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En la quinta y sexta jornada del Festival de Cannes, dos directores han enamorado a todos los críticos presentes en el Festival como son Jim Jarmusch con Paterson y Jeff Nichols con Loving.

Paterson, pelicula sobre un conductor de autobuses que vive de forma rutinaria como despetarse a la misma hora, ir al bar de siempre a tomarse una cerveza o pasear al perro utilizando la misma ruta, se evade escribiendo poemas al estilo de William Carlos Williams. Una obra que ha enamorada a todos los asistentes ganándose el estatus de favorita para conseguir la Palma de Oro si Almodóvar no consigue la misma proeza.

En cuanto Loving, Nichols cambia de registro para hacer un film clásico sobre una pareja interracial que debe de ser expulsada al ser ilegal en estado Virginia, cosa que en el estado de Washington, lugar donde se casa la pareja, es todo lo contrario. Sin conseguir un aplauso unánime como hizo Paterson de Jarmusch, Loving logra posicionarse como una de las claras favoritas para optar a los Premios Óscar 2017 junto a The Birth of a Nation.

Paterson

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Paterson me engancha desde el principio y me despido de ella con una agradecida sonrisa y un gesto de ternura. Jarmusch hace la crónica durante una semana de la vida cotidiana de un matrimonio enamorado y estable. También de su mundo secreto, de lo que ocurre en su cabeza y en su corazón, de lo que alimenta sus sueños.

Jarmusch sitúa la acción en la decrépita ciudad de Paterson, cuna de poetas insignes como William Carlos Williams y Allen Ginsberg. Y esa tradición poética se le contagia. Su película desprende lirismo y humor, está dotada de un clima entre excéntrico y onírico, esta pareja logra inquietarte y también que le quieras. Paterson es extraña en el mejor sentido, hipnótica, perturbadora, bonita.

Carlos Boyero, El País

Podemos decir que Paterson (el film) es un necesario y revitalizador antídoto (hecho de ligereza y de transparencia) frente a todo el cine de acción, de ruido y de pesados artificios tecnológicos. En definitiva, una película en la que quedarse a vivir, un hallazgo equivalente (por su engañosa sencillez, por su dimensión autorreflexiva, por su forma itinerante ajena a todo conflicto dramático) al que en su día supuso el primer episodio de Caro Diario, de Nanni Moretti. Hay que frotarse bien los ojos para poder ver y disfrutar de este plácido paseo poético al que Jim Jarmusch nos invita con su película más generosa, más serena y  más empática hasta la fecha.

Carlos Heredero, Caimán cuadernos de cine

La mejor película de Jim Jarmusch desde ‘Ghost Dog. El camino del samurái’, ‘Paterson’ se sitúa en las antípodas luminosas de la anterior película de Jarmusch, ‘Solo los amantes sobreviven’. Si allí los protagonistas eran una pareja de seres extraordinarios, unos vampiros que entendían el romanticismo artístico como un refugio donde replegarse de un mundo real que había abandonado el “buen gusto”, aquí Paterson es por el contrario un hombre de clase obrera que abraza la poesía sin ninguna intención de adentrarse en la institución artística. Si ‘Solo los amantes sobreviven’ es un film oscuro que se recrea en la decadencia urbanística y industrial de Detroit, ‘Paterson’ es una película llena de luz que disfruta moviéndose entre las fábricas de ladrillo rojo por donde trabaja el protagonista. Si la anterior adoptaba cierta postura del rock&roll contra todos, aquí se celebra la comunidad y el colectivo.

Eulalia Iglesias, El Confidencial

Un poeta llamado Paterson en Paterson (New Jersey). Un poeta obsesionado con la poesía de William Carlos Williams, autor del monumental palimpsesto titulado precisamente Paterson. Un poeta, además de cineasta, llamado Jarmusch perdido en la diminuta inmensidad del planeta Jarmusch (sito ahora mismo en Cannes). Y así. Los palíndromos son adictivos y se contagian entre ellos la enfermedad de la simetría; la perfección tal vez. Por ello, la película que hoy presentó en la Croisette el más veterano y con el pelo más blanco de los directores independientes tenía que ser como finalmente fue: perfecta.

Luis Martínez, El Mundo

Paterson rechaza el sensacionalismo visual propio de los efectos especiales y la pirotecnia excesiva; no hay sexo ni sangre, con la inexorable falta de interés que esta decisión suscita en una sociedad tan arraigada al epicureísmo como la nuestra. Obviamente sí apreciamos una construcción de los personajes totalmente diferente de la estándar. Frente al bueno-bueno o al malo-malo del cine convencional (con notables excepciones), el director elabora una tipología híbrida, ambigua, muy en la línea del jansenismo de Bresson, quien, como Jarmusch, se atrevía a mostrar la infamia de ambos lados del sujeto.  La pareja de actores compuesta por Adam Driver y Golshifteh Farahani nos atrapa en su espiral de monotonía y placidez de tal manera que disfrutaríamos viéndolos deleitarse en su insólita sencillez sin esperar nada más de este filme que, no obstante, se verá alterado por el efecto avalancha que sepulta toda esa rutina a consecuencia del más mínimo cambio.

