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Hablar de A propósito de Llewyn Davis es hablar de la que posiblemente sea la película más madura en la trayectoria de los Coen, y no es una ligereza cualquiera, teniendo en cuenta que sin haber llegado aún a los sesenta años (aunque Joel los cumplirá el próximo año), y con quince trabajos anteriores, su filmografía está plagada de un buen puñado de obras maestras. Pero es cierto que en A propósito de Llewyn Davis, su mejor película en más de diez años, han conseguido encontrar el equilibrio absoluto. Existía ya en sus últimos trabajos, probablemente desde No es país para viejos, y más evidentemente en sus dos últimas películas: Un hombre serio y Valor de ley, una apuesta por un tono mucho más triste, serio, melancólico y maduro. Como si se hubieran cansado de ese universo esperpéntico que solían mostrar y quieran aunarlo con una dosis de cruda realidad. Pero no ha sido hasta A propósito de Llewyn Davis cuando han conseguido que esa mezcla funcione, y lo haga además de manera brillante. Basta con comparar las diferencias existentes entre Barton Fink y ésta última, dos obras que tratan de un tema similar, la libertad del artista y la incomprensión del negocio en el arte, para observar como en veinte años ha cambiado por completo la visión que tienen los Coen sobre su vida y sobre el cine.

Aunque A propósito Llewyn Davis está basada muy libremente en la figura del músico folk Dave van Rok y en las memorias que éste mismo escribió llamadas El alcalde de la calle MacDougal, uno siente como si los hermanos Coen hubieran cogido la vida de este tipo, y la hubieran llevado a su propio mundo. No sé cuando hay en el personaje de Llewyn Davis de van Rok, pero es inevitable pensar que es muy poco lo que realmente queda. Porque realmente la película no deja de ser otro acercamiento muy libre a la obra de Homero, como ya hicieran en O brother. Su protagonista, no deja de ser un Sísifo obligado a un castigo eterno moviendo una piedra por una colina, que no deja de rodar sobre él. Ni siquiera el nombre de ese gato que se escapará de casa para convivir forzosamente con el cantante parece casual, y es que como el Ulises de La Odisea, la película no deja de narrar su vuelta a casa, aunque sea como espectador de lujo a hombros de su protagonista.

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Llewyn Davis es un músico folk que es incapaz de encontrar su sitio. La película empieza con él cantando una versión de “Hang me, oh, hang me” lo que se podría interpretar una forma de decir cómo llegó a estar así de perdido, casi muerto, como todo le falló hasta encontrarse con una soga al cuello. Durante esta semana, dónde los Coen se meten en la mente de Llewyn Davis, nos encontramos con que el músico es prácticamente un vagabundo, no tiene casa, duerme cada noche de prestado allá donde le dejan estar. Ni siquiera tiene derecho para pagarse un abrigo, su representante pasa de él, y está claramente marcado por el suicidio de su compañero artístico. Como si su pérdida le hubiera dejado atorado y sin rumbo definido. Pero la vida de Llewyn Davis se debe por completo a la música, no es que sea lo único que tiene, es que es lo único que sabe hacer, y realmente es bueno, pero no lo suficiente. La búsqueda de este sueño, esta piedra que empuja y siempre le cae, le lleva incluso a embarcarse en un viaje completamente sin sentido hasta Chicago, sólo en busca de una oportunidad, soportando incluso a un personaje, Roland Turner, un productor de jazz interpretado por John Goodman que resulta incluso más insoportable que él.

Y es que Llewyn Davis no es en absoluto un héroe, es un personaje odioso e inaguantable, que es incapaz de devolver lo que hacen los demás por él. Su mundo se derrumba del todo cuando se entera de que la novia de su mejor amigo puede estar embarazada de él, pero ni con ésas duda en aprovecharse de las oportunidades que éste le ofrece. Tampoco en romper la paz y la armonía en la casa de una pareja, que no tienen problemas en acogerle como si fuera un hijo, dándole cariño y éste, como un niño malcriado, devolviéndoselo a golpes. Así como de insultar y humillar a los que como él, buscan su oportunidad para triunfar. Realmente no es su carácter lo que no le lleva a triunfar en el mundo de la música, si no el hecho de no tener el talento que realmente cree tener. Pero si es su actitud la que le arrastra a un hoyo del que no encuentra la manera de escapar, y que volviendo al mito de Sísifo, parece que por mucho que trate de escalar para escapar de ese agujero, éste se hará mucho más grande impidiéndole ver la manera de salir de él.

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Fieles, siempre a su estilo, los Coen ruedan una película de ésas que podríamos decir que muy pequeñita, que parece casi como un pequeño cuadro del invierno neoyorquino pintado a tonos pastel (les ha sentado fenomenal el cambio de director fotografía, dejando de lado al habitual Roger Deakins, por Bruno Delbonnel). Donde su humor, siempre presente, se vuelve más triste y más frio. Dónde su universo madura al ritmo de la música folk. Donde con cierto halo de nostalgia, nos hablan de un pasado imperfecto a través del que posiblemente sea el personaje más interesante entre todos los grandes personajes que han escrito los hermanos Coen. Un completo perdedor que ha perdido las ganas por vivir, porque no sabe cómo hacerlo, y que simplemente se limita a sobrevivir día a día, castigándose a seguir el camino más difícil, como cuando tras esa audición en Chicago, avanza a través de la nieve en lugar de desviarse unos metros para andar sobre el asfalto. Y al que da vida un impresionante y sorprendente Oscar Isaac, cuya mirada triste es capaz de expresar un rango infinito de sentimientos. Al final de esta semana con Llewyn Davis el espectador comprende todo, es un viaje, que cobra mayor significancia a su final, y uno entiende que esta semana que puede parecer tan terrible, no es más que un bucle cíclico para su protagonista, y que seguramente no distará demasiado de cualquier otra semana en la que tampoco triunfará. Porque al contrario que otros, y ojo al maravilloso guiño final, triunfar se limita a estar en el sitio correcto en el momento oportuno, y Llewyn Davis nunca lo estará.

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Ficha Técnica:

Título original: Inside Llewyn Davis Director: Joel Coen, Ethan Coen Guión: Joel Coen, Ethan Coen Fotografía: Bruno Delbonnel Interpretes: Oscar Isaac, Carey Mulligan, John Goodman, Garrett Hedlund, Justin Timberlake, F. Murray Abraham, Adam Driver, Ricardo Codero, Alex Karpovsky, Max Casella, Ethan Phillips, Stark Sands Distribuidora: Universal Fecha de estreno: 01/01/2014