El cuarto mandamiento

Siempre que un artículo de este tipo comienza diciendo “estas no son las películas que considero mejores, sino mis favoritas”, me revuelvo. Eso debería darse por supuesto. No existe tal cosa como “mejor objetivamente” en el mundo del arte. Puede haber películas más influyentes, más innovadoras, más importantes históricamente, más emocionantes, más profundas o más divertidas, pero ninguna de esas palabras es sinónimo de “mejor”, y además casi todas incluyen un componente subjetivo también. Ciudadano Kane, Vértigo o El acorazado Potemkin no son las mejores películas de la historia objetivamente, sino solamente las favoritas de mucha gente que ha visto mucho cine, las que mucha gente considera, subjetivamente, como las mejores, porque subjetivamente les impresionan sus innovaciones, o su profundidad, o lo que sea.

Así, aquí está mi lista de mis diez películas favoritas o, lo que es lo mismo, las que considero, subjetivamente, las diez mejores películas que he visto. ¿Por qué las considero las mejores? Bueno, la corta historia del cine ha dado muchas, pero muchas obras maestras, así que supongo que estas son las obras maestras con las que siento una mayor afinidad, y esa afinidad es más o menos difícil de explicar.

Cuentos de Tokio

Algunas de ellas forman parte de ese canon que algunos confunden con “las mejores objetivamente”, y si esto fuera una votación para Sight & Sound imagino que mi voto contribuiría a solidificar el estatus de alguna de esas películas (Cuentos de Tokio, Centauros del desierto), mientras que otras solidificarían ese otro canon más popular y mitómano (Lo que el viento se llevó, Historias de Filadelfia), y otras parecerán elecciones más originales, pero todas ellas son elecciones rabiosamente personales. Ninguna está ahí, en absoluto, porque sea “importante”. Es más, me siento EL fan número 1 de esas obras y pelearía con quien quisiera decirme que las ama más que yo, que son más suyas que mías.

Como digo, la afinidad es algo complicado de explicar, pero supongo que, mirando mi Top 10 uno puede sacar conclusiones. Por ejemplo, el paso del tiempo, y como arrolla a la gente, las costumbres, las civilizaciones y los sentimientos, es un tema que me toca la fibra, porque al menos tres (y yo diría que más), Cuentos de Tokio, El cuarto mandamiento y El gatopardo hablan de ello, desde ángulos diferentes, pero todas con melancolía. Otras de mis películas favoritas hablan así, sin rodeos, de la condición humana, bien como búsqueda constante pero inútil (Centauros del desierto) o como esperanza o fe (en lo que sea) constante y útil (Sacrificio), o como pura y dura supervivencia cuando todo alrededor se derrumba, aun a costa de estafar, ser ladrón o asesino (Lo que el viento se llevó); alguna lo hace incluso en clave de comedia (Historias de Filadelfia, que me parece la comedia más radiante y perfecta jamás filmada, o la vida como continuo aprendizaje y tolerancia de los defectos propios). Hay dos de las que me resulta más difícil hablar racionalmente, y quizá esas sean las mejores, porque el amor es más visceral cuanto menos se lo puede explicar uno, y es que de Porco Rosso y El tesoro de Arne solo puedo decir que ambas son absolutamente maravillosas: la primera es como el hijo que Hawks y Renoir habrían tenido de ser pareja, pero pasada por la imaginación apabullante de Miyazaki, que es tan gran director como los otros dos; y ver la segunda, que es la última en entrar en mi Top 10, fue como descubrir las cuevas de Altamira del cine, una caverna misteriosa llena de imágenes primitivas y poderosísimas, de una fuerza poética que solo los pioneros pueden alcanzar.

SHERILYN FENN, KYLE MACLAUGHLIN

Por último, aunque está la primera (empatada con otras dos, no me fuercen a elegir entre esas tres porque no puedo), incluyo una película-serie que, simplemente, me marcó siendo muy joven y contiene casi todo lo que me gusta del cine. Que me perdonen los puristas si creen que aquí no caben series, pero cuando hablo de Twin Peaks hablo de un mundo entero, una obra total que ha sido serie, sí, pero también película en 1992 (Twin Peaks: Fuego camina conmigo), y cuando la incluyo en mi lista incluyo las dos cosas, y seguramente también las que vengan con esa continuación que Lynch está rodando. Llámalo serie, film o “nivola”, que diría Unamuno, pero el caso es que Twin Peaks, desde su capítulo piloto hasta el último minuto de la película de 1992, pasando por el piloto alternativo para salas de cine europeas, es una de mis tres películas favoritas junto con El cuarto mandamiento y Cuentos de Tokio.

Y para concluir, como cinéfilo apasionado por sus favoritas que soy, no me resisto a nombrar las que “casi” entran: El apartamento, Madame de…, Gertrud, Los niños del paraíso, Mi tío de América, Y el mundo marcha, Las uvas de la ira, Gravity, De dioses y hombres, Potemkin, Juana de Arco, Había un padre, Laura, Delgada línea roja… También os amo, a vosotras y a otras muchas. Pero, de momento, este y no otro es mi Top 10.

Las diez películas favoritas de Jaime Esteve:

1- El cuarto mandamiento (Orson Welles, 1942)
1- Cuentos de Tokio (Yasujiro Ozu, 1953)
1- Twin Peaks (David Lynch, Mark Frost y otros, 1990-1992)
4- Historias de Filadelfia (George Cukor, 1940)
5- Centauros del desierto (John Ford, 1956)
6- Sacrificio (Andrei Tarkovski, 1986)
7- Lo que el viento se llevó (Victor Fleming, Sam Wood, George Cukor, 1939)
8- El gatopardo (Luchino Visconti, 1963)
9- Porco Rosso (Hayao Miyazaki, 1992)
10- El tesoro de Arne (Mauritz Stiller, 1919)