El género de terror tiene tantas formas de redefinirse que prácticamente hay en su haber más subgéneros que géneros propiamente dichos. Antológicamente las películas de miedo han atacado a las diferentes fobias y terrores más comunes para trasladarlas al cine en forma de pesadillas con las que conectar en mayor o menor medida, pero si existe un subgénero que ha cosechado miles de títulos y créditos  ese es el de los monstruos marinos. Desde la aparición de Tiburón (Steven Spielberg, 1975), ejemplo perfecto de un buen blockbuster veraniego de terror, el cine no ha parado de tratar de darle una vuelta de tuerca al concepto sin conseguir en la mayoría de casos ningún éxito.

Un sin fin de descalabros y secuelas no oficiales del tiburón de Spielberg después, aparecieron títulos disfrutables y con esencia serie B tales como Anaconda (Luis Llosa, 1997), Deep Blue Sea (Renny Harlin, 1999) o la muy irregular Mandíbulas (Steve Miner, 1999). Ésta última, es el ejemplo perfecto de fallido intento de emular el terror del gran tiburón blanco y que ha servido al director francés Alexandre Aja para regresar al género que le vio nacer y filmar lo que se puede entender como una nueva versión de Mandíbulas, que devuelve la dignidad a la premisa de “película con cocodrilos”.

Alexandre Aja, quien despuntó internacionalmente con la salvaje Alta tensión (2003), se convirtió en el hijo adoptivo de Hollywood y de varios proyectos en los que fue claramente “prostituido”, sólo filmó una excelente película de terror: Las colinas tienen ojos (2006). Remake del título de culto del maestro del terror Wes Craven, quien no tuvo miramientos en reconocer que esta nueva versión era incluso mejor que la suya. Este perfecto film de terror que supuso un festival malrollero gore para el espectador, fue el último y único título con calidad que Aja hizo durante su etapa norteamericana, hasta que Dios y el productor Sam Raimi (que vienen a ser la misma persona) se han interpuesto en su camino para ofrecerle un bombón: una película de cocodrilos asesinos en medio de un huracán de categoría 5 ¿Qué podía salir mal aquí? pues nada, porque afortunadamente Infierno bajo el agua es la película de cocodrilos que nos merecíamos.

La joven Kaya Scodelario interpreta a una aventajada nadadora profesional que se ve  inmersa en una operación imposible para rescatar a su padre de los coletazos de un huracán, que ha sumergido la casa familiar en literalmente un criadero de cocodrilos. Premisa que Aja exprime al máximo para dar una vuelta de tuerca más al clásico juego del gato y el ratón, que atrapa al espectador en una espiral de extrema agonía. Infierno bajo el agua es lo que es, sin más y por eso precisamente funciona, porque sabe en todo momento que dar a su público para mantenerlo pegado a la butaca sin hacer decaer el ritmo en ningún momento. Supone el regreso de Aja a un género en el que se le nota que disfruta tanto como un niño pequeño con un juguete nuevo y esa sensación de alegría que supone “su regreso a casa”, es compartida con el mismo entusiasmo por un espectador que le echaba mucho de menos.

Siguiendo la misma estela de la disfrutable Infierno azul (Jaume Collet-Serra, 2016) el protagonismo absoluto de la cinta recae en una mujer fuerte que no se doblega ante la adversidad y planta cara a su enemigo (enemigos en plural, en este caso) y lucha cara a cara contra la muerte. Infierno bajo el agua (Crawl) no ha inventado nada, tampoco lo pretende, es simplemente un correcto ejercicio de terror veraniego de esos que cuando se hacen bien resultan la excusa perfecta para acudir en masa a una sala de cine durante las vacaciones. Ojalá esta película signifique el regreso definitivo de Alexandre Aja al terror de calidad y no una joya única en un largo camino de piedras.

.Título original: Crawl Director: Alexandre Aja Guión: Michael Rasmussen, Shawn Rasmussen  Música: Max Aruj, Steffen Thum  Fotografía: Maxime Alexandre Reparto: Kaya Scodelario, Barry Pepper, Morfydd Clark, Ross Anderson, George Somner,Anson Boon, Ami Metcalf, Annamaria Serda, Colin McFarlane Distribuidora: Paramount Pictures