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En cierta forma la carrera del mexicano Alejandro González Iñarritu siempre se ha movido por los terrenos del caos humano. Desde su soberbio debut con la portentosa Amores perros, pasando por obras tan notables como 21 gramos, Babel o Biutiful, lo que al mexicano siempre le ha interesado mostrar era como la desgracia de la situación quedaba envuelta por el caos de su propia existencia. Birdman es otra piedra más en la filmografía acerca del caos que envuelve a Iñarritu, quizá sea la piedra más osada, la más arriesgada. Porque esta vez el mexicano se aleja del cruel realismo al que nos tenía acostumbrados para hacer un brutal ejercicio metarreferencial acerca del caos del actor, la paranoia de su propia existencia en un híbrido fusionado entre el actor y el personaje al que interpreta. Lo hace en un alarde de técnica absolutamente sorprendente, pero sin olvidar, que al fin y al cabo aquello que cuenta, ese descenso a la locura absoluta potenciada por la inestabilidad de la propia existencia humana, no deja de ser siempre aquello de lo que Iñarritu nos viene hablando en su cine desde hace más de diez años.

Riggan Thomson fue una estrella en los años 90 cuando interpretó al superhéroe Birdman. Ahí es dónde empieza el primer juego de la película, porque la conexión entre Riggan y su Birdman y Michael Keaton y su Batman es ineludible. Tanto Riggan como Keaton se negaron a seguir interpretando a aquellos personajes, y sus carreras entraron en un declive que ambos tratan de sacar con un proyecto tan personal como es la adaptación de una novela de Raymond Carver por parte de Thomson, como este propio Birdman como reflexión de la propia existencia de Keaton. Iñarritu plantea en Birdman una oda al teatro que pasea por pie firme a través de la historia del cine y se podría decir que en ella están depositadas la tristeza de la vuelta de la estrella que refleja Charles Chaplin en Candilejas, la propia autodestrucción del actor que planteaba John Cassavettes es Noche de estreno hasta la locura más absoluta que rodea al estreno de una obra de la que Peter Bogdanovich hablaba en la hilarante ¡Qué ruina de función!.

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Pero Birdman no es sólo una obra metarreferencial desde su propio planteamiento, lo es también desde su forma, un alarde de virtuosidad técnica. Pero su alarde tiene un propósito muy claro y evidente, si Birdman habla de la preparación de una obra de teatro, lo que Iñarritu pretende es hacer de su película una propia obra de teatro que arrastre como un torrente toda la potencia y energía que hay en ella. La película se sostiene continuamente sobre la potente banda sonora de Antonio Sánchez, una peculiar composición donde predomina la batería marcando un incesante y agónico ritmo increscendo, que acompaña, como anillo al dedo, al vigoroso despliegue visual que marcan Iñarritu y Emmanuel Lubezki presentándose como una apabullante obra audiovisual. El planteamiento de Birdman recuerda a aquello que planteo Alfred Hitchcock en La soga, un completo plano secuencia, con pequeños microcortes apenas inapreciables para el espectador, mezclado con el virtuosismo técnico que ya demostró Alexandr Sokurov el El arca rusa. Pero si hay algo por encima de este virtuosismo, se encuentra en el estudiado y acertado uso de las elipsis, mini-fundidos en negros, cambios por los pasillos, que no sólo dan pie a los cambios antes citados, como ya decimos, casi imperceptibles en una extraordinaria labor de montaje, sino también a pequeños saltos temporales, estudiados con una precisión milimétrica, detonantes para que la narración consiga ser siempre sobresaliente.

Sería injusto destacar únicamente la labor técnica en una película como Birdman, puesto que lo que más engrandece a esto, no es el virtuosismo mostrado perse, sino la perfecta integración que tiene esto con lo que aquí se está narrando. Porque este continuo plano secuencia ayuda a reflejar la decadencia de este señor, que tiene que luchar contra su pasado y también contra su futuro. Contra la sombra de ese superhéroe que le persigue, que está anidado en su cabeza como una voz que le persigue, como la sombra de lo que fue, pero también en su futuro, como la imposibilidad de salir de ahí, reflejada en esa crítica de teatro que antes de ver la obra ya tiene previsto machacarle, porque… ¿Quién es él? Una estrellita de tres al cuarto, para intentar convertirse ahora en un artista implicado. Ahí es también dónde Iñarritu aprovecha para meter una crítica brutal al sistema actual de Hollywood, al nulo talento creativo, a la reiteración de ideas y también a esos actores con talento que parecen predispuestos a enfundarse las mallas de superhéroes para llenar un poco más los bolsillos.

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Birdman o (la inesperada virtud de la ignorancia) como reza su acertado subtítulo, es una película sobre el caos absoluto de la existencia del actor. Ahí, esa virtud de la ignorancia, habla de cómo el actor al final puede ser mucho más feliz sin apenas llegar a conocerse a sí mismo, dejándose ser simplemente el personaje que interpreta, olvidándose por completo de su propia personalidad. El declive de este señor llamado Riggan Thomson ocurre cuando se le ocurre olvidar que realmente él es Birdman, no un actor llamado Riggan Thomson, sino un simple personaje, y decide, como el actor que no es, afrontar una empresa mayúscula adaptando una obra que se queda muy lejos de las cualidades del personaje que realmente es. Un caos cínico y asfixiante, que además nos trae de vuelta a un portentoso Michael Keaton, que se muestra como la única opción viable para interpretar al personaje, porque dentro del juego planteado por Iñarritu, tan sólo un actor que realmente sea el personaje puede interpretar a este tipo. Y Keaton es Riggan, una extensión de sí mismo, un reflejo en la pantalla. El caos reina un prodigio de obra audiovisual, una experiencia cinematográfica realmente única, absolutamente metarreferencial y desasosegante, una película que en definitiva es brillante desde su propia concepción. Y a la que como único punto negativo le podemos achacar que su intensidad desde el comienzo es siempre tal que llega a dejar al espectador exhausto, pero al fin y al cabo… ¿no es eso lo que hace el caos? ¿no es ése el propósito del propio Iñarritu?

4.5_estrellas

Ficha técnica:

Título original: Birdman or (The Unexpected Virtue of the Ignorance) Director: Alejandro González Iñárritu Guión: Alejandro González Iñárritu, Nicolás Giacobone, Alexander Dinelaris, Armando Bo Música: Antonio Sánchez Fotografía: Emmanuel Lubezki Reparto: Michael Keaton, Emma Stone, Edward Norton, Zach Galifianakis, Naomi Watts, Andrea Riseborough, Amy Ryan, Merritt Wever, Joel Garland Distribuidora: Fox Fecha de estreno: 09/01/2015