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Si una cosa tiene el verano es que nos satura la cartelera de películas random e insustanciales que buscan provocar la risa fácil del espectador medio. Un panorama de pareo playero y after sun nada atractivo, pero necesario para combatir los períodos estivales en los que las grandes ciudades quedan prácticamente vacías. Justo ahí, en ese intenso break que deja la industria cinematográfica a las producciones de este tipo, es donde cobra forma la última cinta de Ariel Winograd, Sin hijos, que narra la historia (así, a grandes rasgos) de cómo a Maribel Verdú no le gustan los niños. Lo de menos es lo que va detrás, en una comedia que juega al despiste con el espectador, perdiéndose en mar abierto y planteando situaciones absurdas a mansalva, únicamente reflotadas por la gran actuación del protagonista Diego Peretti. No obstante y tras una muy buena taquilla en Argentina, Sin hijos es una apuesta segura para los néofitos, pero pobre para los verdaderos enamorados de la magia del séptimo arte.

 

La comedia, al igual que el terror, es un género complicado de abordar. Vivimos en una era tan saturada y conectada, que es realmente complicado sorprender de manera eficaz a un espectador hastiado de consumir siempre lo mismo. Atrás quedan grandes figuras del género como Charles Chaplin, los hermanos Marx, Buster Keaton, Billy Wilder, Ernst Lubich o Monty Python, poseedores de una ecuación hasta la fecha desconocida y cuyo nivel sigue siendo todavía una meta inalcanzable para muchos de los realizadores actuales. Es por ello que no sorprende que la industria haya decidido volcarse de nuevo en la vieja fórmula de siempre: explosiones del universo Marvel, encabezado por las secuelas de Los 4 Fantásticos, Suicide Squad o Ant-Man; una saturación de thriller de espías y acción, con una rentrée espectacular de Tom Cruise en Misión Imposible 5 o la revisión de Mad Max, con Charlize Theron y Tom Hardy a la cabeza; y las comedias ligeras made in USA, de la mano de Y de repente tú o Vacaciones. Eso vende.

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Lo que también vende y probablemente haga una taquilla más que decente en nuestro país es Sin hijos, protagonizada por el tándem Diego Peretti y Maribel Verdú, y que narra la historia de una mujer que no quiere reproducirse. Ante este axioma, aparentemente irrefutable, la cinta pivota sobre ciertos aspectos (en clave de humor) para arrojar un punto de vista esperanzador sobre los constantes desencuentros que pueden surgir en una pareja, empezando sin ir más lejos, por la propia extensión de la misma. De trama simple, Sin hijos es la historia de Gabriel, padre soltero que vive con su hija Sofía en un bonito piso y que regenta una tienda de instrumentos. Un buen día reaparece en su local Vicky, a la que conoció cuando se hizo las fotos de pasaporte. Ambos comienzan una idílica historia de amor que se trunca cuando Gabriel descubre que a Vicky no le gustan los niños. Es entonces cuando empezará una rueda de absurdos acontecimientos para intentar ocultar su paternidad a su nueva novia. Pero todo cambia cuando, por error, Sofía se presenta en su piso tras sus lecciones de guitarra. Allí se hace pasar por la hermana de Gabriel, dando el pistoletazo de salida a un giro de guión más absurdo y rancio que el anterior. Un punto de partida interesante que no tarda en instalarse en la mediocridad y previsibilidad de una historia que ya nos han contado varias veces. De nada sirve la milimétrica perfección con la que Winograd se ajusta a un guión, calcado de la fórmula clásica aristotélica, y que ya desde el principio deja entrever sus principales defectos: personajes poco poliédricos, plagados de clichés que danzan al son de una pareja de protagonistas (Peretti- Verdú) cuya química es inexistente; una niña redicha encerrada en el cuerpo de una octogenaria y secundarios hambrientos de protagonismo pero sin un ápice de verosimilitud.

 

Sin hijos es a veces una comedia ácida, en donde se burla de los tabúes y clichés que conllevan la mayoría de las relaciones, otras muta para reflexionar sobre el peso de la familia, la responsabilidad que de ser padre y lo que debemos ser en pos de nuestros hijos. Otras, es directamente un globo que se deshincha bajo el peso de una fórmula que no funciona y desemboca en un happy ending que subestima la inteligencia del espectador. A todo ello hay que sumarle una estética bastante yankee y una realización pretenciosa y vacía, que emula los movimientos de cámara de algunos de los videoclips de Maná. Winograd le pone ganas y en algunos momentos hasta parece acertar en el blanco, pero todo ello no es suficiente para que la cinta nos traspase al corazón. Nada queda justificado, aunque a veces eso poco importe, hay momentos en los que el cineasta debe ser honesto con el espectador y el argentino no lo es. Sin hijos será una comedia de taquilla y de verano, pero no del año.

2.5_estrellas

Ficha técnica:

Título original: Sin hijos Director: Ariel Winograd Guión: Mariano Vera, Pablo Solarz Música: Darío Eskenazi Fotografía: Félix Monti Reparto: Diego Peretti, Maribel Verdú, Horacio Fontova, Guadalupe Manent, Guillermo Arengo, Martín Piroyansky Distribuidora: Syldavia Cinema Fecha de estreno:14/08/2015