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Con más de tres años de retraso respecto de su estreno original, llega a nuestras pantallas Una dama en París, drama protagonizado por Jeanne Moreau y Laina Mägi que nos pone en la piel de Anne, una mujer estonia que, tras el fallecimiento de su madre, decide trasladarse a París, donde terminará cuidando de una anciana de clase alta, también de origen estonio, que inicialmente se opondrá a tales cuidados.

Una dama en París es una de esas películas que parecen estar hechas con molde, de las que se han hecho a montones y, con total seguridad, se seguirán haciendo. Pero el problema no es ese. El problema –o al menos, uno de ellos- es que no ofrece nada nuevo, ni se esfuerza o arriesga por contar nada mínimamente sorprendente o estimulante. Además de que tarda bastante en arrancar –por culpa de su atropellado y prescindible prólogo-, su guion, cuyos personajes son tan convencionales como previsibles, abusa de una corrección formal milimétrica que, por acumulación, acaba resultando demasiado fría y aburrida como para interesar o conmover al espectador, que tratará de aferrarse al buen trabajo interpretativo de la pareja protagonista. Y es que a la vista está que, ante semejante dejadez artística y narrativa, esta película parece haber sido concebida exclusivamente como vehículo de lucimiento para la otrora estrella de la Nouvelle Vague Jeanne Moreau (incluso el papel tiene ciertos paralelismos con su carrera).

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Una dama en París es una película sencilla, sin mayor ambición que la de centrarse en sus dos personajes protagonistas, y careciendo de cualquier tipo de subtrama. En este sentido, y a pesar de las carencias del guion, la película logra funcionar gracias al interesante duelo interpretativo ofrecido por Moreau y Mägi, que construyen dos personajes diametralmente opuestos que poco a poco, a través de inteligentes diálogos, conforman una improbable relación con buena química. Pero, como ya avanzaba líneas más arriba, a la película le falta garra y profundidad, consecuencia de un conflicto demasiado leve y a todas luces insuficiente como para involucrar emocionalmente al espectador, que se verá perezosamente arrastrado a través de un compendio de situaciones que no ofrecen mucho más allá que una superficial y olvidable radiografía de la tercera edad y el amor intergeneracional.

En resumidas cuentas, la quinta película del estonio Ilmar Raag resulta ser un insulso mosaico cuyo interés variará en función del público que emprenda su visionado, aunque bajo mi punto de vista dicho target se concentre principalmente en un público cuya edad oscila en los cuarenta y setenta años, que suelen consumir y disfrutar sin mucha expectativa ni trascendencia de este tipo de filmes.

Como diría mi madre: “Te quedas igual que antes de verla”.

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Ficha técnica:

Título original: Une estonienne à Paris Director: Ilmar Raag Guión: Ilmar Raag, Agnès Feuvre, Lise Macheboeuf Música: Dez Mona Fotografía: Laurent Brunet Reparto: Jeanne Moreau, Corentin Lobet, Laine Mägi, Ita Ever, Fabrice Colson, Patrick Pineau, Piret Kalda, Helene Vannari, Ago Anderson Distribuidora: Good Films Fecha de estreno: 24/07/2015