La categoría de Mejor director este año trae consigo un hecho inaudito desde el momento en el que se aumentó el número de las nominadas a Mejor película: la presencia de un realizador en la categoría sin que aparezca en la de Mejor película. Este hecho era bastante común cuando sólo eran 5 las películas nominadas, y se utilizaba muchas veces para nominar a directores de prestigio con Krzysztof Kieslowski, Atom Egoyan, David Lynch o Pedro Almodóvar, cuyos trabajos, más alejados de los cánones académicos, tenían complicado ser electos entre las cinco mejores películas del año. En los últimos años hemos visto como directores de prestigio seguían siendo nominados aquí, tal es el caso de Terrence Malick por El árbol de la vida Michael Haneke por Amor, pero gracias a la ampliación del cupo, también sus películas acabaron entrando en la categoría reina. Veremos cómo se resuelve este precedente en los años venideros, pero mientras tanto, vamos a analizar a los cinco realizadores nominados:

Alejandro González Iñarritu por Birdman

Iñarritu

Segunda nominación para Iñarritu en esta categoría después de la conseguida por Babel. Iñarritu se enfrenta a una tarea complicada: Birdman está confeccionada a base de un falso plano secuencia, pero eso no quita que sean tan sólo doce secuencias larguísimas las que la forman. En Birdman hay un trabajo técnico brutal, un trabajo que no podría darse sin la perfecta planificación de su realizador. Las opciones de ganar de Iñarritu se reducen a las posibilidades de que Birdman gane este año, pero tiene las cosas más en contra que Linklater. Por un lado, es posible que Birdman gane Mejor película y Linklater se lleve el galardón al Mejor director, pero al revés, parece prácticamente imposible. Además, el año pasado ya ganó Alfonso Cuarón y parece complicado que dos años seguidos premien a un director mexicano. Además, el gran trabajo de Birdman no es sólo obra de su realizador, ya que el papel del operador de fotografía es casi tan importante como el del propio director. Teniendo en cuenta que el Oscar de Emmanuel Lubezki parece casi cantado, podían pensar que con este premio ya tienen motivo más que suficiente como para premiar el aspecto técnico de la película.

Richard Linklater por Boyhood (Momentos de una vida)

Linklater

Primera nominación en esta categoría para Richard Linklater. Su trabajo es sin duda menos visible que el de Iñarritu, pero posiblemente también sea el trabajo más complicado de todos los nominados. Rodar una película como Boyhood a través de doce años es algo verdaderamente complicado. Por un lado requiere una inmensa planificación inicial, en el que todas las pautas queden claras, aunque se vayan amoldando a medida que la película avanza. Por otro, hay que ser siempre completamente fiel a la idea, saber abordarla durante más de una década de tu vida con un enfoque idéntico para que ésta al final acabe teniendo una sensación de consistencia y de una sola obra como la que tiene Boyhood. No me cabe duda de que el trabajo de Linklater es mastodóntico, y aunque sea una categoría sin un favorito claro, sí le considero como el que más opciones tiene de ganar. Además, hace mucho que no se premia a un director americano, y si Boyhood gana a Mejor película el premio de dirección debería ser suyo. Incluso si se sigue la tendencia de los últimos años de dividir los premios de película y dirección, seguiría teniendo muchas opciones en caso de que Birdman ganase el Oscar a la Mejor película.

Bennett Miller por Foxcatcher

FOXCATCHER

Por supuesto, en la introducción nos referíamos a Bennet Miller, que ha visto como su Foxcatcher se quedaba fuera de las nominadas a Mejor película a pesar de conseguir él su segunda nominación al Mejor director (la primera fue por Capote). La entrada de Miller en la categoría fue una completa sorpresa, aunque fue galardonado con el premio a la Mejor dirección en el pasado Festival de Cannes, su nombre había estado ausente durante toda la carrera. Pero teniendo en cuenta que la Academia ha respaldado al director desde su primera película, que su trabajo más logrado en este campo esté nominado resulta completamente lógico. Éste es el trabajo más autoral de Miller hasta la fecha, y el que más depende de su trabajo tras las cámaras. En Foxcatcher consigue imprimir esa atmósfera inquieta omnipresente gracias a un trabajo de dirección apoyado en los planos largos y contemplativos, que permiten que la perfecta disposición de todas las imágenes de la película nos vaya sumergiendo poco a poco en la mente de estos personajes tan perturbados. Ni que decir tiene que sin haber conseguido la nominación a Mejor película, ganar en esta categoría es completamente imposible.

