ambiciosa de Christopher Nolan, un largometraje donde converge toda su identidad cinematográfica para abrazar un mito clásico. Es una propuesta tan épica como el texto en el que se inspira. Y para los escépticos que aún duden de su valor, siempre quedará volver a la notable Ulises (Mario Camerini, 1954), donde un inmenso Kirk Douglas nos demostró que el viaje de Odiseo, incluso más de siete décadas después, sigue estando plenamente vigente.
Título original: The Odyssey Director: Christopher Nolan Guión: Christopher Nolan Fotografía: Hoyte van Hoytema Música: Ludwig Göransson Reparto: Matt Damon, Tom Holland, Anne Hathaway, Zendaya, Lupita Nyong’o, Robert Pattinson, Charlize Theron, Jon Bernthal, Benny Safdie, John Leguizamo, Elliot Page, Himesh Patel, Bill Irwin, Samantha Morton, Jesse Garcia, Will Yun Lee, Rafi Gavron, Shiloh Fernandez, Mia Goth, Corey Hawkins Distribuidora: Universal Pictures Fecha de estreno: 17/07/2026

