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El hecho de que el arriba firmante tuviera en 2005 el privilegio de entrevistar a Lech Walesa en Gdansk no le confiere una legitimidad especial para abordar la reseña de esta película. Si acaso, el haber establecido conversación durante una hora con quien (quiérase o no) es una de la figuras capitales en la historia del último tramo del siglo XX le brinda la capacidad de refrendar lo creíble de muchos de los detalles de este biopic.

Para avanzar en el recuento de los acontecimientos que llevaron a un sencillo electricista polaco a convertirse en hombre clave en el desmantelamiento del comunismo, Premio Nobel de la Paz y Presidente electo de su propio país, el veterano y excelente realizador polaco Andrzej Wajda escoge como hilo conductor una entrevista histórica, llevada a cabo por la periodista Oriana Fallaci, aquí encarnada por María Rosaria Omaggio. Quien ha entrevistado a Walesa puede dar fe de que su comportamiento durante las entrevistas (rudo, hiperactivo, lenguaraz y gloriosamente incorrecto) es exactamente el que estas escenas reflejan. El déficit de paciencia de Walesa es legendario, hasta el punto de incapacitarle para esperar a que el traductor haga su labor, lo que obliga a este a traducir de manera simultánea y al entrevistador a manejar los dos flujos de sonido (Walesa y traductor) que entran al unísono por sus oídos derecho e izquierdo, respectivamente. Walesa gusta de regañar a su interlocutor, de ser o hacerse el desagradable, así como cachondearse de él cuando menos lo espera. Toda esta parafernalia gestual, esta semiótica de la entrevista, está magníficamente captada por Wajda desde el comienzo, lo que ya nos gana en términos de verosimilitud.

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Wajda, quien ya había rodado dos películas (El hombre de mármol (1977) y El hombre de hierro (1981))  que se aproximaban a la figura del líder de Solidaridad, nos conduce con brío y sin ningún efectismo, a ritmo de punk polaco (lo que resulta interesante en un realizador octogenario), por el periodo decisivo del activismo político de Walesa, su enfrentamiento con el régimen comunista de su país y su eventual triunfo. Magníficamente encarnada por Robert Wieckiewicz, la figura histórica de Walesa se nos muestra en toda su dimensión, sin por ello descuidar el retrato del carácter apabullantemente natural del ser humano que hay detrás, con especial hincapié en su faceta de padre de familia numerosa. Hay una cómica grandeza en el hombre que marcha de casa para cambiar la faz de la tierra, o para morir en el intento, o para las dos cosas, y en el último segundo tiene que dar media vuelta porque su mujer le conmina a arreglar esa rueda del carrito del niño, que se sale todo el rato. Un carrito que, como si de El acorazado Potemkin habláramos, tiene su protagonismo: vemos al bueno de Lech siendo detenido por la policía mientras pasea al bebé de turno (siempre hay uno mientras el resto de niños crecen), bajo cuyo colchoncito encuentran pasquines ilegales que dan con padre e hijo en comisaría, desatándose delirantes acontecimientos. Es una película cuyo tono sobrio, lindante con lo documental, se quiebra más –ocasionalmente- en beneficio de lo anecdótico que de lo trágico, a pesar de que no era fácil sortear la tentación del dramatismo, la épica de cartón piedra y la megalomanía.

Ya que mencionamos el personaje de Danuta, la esposa de Walesa, es necesario alabar también la excelente interpretación de Agnieszka Grochowska, quien dota a su personaje de la complicada amalgama de ternura y dureza que requiere. La escena de su retorno a Polonia, con el Premio Nobel para su marido bajo el brazo, y de lo que le sucede en el aeropuerto, es sencillamente antológica en su frialdad, en su asombrosa contención.

Dentro del muy convincente resultado general, cabe reprochar algunos pecados de omisión, que no por serlo resultan necesariamente menos graves pero sí más discutibles, pues entran en el resbaladizo terreno de “lo que yo querría que esta película fuera y no es”, tan veleidoso y subjetivo. Walesa desagrega la responsabilidad histórica de la caída del comunismo de la siguiente manera, que me explicó personalmente en nuestra cita: 50% para el Papa Juan Pablo II, 30% para Yeltsin (“No para Gorbachov”, recalcó, “pues este solo quería reformar el comunismo y no acabar con él, como Yeltsin pretendía y logró”) y 20% para sí mismo. Ese 20% está sobradamente expuesto en la película, que por supuesto se centra por definición en esa porción del pastel, pero se echa de menos que profundice en la relación con el Papa (pese a que existan referencias) o con otras figuras de relevancia como el propio Yeltsin. Si el propio Walesa reconoce en su logro un “trabajo de equipo” (aunque se asigne sin demasiados reparos y seguramente con alguna justicia un 20% del  mérito), no se comprende por qué no se incide más en el aspecto coral de aquel punto de inflexión en la Historia.

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Puestos a señalar cosas que en alguna medida lastran esta muy estimable película, hay que señalar su alcance temporal. La narración muere en el momento en el que Walesa alcanza la presidencia de su país. Habría sido interesante que continuara más allá en el afán de explicar si Walesa fue, tras entrar por la puerta grande de la Historia, tan mal presidente, tan pésimo gestor como muchos polacos afirman. Habría sido interesante escudriñar en las razones por las que un héroe de la raza humana no fue capaz de revalidar en las urnas el poder en su propia patria, llegando incluso a obtener en elecciones posteriores un humillante 1% de los votos. Hablamos de un Premio Nobel de la Paz que a día de hoy no es tomado en serio por muchos de sus compatriotas. ¿Cómo pudo llegarse a eso?

La pregunta queda para otra película, o así nos gustaría pensarlo, habida cuenta de la predilección de Wajda por el personaje. Quizá en el fondo lo que señalamos como carencia sea un gran acierto. Al fin y al cabo, el biopic es el más difícil de todos los géneros cinematográficos, y el limitarse a narrar pedazos de vidas (y no vidas enteras, para las que a buen seguro dos horas resulten insuficientes o den lugar a tramas deslavazadas) tal vez sea una buena medida de precaución.

3.5_estrellas

Ficha técnica:

Título Original: Walesa. Czlowiek z nadziei Director: Andrzej Wajda Guión: Janusz Glowacki Fotografía: Pawel Edelman Reparto: Robert Wieckiewicz, Agnieszka Grochowska, Iwona Bielska, Zbigniew Zamachowski, Maria Rosaria Omaggio, Ewa Kolasinska, Miroslaw Baka, Michal Czernecki Distribuidora: A Contracorriente Films Fecha de estreno: 01/01/2015