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Mi casa en París recuerda a otra película de estreno reciente y que también me encargué de criticar que es Love and Mercy, donde se narra la historia del cantante de los Beach Boys, Brian Wilson. Obviamente no se asemejan en la temática ni en el efecto conseguido al final, siendo la película de Pohlad más interesante y ambiciosa, pero sí en la idea de hacer madurar, pulir y corregir los errores de su género, en este caso, la comedia dramática que afronta temas básicos de la vida como el amor, la vejez y la muerte.

La historia de Mi casa en París habla de un hombre que lo ha perdido todo debido a diversas circunstancias que le han llevado a ese punto y que decide viajar a París para vender una casa que ha heredado de su padre. Al llegar a París, se entera, para su disgusto, que esa casa no puede ser suya hasta que la anciana que vive allí, verdadera propietaria de la casa, muera. El filme reúne a un perdedor que no consigue sacar ninguno de sus proyectos adelante, una anciana que revela progresivamente su personalidad y su agitada juventud y a su hija, la cual se muestra reacia ante la presencia del hombre allí. Este trío de personajes poco a poco va evolucionando, desvelándose el pasado que les atormenta, los errores y aciertos de años ya lejanos en la memoria y la confusión que cada uno de ellos tiene respecto a su futuro.

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Es destacable como Horovitz enfrenta estos temas sin aburrir ni molestar en ningún momento. Mi casa en París no cae en sentimentalismos baratos, excepto al final, cuando la historia se va transformando cada vez más hasta recordar demasiado a las manidas tramas que tanto abundan en este género, pero aún así consigue no desentonar dentro de la dinámica de la película. Tampoco comete el error de dejar demasiado claro qué moral tienen los personajes de la película y forzar la empatía del espectador con estos a cualquier precio. Aquí vemos a un hombre frustrado, a una anciana llena de remordimientos y a su confundida hija en diferentes situaciones que los llevan al límite, resultando en momentos despreciables y en otros afables, pero sus acciones siempre tienen una lógica interna y resultan coherentes con sus actitudes y sus pasados, adquiriendo así una gran complejidad en cuanto a personajes que muchas películas similares no alcanzan.

La actuación de Kevin Kline resulta excelsa, con momentos realmente conseguidos dentro de un personaje que se encuentra todo el metraje al límite de sus emociones. Las demás actuaciones son más que correctas, cosa ya esperada si tenemos en cuenta que en ese paquete entra la legendaria Maggie Smith, aunque también debe decirse que ha interpretado mejores papeles.

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La principal baza de la película es que ella misma es consciente de la historia que cuenta, del género en el que se sitúa, de las posibilidades del guión, por lo que no pretende remover mentes, revolucionar el cine ni sorprender a cada instante, sino que solo se propone ejecutar de manera eficiente un guión bien estructurado y que solo flaquea al final. Y lo consigue. Cierto es que le pueden pesar los prejuicios de cierto público, quienes al ver el “París” en el título, el poster, la sinopsis y el género huirán despavoridos, pero si se deja esa actitud que, por otra parte, hay que decir, no resulta nada útil a la hora de aproximarse a cualquier película, arte y cosa en general, uno podrá ver que, con sus más y sus menos, esta película logra lo que pretende, que es contar una decente historia y entretener a su público. Corre el peligro de ser fácilmente olvidada, pero tampoco intenta ser memorable.

3_estrellas

Ficha técnica:

Título original: My Old Lady Director: Israel Horovitz Guión: Israel Horovitz Música: Mark Orton Fotografía: Michel Amathieu Reparto: Kevin Kline, Maggie Smith, Kristin Scott Thomas, Dominique Pinon, Michael Burstin, Elie Wajeman, Raphaële Moutier, Sophie Touitou Distribuidora: Golem Fecha de estreno: 07/08/2015