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Hay ciertas películas cuyo origen, argumento y duración presuponen, casi al milímetro, el tipo de destilado que nos van a ofrecer, y Grandma es una de ellas. Cuando observamos, como carta de presentación, que el nuevo largometraje de Paul Weitz (director que, recordemos, debutó en 1999 con la muy popular American Pie) procede del Festival de Sundance, que su argumento está focalizado en una joven que intenta abortar, carece de los medios adecuados para ello y visita a su abuela, poeta y lesbiana, para pedirle ayuda, y que la duración de la película no llega a los 80 minutos, parece que nos hagamos una idea exacta del tipo de obra que vamos a ver. Y, en ese sentido y valga el tópico, Grandma da lo que promete: no se sale de ninguno de los presupuestos que implica su apuesta inicial, ni para bien ni para mal.

La secuencia inicial, a modo de declaración de intenciones, nos muestra a la abuela a la que hace alusión el conciso título haciendo una seca deconstrucción del amor, abandonando a su pareja, una mujer treinta años más joven, motejándola de “nota al pie” en su vida y echándola de su casa, con pocas contemplaciones. No hay mucho que objetar a la interpretación de Lily Tomlin, convincente en su caracterización de mujer solitaria y misántropa, todavía digiriendo una viudez reciente (se nos habla de año y medio) con el gran amor de su vida, con la que crió a una hija convertida ahora en una ocupada ejecutiva empresarial y con la que apenas tiene relación. En ese sentido, las innovaciones de Grandma son también inexistentes y de nuevo nos encontramos con una alianza entre abuela y nieta (interpretada por Julia Garner), ambas desorientadas ante el estado de cosas existente y el rumbo de la sociedad, y en medio de ambas una hija (Marcia Gay Harden) que es quien ocupa una posición central y perfectamente adaptado a la ideología dominante, de la que es en gran parte portadora y artífice.

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De cualquier modo, es el personaje de Lily Tomlin quien adquiere mayor protagonismo en una suerte de road-movie buscando a las personas que han tenido algún tipo de incidencia –ya pasada- en su vida, y en la que encontramos reminiscencias con el viaje de Bill Murray a la búsqueda del hijo olvidado, y de su posible madre, en Flores rotas, de Jim Jarmusch (aunque la reminiscencia inicial, por inadecuada que parezca aquí la cita, es sin duda la de Fresas salvajes de Ingmar Bergman). En este camino, en buena parte infructuoso y casi contrarreloj dada la premura de tiempo para conseguir el dinero necesario para el aborto, iremos conociendo las heridas que el citado y algo sobrecargado personaje dejó en su libérrima vida, que el director no parece juzgar con demasiada piedad.

Con algunos toques de amateurismo -que creemos impostado- en  su realización, en  la que por momentos se roza el cámara en mano aunque sin llegar a apostar consecuentemente por él, si alguna virtud tenemos que concederle a Grandma es su coherencia en el discurso, en el que Julia Garner ofrece una interesante mezcla de susto, inocencia y firmeza en su decisión de no seguir adelante con su embarazo, y en el que ningún personaje juzga su derecho a hacerlo (más allá de las dos “activistas” antiabortistas que se apostan enfrente de la clínica, retratadas aquí con adecuada falta de conmiseración). Paul Weitz parece tener claro el público al que se dirige y no hay guiños de cara a la galería que interfieran en su diáfano mensaje, aunque el poso que Grandma deja es demasiado tenue como para merecer algún elogio a mayores.

2.5_estrellas

Ficha técnica:

Título original: Grandma Director: Paul Weitz Guión: Paul Weitz Música: Joel P. West Fotografía: Tobias Datum Reparto: Lily Tomlin, Julia Garner, Marcia Gay Harden, Judy Greer, Laverne Cox, Sam Elliott, Elizabeth Peña, Nat Wolff, Sarah Burns, John Cho Distribuidora: Sony Pictures Fecha de estreno: 20/11/15