Parece que de forma sistemática cada cierto número de años saliese la que es considerada por la crítica cinematográfica como “la comedia de una generación”. Desde que en 1985 el icónico John Hughes firmará y dirigiese El club de los cinco, se estableció un canon a seguir que sentaría las bases del prototipo de la comedia generacional de toda una década. En los ‘80s hubo no una película denominada como tal, sino al menos tres, y todas con un guión firmado por el propio Hughes (Todo en un día, 1986 y La chica de rosa,1986), un relevo que ahora es llevado bajo la inteligente y femenina mirada de Olivia Wilde, quien con Súper empollonas se marca el debut más refrescante, interesante y personal de los últimos años.

A las comedias generacionales marca de la casa de Hughes le siguieron Clueless (Fuera de onda, Amy Heckerling, 1995), Ghost World (Terry Zwigoff, 2001), Juno (Jason Reitman, 2007), 500 Días juntos (Marc Webb, 2009) y la casi reciente Las ventajas de ser un marginado (Stephen Chbosky, 2012), todas ellas justas testigos del paso del tiempo y de las consecuencias de aquello que se conoció como la edad del pavo y por la que todos hemos pasado con o menor o mayor suerte. Algo que tienen en común todas estas películas y las de los ‘80s (además de lo obvio) es que nunca pretendieron ser generacionales porque sí, fueron más que otra cosa la manifestación de emociones de personas autodenominadas como frikies o fuera del sistema. Incluso la ya icónica Cher de Clueless, a la que daba vida Alicia Silverstone, se veía a sí misma como alguien que estaba dentro del sistema, pero con inquietudes propias de alguien que no acaba de encontrar su lugar en el mundo y que en un momento dado sentía la necesidad de huir de capitalismo como salvamento para su alma y camino para la autocorrección hacía la madurez. Es con esta cinta con la que aparentemente más puntos en común encuentra Súper empollonas, una afilada visión femenina de esas adolescentes que o no encajan o bien no quieren encajar en el rol que su generación les ha determinado, erigiéndose como unas superheroínas antisistema que reescribirían el legado de una nueva nueva generación.

Súper empollonas funciona al cien por cien precisamente porque no pretende ser lo que es, una comedia generacional auténtica y sin ningún tipo de artificios típicos de este subgénero de películas. Su directora Olivia Wilde acierta en todo a la hora de retratar mediante sus dos protagonistas Kaitlyn Dever y Beanie Feldstein, los miedos y estrés propios de unas adolescentes norteamericanas medias que sienten la presión social de un sistema educativo que te lo exige todo, para luego darte nada o como poco lo mismo que está al alcance de cualquier otro estudiante mediocre rico o con habilidades para el deporte. Un inteligentísimo análisis antisistema que el guión de Emily Halpern, Sarah Haskins y Katie Silberman construyen de portentosa manera. La comedia aquí está en todo, en las agudas líneas de guión, en sus dos carismáticas protagonistas y en una brillante dirección que logra captar todas y cada una de las emociones vividas por estas chicas a través del emocionante y trágico viaje en montaña rusa que supone el salto del instituto a la universidad para la sociedad norteamericana.

Las necesidades económicas, las expectativas parentales, el tardío despertar sexual y la presión del sistema están maravillosamente bien representadas gracias a su sensacional dúo protagonista, que por fin ponen cara y palabras a ese cúmulo de emociones a menudo indescriptibles, por el que en mayor o menor medida, todos nos hemos visto, en ese decisivo momento de nuestras vidas en el que tuvimos que escoger qué y quién queríamos ser el día de mañana. Súper empollonas es tan divertida y sugestiva como inteligente y su refrescante y desenfadado montaje hacen de ella una delicia disfrutable a cualquier edad. Muy mal tienen que darse las cosas para que su guión no esté como contendiente a batir en la próxima carrera de premios. Una carrera en la que no sería de extrañar ver el nombre de Olivia Wilde y Kaitlyn Dever como mejor directora y actriz principal a tener en cuenta como mínimo en círculos de premios de cine independiente.

Nota aparte requiere la brillante escena animada en la que sus protagonistas se ven como una representación viva de unas muñecas Barbie, que automáticamente colocan a la película en lo mejor del cine de este año y en la que es probablemente la mejor y más brillante representación crítica que he visto en el cine en muchos años.

Título original: Booksmart Director: Olivia Wilde Guión: Emily Halpern, Sarah Haskins, Katie Silberman Música: Dan Nakamura Fotografía: Jason McCormick Reparto: Kaitlyn Dever, Beanie Feldstein, Lisa Kudrow, Jason Sudeikis, Jessica Williams,Will Forte, Mike O’Brien, Molly Gordon, Billie Lourd, Skyler Gisondo, Noah Galvin Distribuidora: eOne Films