Tercera y cuarta jornada del Festival de Cine Europeo de Sevilla que nos deja con una división de sentimientos encontrados. Películas interesantes, que funcionan con buen resultado, y películas aberrantes, que consiguen llevar el hastío al espectador.

Sicilian Ghost Story

En un pequeño pueblo siciliano, Giuseppe, un chico de 13 años, desaparece. Luna, una compañera de clase que le quiere, se niega a aceptar su desaparición.

Así da comienzo la que, probablemente, es una de las fábulas más bellas e inevitablemente dramáticas que el cine ha dado en los últimos tiempos.

 Sicilian Ghost Story es un viaje a la infancia y al fin de la misma, a esa vigilia de la naturaleza que existen en el inicio de la adolescencia, en la que no dejamos de lado el idealismo de los primeros años de nuestra vida y jamás querremos aceptar los límites que los adultos se imponen y, por ende, nos quieren imponer a nosotros. Esa etapa que en la que los sueños se convierten en nuestro mejor amigo y las ilusiones en el motor del día a día.

Luna y Giuseppe son el recuerdo del primer amor que todos hemos tenido. Aquél que siempre soñamos con que fuese eterno, a nuestra escala y medida. Uno en el que la esperanza y la pasión furtiva hacen que podamos escapar del mundo y de lo que ocurre en él. Ese mundo habitado por quien pretende cortar alas, en vez de impulsar a alzar el vuelo. Ese mundo en el que los adultos interfieren en las más bellas historias por motivos que jamás podremos comprender. Porque, por desgracia, a veces, hasta las más bellas historias poseen una parte dramática. Y aquí también ocurre.

Impulsada por la magnífica fotografía del genio Luca Bigazzi, ésta fábula nos invita a catalizar la nostalgia y tener que compenetrar la belleza con la dura realidad. Y he aquí la grandeza de la película: un eterno y maravilloso equilibrio entre dos partes irreconciliables, pero por desgracia ciertas y, en este caso, con relación directa. Y ojalá llegue el día en el que Luna y Giuseppe puedan escapar juntos y poder cuestionarnos a través de ellos todos los principios que tenemos hoy en día.

Una de las mejores películas del año.

Corazón puro

Presentando la historia de dos jóvenes con universos e historias radicalmente diferentes Corazón Puro es un ensayo que intenta conciliar vidas totalmente imposibles.

Stefano es un joven con un pasado turbio. Y Agnese una chica envuelta en el manto proteccionista del radicalismo religioso más extremo. Conociéndose por casualidad, ambos irán descubriéndose mutuamente.

Bajo una premisa tan compleja es de valorar el intento de entrelazar las historias e intentar que el conjunto de la cinta funcione, pero se pierde en el mismo, con un montaje confuso y ambiguo que persigue desarrollar las historias de ambos personajes en pro de justificar la relación entre ambos y encontrar una simbiosis lógica entre las mismas.

El problema principal es la falta de profundidad en la relación que se crea entre ambos personajes. Quizá las historias habrían funcionado de una mejor forma por separado, pues tratan temas sociales de interés general y actual, pero el conjunto no funciona a pesar de la intención de hacerlo.

Ramiro

La nueva película de Manuel Mozos nos traslada a las profundidades del Portugal actual, siguiendo la historia de Ramiro Ortigao, un escritor atormentado y falto de inspiración que dirige una librearía de segunda mano en la que pasa sus días en la más profunda inercia anhelando y cuestionándose el porqué de todo lo que le rodea.

Una cinta amable, pero que exige empatizar con el protagonista y entrar en su prisma existencialista para poder disfrutar realmente de ella. Ramiro representa la figura clásica del escritor que vive en la constante tragedia, falto de madurez y harto de narcisismo que mira por encima del hombro al resto de sus semejantes.

Posee secuencias realmente divertidas y buenos momentos narrativos, pero se echa en falta una mayor profundidad en el propio personaje, lo que dotaría a la cinta de una mayor personalidad y se convertiría en un perfecto estudio de la crisis por falta de inspiración en la edad adulta.

Zama

El nuevo trabajo de la directora argentina Lucrecia Martel nos traslada al siglo XVII para seguir la historia de Don Diego de Zama, un oficial español asentado en Asunción que espera su traslado a Buenos Aires.

En los oscuros tiempos del colonialismo e imperialismo de los pasados siglos, Zama retrata la figura del héroe cansado. Del hombre leal que da todo a cambio de nada y que únicamente posee deseos fruto de la nostalgia, del paso del tiempo y de la melancolía más profunda. Un hombre que únicamente desea volver a su hogar para reunirse con su familia, pero que se verá obligado a una eterna espera con un gran coste emocional para el mismo.

La película consiste en un análisis de las esperas a través del tiempo. De la interactuación de los personajes con el elemento protagonista y de la evolución del mismo a través del paso de los días y el desgaste de la esperanza como único elemento que le mantiene firme en sus creencias.

Aún así Zama se pierde en un profundo ir y venir de situaciones inverosímiles y de un metraje que se hace altamente cargante, reiterando las mismas situaciones a lo largo del mismo y sin ningún elemento que dote de un ritmo necesario a la película para profundizar en el desarrollo de lo citado anteriormente.

Milla

Premio especial del jurado en el festival de Locarno, Milla da nombre a una chica de 17 años que convive con su novio, Leo. Y a un mundo en el que ambos dos pretenden escapar de los convencionalismos y cánones establecidos, buscando romper con los mismos y experimentar el desarrollo de su propia vida de la manera que ellos querrían.

La cinta promueve un estudio sobre la juventud y las ansias de libertad e independencia de la misma, enfrentado a los personajes a una poco convencional convivencia y a un día a día cargado de las mismas situaciones, secuencia a secuencia.

Una vez más nos encontramos ante un caso de falta de profundidad en la trama principal. Si bien los personajes poseen un correcto desarrollo (especialmente la chica protagonista), se denota una falta de apuesta en el centro de la trama, quizá debido a un guion que intenta alcanzar y poseer una fluidez autoimpuesta pero que, al dejarse llevar por el mismo no permite entrar en una mejor exploración de como los protagonistas enfocan su propia forma de vida.

A ciambra

Siguiendo la historia de Pio, un joven de etnia gitana que sobrevive en los bajos fondos de un poblado marginal, asistimos a una confusa mezcla de cine social con tintes de cine dramático con la mafia como catalizador principal del mismo.

Pio representa al perfil de adolescente que ejemplifica el éxito en la vida a través de la ilegalidad, el dinero fácil y el temor de los demás hacia él como muestra de respeto. Seguimos sus primeros pasos y caricias hacia la delincuencia, buscando hacerse un hueco entre el resto de criminales que le rodean, deseando firmemente la aprobación tanto por parte de su familia como de estos otros.

La parte social de la cinta busca acercar e intentar explicar (que no justificar) los porqués de la delincuencia en la juventud marginada. Como la sociedad desea apartarlos y el miedo por parte de los mismos hacia ella que se cataliza, de forma subconsciente en una rebelión que conlleva al crimen como castigo a esta y como única forma de sobrevivir ante una realidad tajante. La parte dramática busca dar un enfoque sobre el día a día en éste sentido, sobre lo turbio y oscuro de una vida como ésta, llenando el metraje de momentos de tensión y desasosiego.

Siendo un cliché de proporciones épicas como es el eje principal de la cinta, se ansía una atmósfera diferente, un tono menos ambiguo y un desarrollo con menos linealidad, ya que es inevitable la sensación de haber visto en demasiadas ocasiones una historia parecida. Lo cual se traduce, a fin de cuentas, en algo de lo que el espectador ya está cansado.