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Lo seductor de la ciencia ficción como género, ya sea literario o cinematográfico, no se encuentra en la creación y el imaginativo de crear un mundo visual extraordinario de la misma forma que lo hizo George Lucas, aunque esto no deje de ser magnífico. Lo seductor del género se encuentra en su habilidad para formular el debate desde su planteamiento, dejar la creación del mundo visual de lado, para elaborar una historia, bien centrada en los miedos sociales, o en las preguntas sin respuestas. La ciencia ficción literaria vivió su máximo esplendor en los años 50. En ese breve lapso de tiempo se publicaron obras aún hoy tan contemporáneas como el Fahrenheit 451 de Ray Bradbury, el 1984 de George Orwell, o La fundación de Isaac Asimov. El cine ha recogido, especialmente durante estos últimos años, ese testigo. Alejados ya de las soap-operas starwarsianas, o del realismo espacial de Stanley Kubrick en 2001: Una odisea en el espacio (si bien, Alfonso Cuarón se acercó con acierto a esto en Gravity, de una forma mucho más real y menos distópica de la que lo hiciera Kubrick), dentro de los cánones del cine independiente se está abriendo una pequeña ventana para el planteamiento de nuevos pensamientos minimalistas dentro de la gran ciencia ficción.

En este punto exacto se sitúan obras tan rompedoras como Moon de Duncan Jones, Coherence de James Ward Byrkit, The man from earth de Richard Schenkman, Primer de Shane Carruth o la serie británica Black Mirror. Y también Ex_Machina de Alex Garland. Todas ellas tienen en común el hecho de plantear el conflicto desde el papel, dando mayor importancia a la explicación científica o a la apertura de puertas y con ello a las del debate del camino hacia el que la humanidad se dirige. Ex_Machina es una obra puramente minimalista, toda ella ocurre en único emplazamiento, allí se dirigirá un programador informático para poner a prueba una Inteligencia Artificial creada por su jefe. El objetivo es pasar el Test de Turing, en esta prueba el humano interactúa con un ordenador y tiene que ser capaz de darse cuenta de que éste es una máquina. Pero esta vez, elevado a un grado más complejo, puesto que dicho programador sabe que está interactuando con una máquina, y el test está realizado con una misión puramente empática, ¿será el humano capaz de olvidar de que está tratando con una máquina y no con una persona?

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He aquí donde se plantea el interesante debate de la película. El papel del ser humano es elevado al de Dios, creador de vida y de inteligencia que acaba superándolo y sublevándose. ¿Hasta qué punto es bueno que el ser humano juegue a ser Dios? La representación del Dios a la que da vida un fantástico Oscar Isaac es la de un ser caído en desgracia, desamparado por completo, sin fe en su propia existencia, y tampoco en su creación. Es un ser caído en desgracia que ya sólo necesita comprobar si su creación es tan grande como él mismo piensa, para ello jugará a un peligroso juego de laboratorio al que usará a un empleado. Este tipo al que da vida un Domhall Gleeson, que al igual que ocurre con Isaac, también está pletórico, juega con la parte emocional del relato. Con él se evidencian las diferencias entre la inteligencia humana y la inteligencia mecánica perfecta. El pensamiento de este tipo es completamente imperfecto, la parte emocional juega un papel fundamental en su propio raciocinio, y cuando se extirpa esto de la creación, lo que queda es una frivolidad manipuladora en la que sólo prima la razón, o lo que es lo mismo, la inteligencia absolutamente perfecta controlada únicamente por la parte racional.

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Es cierto que Garland tiene una idea maravillosa, pero quizá falla a la hora de llevarlo a cabo pecando de novato. No quiero decir con ello que Ex_Machina sea una mala película, en absoluto lo es, pero queda lejos de ser la colosal obra de ciencia ficción que podría ser. El problema principal de la película se encuentra especialmente en el subrayado de cada acción, la sobrexplicación nolanista que toma al espectador por tonto. Es cierto que hay que ofrecer ciertas pautas para que la historia se pueda seguir y conocer todos los detalles, no es necesario llegar a las cuotas de incomprensibilidad que alcanzaba Carruth en Primer, pues esto también puede dar lugar a un sinsentido, pero tampoco hace falta agarrar de la mano y guiarle durante todo el trayecto. Posiblemente esto sea lo más complicado de elaborar una película como ésta, pero al final no deja de ser éste el punto más importante, el punto por el que las cabezas quedaban completamente volando al finalizar Coherence o Moon, en busca del procesamiento total de la información. Ex_Machina, por desgracia, carece de esta brillante sutileza, y aunque se consume de manera realmente agradable, el fin del visionado hacen que el peso de la obra como concepción cinematográfica sea totalmente volátil, aunque, eso sí, el debate planteado siga presente.

Podría haber sido mejor, no cabe duda, pero aún así, Ex_Machina no deja de ser una propuesta realmente interesante dentro de los nuevos caminos de la ci-fi más austera. Una obra realmente disfrutable, heredera del discurso orwelliano, o del mucho más reciente blackmirroriano, y que sabe llevarlo, sobre todo, con una desbordante imaginación. Y al fin y al cabo la ciencia-ficción no deja de ser el terreno de la imaginación, de los sueños…  o las pesadillas.

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Ficha técnica:

Título original: Ex_Machina Director: Alex Garland Guión: Alex Garland Música: Geoff Barrow, Ben Salisbury Fotografía: Rob Hardy Reparto: Alicia Vikander, Domhnall Gleeson, Oscar Isaac, Corey Johnson, Deborah Rosan, Evie Wray, Chelsea Li, Sonoya Mizuno, Elina Alminas, Ramzan Miah Distribuidora: Universal Fecha de estreno: 27/02/2015