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Hay dos conceptos cruciales, y antitéticos, que se ponen encima de la mesa en Sufragistas, y éstos son los de unidad nacional y lucha de clases. Por un lado, una ficticia y aparente paz en los salones y las calles, mantenida de forma artificiosa a través de la extensión, a través de todas las clases sociales, de un concepto de “respetabilidad” establecido por la clase dominante en el que se subliman las injusticias a través de la mitificación de una forma de comportamiento del que son elementos principales los modales refinados, las tazas de té, los exquisitos saludos y las reverencias a la monarquía. Por otro lado y como reverso de estas buenas maneras, late necesaria y subterráneamente la realidad social sobre la que se configuran, caracterizada por un acentuado clasismo, unas vidas encadenadas al trabajo, accidentes laborales sin fin, genocidios coloniales, indiferencia a la brutalidad y la explotación y la imposibilidad de cualquier forma de socialización que se aleje de la masculinidad, del interés estatal o de los frívolos recreos deportivos tales como el crícket, las carreras de caballos, el polo o el fútbol. La unidad nacional británica, tal y como la hemos visto reflejada en multitud obras literarias o cinematográficas que han intentado mostrar los modos vida en el Reino Unido, ha tenido un éxito considerable de extender y hacer permear la ideología dominante: por veces, ha parecido que el clasismo formaba parte del ser británico, al igual que el imperialismo, y que la lucha contra él sería una tarea mucho más dura que en otros países de la Europa continental.  Sin embargo, y como contrapartida a esta exagerada sofisticación, el impacto de cualquier rebelión es mucho mayor al actuar con la disonancia de un disparo en medio de un concierto.

De este magma surge Sufragistas, largometraje honesto y militante del que convendría destacar, en primer lugar, su adecuada fotografía, con tonos apagados y predominancia del gris, en una huida de la perfección digital de la imagen en consonancia con la época en que se ubica (los años 10 del siglo XX) y la cruda acción que refleja. La cámara empieza siguiendo discreta a los personajes hasta que se sume en el caos, la confusión y el vértigo en las secuencias en las que se produce la progresiva toma de conciencia del personaje de Maud Watts (Carey Mulligan): la estridente rotura de un escaparate reivindicando voz en grito el voto para las mujeres, los abusos sexuales del director de la lavandería en que trabaja a una joven empleada y el apaleamiento de manifestantes tras el anuncio del entonces ministro de Hacienda y futuro primer ministro Lloyd George de que ha sido rechazada la enmienda a la ley electoral. Los tres episodios son narrados desde la subjetiva mirada de Maud Watts, un personaje que empieza rechazando los métodos de lucha de las sufragistas en nombre de “lo respetable”, luego se involucra en ellos por la evidencia de los acontecimientos pero siempre aclarando que no milita (“no soy sufragista”, repite durante buena parte del metraje) y, finalmente,  se suma como una de las principales activistas del movimiento tras haber preguntado una mañana a su marido, mientras la cámara se detiene en sus ojos, el futuro que le esperaría a una hipotética hija de ambos: qué nombre le pondrían (“el de mi madre”, responde él) y qué clase de vida llevaría (“una como la tuya”, expresión que hace a Maud romper definitivamente con su anterior concepto de ‘lo respetable’).

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Carey Mulligan parece decidida a que se la recuerde no solo por sus dotes como actriz, sino también por la entidad de sus películas, y su presencia en Sufragistas va más allá de la mera encarnación acertada de un personaje de época. En una secuencia concreta podemos adivinar hasta dónde puede llegar su capacidad para convencer al público, para levantar una película de los senderos de lo convencional y darle, ella sola,  el empaque necesario para que sea recordada más allá de su presencia en sus carteleras: se trata de un prolongado primer plano en el que su personaje tiene que exponer improvisadamente ante Lloyd George las razones en favor del sufragio femenino (la oradora inicial ha sufrido una paliza horas antes y debe sustituirla) y en el que alcanza a mostrar la verdad desnuda de unas intolerables condiciones de vida que vienen de generaciones de mujeres antes que ella a través de una sencillez expositiva que desarma los prejuicios, todos los imaginables, de la conservadora comisión parlamentaria ante la que se expone.

Otro elemento importante de la película de Sarah Gavron es la especial relación que se establece entre dos de los antagonistas principales de la lucha que se refleja: por un lado, Maud y, por el otro, el jefe de policía Arthur Steed, que interpreta Brendan Gleeson y cuya presencia nos va mostrando quiénes eran los demonios de la época para el establishment (en una de sus primeras apariciones está clasificando una serie de fotografías de anarquistas, recordándonos con ello que en cualquier época cualquier avance técnico es utilizado, también, como instrumento de control social). La intención del segundo es anular a la nueva activista, haciendo hincapié en su carácter de peón del movimiento (“carne de cañón”, “infantería”, “nadie”, son otros términos que utiliza) y ofreciéndole trabajar para él como informadora. La respuesta de ella, un inicial silencio y  una posterior y respetuosísima carta que desarma moralmente toda la estrategia represiva, nos muestra a las claras cómo ha nacido la conciencia, de género y de clase, sin marcha atrás y ya no hay represalias posibles que puedan lograr una rectificación y una vuelta a la unidad nacional: el concepto de respetabilidad ha cambiado de bando y la decencia se traslada, de una vez y para siempre, hacia las explotadas.

3.5_estrellas

Ficha técnica:

Título original: Suffragette Director: Sarah Gavron Guión: Abi Morgan Música: Alexandre Desplat Fotografía: Eduard Grau Reparto: Carey Mulligan, Helena Bonham Carter, Meryl Streep, Anne-Marie Duff, Brendan Gleeson, Ben Whishaw, Romola Garai, Samuel West, Geoff Bell Distribuidora: DeAplaneta Fecha de estreno: 18/12/15