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Hay cicatrices que son costosas de cerrar, heridas tan profundas donde antes relucía el amor, que parece que jamás llegarán a curarse. Pero entonces la herida se cierra, sana y es capaz de volver a florecer. La saga Rocky y Sylvester Stallone son todo un uno, la carrera de Stallone, por más allá de muchos otros trabajos memorables que haya tenido siempre ha estado ligada de manera constante a la saga Rocky. Así en los años 70 Stallone brilló al son de Rocky, el que era el proyecto de su vida. Tan empeñado estaba Stallone en que Rocky debía ser su película, que llegó a dormir en la calle con la única compañía de su perro hasta que encontró alguien que apostase por él. E hizo bien, porque no solo se convirtió en una estrella, sino que incluso logró un reconocimiento crítico que hasta cuarenta años después no ha vuelto a tener, y que incluso llegó a propiciarle dos nominaciones al Oscar, como actor y guionista, una proeza que hasta el momento solo habían conseguido Orson Welles y Woody Allen. Llegaron los 80, la saga Rocky y Stallone seguían en lo alto al ritmo de Eye of the tiger, las nominaciones al Oscar se habían tornado en (injustas) nominaciones a los Razzie, y Stallone consiguió mantener con tino la saga en sus tres primeras entregas y convirtió en la cuarta en una de las locuras más divertidas que Hollywood filmó jamás sobre la Guerra Fría.

Fue la llegada de la quinta entrega la que vaticinó el declive de Stallone, es cierto que a Sly aún le quedaría un buen puñado de éxitos durante principios de los 90 como Máximo Riesgo y Pánico en el túnel. Pero Rocky había tocado fondo, sin Rocky, Stallone sencillamente dejaba de existir y poco a poco el actor fue hundiéndose en productos de serie B que se lanzaban directamente a vídeo. La gente ya no se preguntaba dónde estaba Sylvester Stallone, sencillamente se olvidaron de él.

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Entonces llegó el año 2006. Stallone llevaba 21 años sin ponerse detrás de las cámaras y hacía tres de su última incursión en el cine como el villano de Spy Kids 3D (sic), pero aquello no fue impedimento para resucitar a Rocky Balboa, esta vez dejó los números de lados y le dio a su personaje nombre y apellidos (algo que luego haría con John Rambo, pero Rambo simplemente fue siempre un personaje, Rocky era Stallone) y de nuevo, los dos juntos de la mano volvieron a la cima, a conquistar las emblemáticas escaleras de Filadelfia. La crítica se rindió a Stallone, el público volvió a mirar hacia él, una nueva estrella había nacido. La herida poco a poco empezaba a sanarse. Desde entonces, Stallone, que es uno de esos artistas imparables (sí, artistas), no ha parado de trabajar. E incluso ha creado la saga que las grandes estrellas de acción necesitaban como homenaje. Y ahora llega Creed. Y Creed llega en un momento en el que el último vehículo para el lucimiento de Stallone empieza a mostrar síntomas de agotamientos. Llega cuando la gente parece volver a querer olvidarse de Stallone. Y vuelve para devolverle a lo más alto, para cerrar el círculo completo, para florecer de la misma forma que floreció hace 40 años.

Y en cierta forma Creed habla también de eso, de volver a nacer, de renacer de las cenizas, de quitar todas las piedras que tenemos encima hasta encontrar de nuevo el abrazo a la vida. Una idea que al final es fiel a la idea que siempre presentó Rocky, la de abrazar el triunfo, el éxito, la de conseguir ese prometido sueño americano, ¿no es esta al fin y al cabo otra forma de nacer? Esta séptima entrega de la saga centra su mirada en el joven Adonis Johnson, hijo fruto de un romance de Apollo Creed y que se crío en centros de internamiento para jóvenes. Cuando Adonis quiera triunfar en el mundo del boxeo (la sangre, ya saben), contactará con el viejo Rocky Balboa para que las veces de entrenador y de padre (bueno, esto no se lo dicen, pero se sobrentiende). Mientras que Rocky tendrá que luchar con los propios fantasmas de su pasado y ese imborrable combate entre Apollo Creed e Iván Drago, Adonis tendrá que luchar con la carga de ser el hijo de una leyenda y triunfar por sí mismo para no manchar el nombre de su padre, aunque para ello el apellido acabe siendo una imposición.

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Coogler juega a la perfección con sus personajes, haciendo que ambos se tengan que enfrentar a su propio combate personal (el cáncer de Rocky es una metáfora evidente pero perfectamente usada) para ir creciendo golpe a golpe. Un paralelismo siempre presente en la película que juega con ellos como representación del presente y el futuro, llevando a Adonis al mismo puesto que tenía Rocky en la primera entrega, o el del contrario, como se ve en esa maravillosa escena en la que Adonis boxea delante de la pantalla mientras que la memorable Getting strow now suena. En este incesante juego de caracteres era imposible que la película hubiera conseguido funcionar si sus dos actores no hubieran estado a la altura. Michael B. Jordan lleva años demostrando su talento, ya sea en el cine como hizo con Fruitvale Station también dirigida por Coogler o en televisión en Friday Night Lights. Posiblemente el de Creed haya sido su papel más complicado hasta la fecha y el resultado no podía ser mejor. Pero quien brilla aquí eclipsando a todo lo que le rodea es un Sylvester Stallone que despide al personaje por la puerta grande. No cabe duda de que Stallone es Rocky, cuando la voz de Rocky se quiebra por completo al hablar de Adrian es la propia voz de Stallone la que se está rompiendo. Es como si hubiera una simbiosis completa entre el actor y el personaje. Stallone no borda su papel, simplemente ha llegado a convertirse en Rocky Balboa.

Un Rocky Balboa que volvió a brillar de la misma manera que lo hiciese hace cuarenta años, y ha brillado sobre una herida que parecía que jamás se iba a llegar a cerrar. Y lo hace gracias al trabajo de un tipo como Ryan Coogler que ya demostró en su primera película, la estupenda (y tristemente inédita en España) Fruitvale Station, que era un hombre a seguir en cuenta. Y aquí demuestra ser un cineasta extraordinario, con ideas tan brillantes como ese combate rodado en plano secuencia que destaca más allá de por su virguería y su realismo, por su excelente uso narrativo. Sí, Rocky ha borrado su cicatriz definitivamente, ya no hay marcas de ese dolor, todo vuelve a brillar como brilló al principio.

4.5_estrellas

 

Ficha técnica:

Título original: Creed Director: Ryan Coogler Guión: Ryan Coogler, Aaron Covington Música: Ludwig Göranssonn Fotografía: Maryse Alberti Reparto: Michael B. Jordan, Sylvester Stallone, Tessa Thompson, Phylicia Rashad, Will Blagrove, Juan-Pablo Veza, Andre Ward Distribuidora: Warner Bros Pictures Fecha de estreno: 29/01/16