Wes Anderson por El gran hotel Budapest

Anderson

Junto a Iñarritu y Linklater, Wes Anderson ha sido el otro nombre fijo durante toda la carrera. Con El gran hotel Budapest el director, uno de esos “pintores” con la cámara, ha conseguido su primera nominación al Oscar. Lo decíamos al hablar de la importancia de sus guiones, realmente el punto fuerte de Anderson se encuentra en su trabajo tras las cámaras, la perfecta disposición de esos encuadres completamente imposibles y artísticos que dan vida propia a la película. Considero a Anderson, junto a Pedro Almodóvar, Wong Kar-Wai y Tim Burton el director con el estilo más vistoso y característico del cine actual, uno de esos tipos que consiguen hacer de la cámara una extensión de lo que se proyecta en su cabeza y que realiza en cada plano una verdadera obra de arte. También es cierto que por estos motivos, tan lejanos a los que la Academia suele apreciar (de hecho, de los anteriores citados, tan sólo Almodóvar ha conseguido una nominación en esta categoría), no parece nada probable que Anderson consiga un Oscar, al menos en un plazo corto. Poco importa realmente, porque pocos pueden cuestionar a estas alturas el talento que tiene como director.

Morten Tyldum  por The Imitation Game

THE IMITATION GAME

Primer trabajo en inglés del noruego Morten Tyldum, que parece haberse abierto hueco en Hollywood a la vista de sus próximos proyectos, y también su primera nominación. Desconozco el trabajo previo de Tyldum, que saltó a la fama con la película Headhunters, pero es sin duda el menos destacado de los directores nominados. La realización de The Imitation Game no es mala, pero desde luego que tampoco es un trabajo destacable, todo se mueve por unas pautas de realización bastante planas, donde el trabajo del director es prácticamente invisible. Ni aún en el remoto caso de que The Imitation Game ganase al premio a Mejor película, creo que su realizador conseguiría el premio. Ésta parece una de esas nominaciones de la Academia en pos de “fichar” a su realizador para su propia industria, que a unos valores artísticos que realmente debieran ser reconocidos.

Los olvidados

olvidados

Aunque hay algunos directores más que creo que deberían haber entrado en la categoría, en esta ocasión me voy a limitar a mencionar sólo tres, un director consagrado que aún no ha conseguido el respaldo de la Academia y dos directores jóvenes que de haber visto su trabajo nominado, podrían haber recibido el respaldo definitivo. El primero, por supuesto, ha sido David Fincher, después de quedarse a las puertas del premio dos años, con la Mejor película de sus respectivos años (El curioso caso de Benjamin Button y La red social), este año ha visto como Perdida ha sido completamente ninguneada. La película debería haber conseguido tres nominaciones fijas: Mejor actriz, Mejor montaje y Mejor guión adaptado, de las cuales consiguió la de Rosamund Pike. Ni que decir tiene que en las categorías en las que tenía opciones pero no era nada segura su presencia (película, director, fotografía o banda sonora) ni se ha acercado. Lo cierto es que David Fincher es uno de los mejores directores en activo, un completo técnico que procura cuidar cada detalle al máximo. En Perdida firma uno de sus mejores trabajos tras las cámaras, y confirma que, como Hitchcock, no sólo es un director estupendo, sino que sabe que es lo que le gusta al público a la perfección. La Academia debería haber reconocido su trabajo al menos con una nominación, por mucho que de una película de género se tratase.

Los otros dos son Ava DuVernay (que pudo convertirse en la primera directora afroamericana nominada al Oscar) y Damian Chazelle. No sé muy bien cuál ha sido el problema con Selma, su ausencia en todas las categorías, a excepción de Mejor película y Mejor canción es completamente ilógica. No solo porque sea una película fantástica, sino porque también es una cinta que se ajusta a la perfección a los que son los cánones de la Academia, además de acercarse con acierto a uno de los personajes más importantes de la historia del país norteamericano. DuVernay firma un trabajo preciso con un gran gusto visual que se refleja en escenas como la del puente, que precisan de un trabajo de organización medido. La directora siempre sabe que es lo que quiere contar con cada plano, lo que quiere enseñar, y hace que cada imagen de la película se te clave directa al corazón. Por su parte Chazelle, que ha corrido mayor suerte que DuVernay en las nominaciones, firma un trabajo de precisión máxima, que precisamente bebe mucho del cine de Fincher, un imperativo y potente torrente visual de imágenes, que junto a su notable montaje forma una de las obras más visualmente expresivas y directas que ha dado el cine americano en los últimos años.

¿Quién ganaría?: Sin estar nada decidido, la balanza se inclina un poco más al lado de Richard Linklater.

¿La alternativa?: Pero Linklater no se debe despistar, porque en el otro lado está sentado Alejandro González Iñarritu, partiendo casi desde la misma posición.