Alberto Saéz, El antepenúltimo mohicano

Loving

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Nichols describe con pulso y claridad unas leyes cercanas a la barbarie. Tambíén la capacidad de resistencia de los condenados al desarraigo. Y cuenta muy bien cómo lograron la abolición con la ayuda de abogados, periodistas y la solidaridad entre personas cívicas y racionales de cualquier color. Cincuenta años después de implantarse una ley tan reivindicativa como justa, un señor negro es el presidente de los Estados Unidos. Y hace todo lo que puede o lo que le dejan hacer por mejorar el estado de las cosas. Digamos que el progreso o los milagros alguna vez se hacen reales.

Carlos Boyero, El País

Loving es una película notable por todo aquello que evita. Los juicios aparecen casi fuera de campo, sin incidir demasiado en su evolución dramática; la repercusión mediática que el caso generó en su momento es tratada de forma muy sintética; las amenazas racistas que recibe la pareja están presentes pero sin forzar ni la violencia, ni la maquinaria narrativa. Lo que interesa a Nichols es cómo mostrar la evolución de la pareja, mostrar su amor, su relación con los niños. La pareja protagonista vive su amor como algo cotidiano, alejado de todo romanticismo, y lucha por su propia dignidad.

Ángel Quintana, Caimán cuadernos de cine

La pregunta es: ¿cómo convertir un argumento y un caso tan carne de telefilme de sobremesa en una película de una claridad y belleza incuestionable? Imaginamos que esa cuestión le tuvo que quitar el sueño más de una noche al director de Take shelter. Hasta que lo consiguió.

Loving es básicamente un ejercicio de sutileza. La idea no es sólo evitar los peligros evidentes del melodrama rancio, reiterativo y llorón sino convertir la cotidianidad de una pareja acosada en la piel misma del sufrimiento. Cada plano busca el rigor con desesperación; cada gesto pugna por no escaparse y permanecer en el estrecho margen de la incomodidad rutinaria de vivir día a día con el único deseo de salir adelante, y cada fotograma duele. Pero sin ofender. El resultado es una pieza clásica, conmovedora, extremadamente pudorosa y deslumbrante.

Sin duda, se trata del trabajo menos arriesgado de un director que se ha atrevido a reformular géneros desde sus cimientos (Midnight special) o reinventar infancias enteras (Mud). Y por ello, se aprecia aún más la maestría. Lo que consigue es una lección de cine que, de golpe, desnuda el argumento vivido de forma cotidiana en la televisión y en el cine más comercial de que la imagen o es mercancía o está agotada. Falso y ahí está el milagro de Loving para demostrarlo.

Luis Martínez, El Mundo

Sin alejarse demasiado de cierto clasicismo, Nichols evita algunos de los tics habituales en estos tipo de films: los protagonistas no se presentan desde la óptica del heroísmo, y no hay lugar para los discursos épicos ni las situaciones de dramatismo extremo. Gracias a su temática, su cuidada puesta en escena y el trabajo de sus intérpretes Joel Edgerton y Ruth Negga, desde Cannes, ‘Loving’ parte como firme candidata a los Oscar del año que viene.

Eulalia Iglesias, El Confidencial

Loving, de Jeff Nichols. Uno de los romances más puros de la historia de EE UU. Así de claro lo ha dicho Nichols en la rueda de prensa. Por eso se quedó atrapado con la historia de Mildred y Richard Loving, un matrimonio interracial de Virginia, él un blanco de pelo rubio platino, ella, negra. Se casaron en Washington, donde era legal, y a su regreso a su casa fueron detenidos porque su unión iban contra la ley del estado, heredada aún del tiempo esclavista. La sentencia les obligó a abandonar Virginia durante 25 años si querían seguir juntos o no ir a la cárcel.

El director de Take Shelter o Mud elige centrarse en los Loving, en su historia de amor, y su familia, no en el caso judicial, para así redirigir el debate racial hacia las personas que lo sufren, pero sin señalarles como víctimas. En la contención está su mayor virtud para tratar un tema tantas veces visto en el cine. En la contención del director y también la de sus actores: Joel Edgerton y Ruth Negga.

Irene Crespo, Cinemanía

Jeff Nichols, tan alabado por «Take Shelter» y por «Mud», logra aquí el insólito milagro de contarnos esta dramática historia sin caer en los clichés racistas y en la brocha gorda al pintar el tiempo y el lugar?

«Loving» no es la película dura, huraña y rencorosa que podría haber sido: Jeff Nichols prefiere convertirla en un relato de amor y de lucha por el derecho a volver a casa. O sea, algo en el fondo realmente incorrecto, cambiar dureza por emociones.

Oti Rodríguez Marchante, ABC