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No siento debilidad por el cine hispanohablante, lo reconozco. Precisamente por eso no sé cómo llegué hasta Sin retorno en 2010. No recuerdo si fue porque leí el argumento en una revista y me llamó la atención o si di con ella de manera fortuita buscando en la filmografía de Leonardo Sbaraglia. El caso es que la ópera prima de Miguel Cohan, Sin retorno, me conquistó por completo. Un drama moralista, perfectamente llevado, en el que las actuaciones y la buena mano de Cohan propiciaban momentos realmente tensos y angustiantes. Sin retorno ya daba pistas de lo buen director que era el argentino, quien en muchos momentos del filme se limitaba a clavar la cámara mientras los actores llenaban el encuadre con sus interpretaciones. Muchos eran los recursos, tanto narrativos como visuales, que demostraban que Cohan era, cuanto menos, un realizar interesante.

Ese entusiasmo que me generó su primera obra fue la que hizo que me interesara tanto por Betibú, un thriller policiaco que, sin embargo, se aleja bastante del Cohan del que tanto disfruté con Sin retorno. En Betibú el argentino abandona el cine reflexivo por otro más dado al entretenimiento, y los planos estáticos que predominaban en su primer trabajo han sido sustituidos por el movimiento continuo en éste último. Dos películas completamente diferentes en forma y fondo que, sin embargo, conservan pequeñas pinceladas del gran director que vimos nacer con Sin retorno.

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Betibú se ambienta en una exclusiva urbanización de las afueras de Buenos Aires donde el poderoso empresario Pedro Chazarreta, es hallado muerto. Para dar cobertura a lo que, sin duda, será la noticia del año, el director del periódico de mayor circulación del país convoca a la prestigiosa novelista Betibú para escribir una serie de columnas sobre el caso. La escritora, se involucrará poco a poco en la investigación y, con la ayuda de dos periodistas de policiales, descubrirá que la muerte del empresario es sólo el primer eslabón de una serie de asesinatos de hombres poderosos que comparten un oscuro pasado común.

Para este nuevo trabajo el argentino se ha apoyado en un trío protagónico que, sin duda alguna, hará las delicias de buena parte del público. Porque puede que Betibú flojee en muchos sentidos pero Mercedes Morán y Daniel Fanego están espléndidos de principio a fin. Ellos dos son los únicos que consiguen que mostremos interés por algo más que la trama policial sobre la que gira la película, porque cuando el filme se centra en las relaciones personales de sus protagonistas (especialmente en la de Morán y un desaprovechadísimo José Coronado) es cuando más le pesa el hecho de que las personalidades de los mismos estén tan burdamente definidas, ya que apenas se profundiza en sus sentimientos, en lo que hay detrás de unas relaciones que parecen forzadas en pantalla. Ese es el principal punto débil de Betibú: no presta la misma atención a sus personajes que a su historia. Y aunque Morán y Fanego salgan al paso en varios momentos, la película de Cohan hace aguas en ese sentido.

Aunque afortunadamente Betibú tiene un buen puñado de aciertos que hacen que su visionado valga la pena. El retrato que realiza Cohan del mundo del periodismo es muy interesante, porque lo que plantea el argentino es que el periodista es en cierto modo un detective, un profesional (de la información) que se ve obligado a salir a la calle para conseguir la última hora, que debe recopilar toda la información posible para ofrecer pequeñas dosis de actualidad a los lectores y que arriesga su vida para conseguir información publicable antes que el resto de medios. Alguien que, en definitiva, busca la verdad y ansía su publicación a pesar de lo que esto pueda conllevar. Y esta doble visión de la figura del periodista da pie a que el filme mezcle con acierto elementos del thriller policiaco con otros del drama periodístico. Esta eficiente combinación de (sub)géneros es la que hace que Betibú tenga un tramo final tan potente, porque al final todo explota de la manera más efectiva posible: con la duda y la tensión acompañando (ojo a la secuencia paralela en la que los tres protagonistas se dirigen a sitios diferentes con el enemigo acechando…) sin interrupción al espectador, que sólo descansa por completo una vez llegado el fundido a negro.

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Betibú refleja de manera eficaz la cara y la cruz del periodismo, mostrando que, desafortunadamente, esta profesión no la mueven profesionales inspirados por los conceptos de veracidad y transparencia (aunque no dudo que los haya) sino los intereses de terceros que poco o nada tienen que ver con cuestiones deontológicas. Aunque en este caso la película se aleja de la denuncia para centrarse en el entretenimiento sencillo, momentáneo, y aunque no es el Cohan de Sin retorno, puede valer para una tarde de domingo. 

Ficha técnica:

Título original: Betibú Director: Miguel Cohan Guión: Ana Cohan, Miguel Cohan Música: Federico Jusid Fotografía: Rodolfo Pulpeiro Reparto: Mercedes Morán, Alberto Ammann, Daniel Fanego, José Coronado, Carola Reyna, Lito Cruz, Marina Bellati, Norman Briski, Mario Pasik, Gerardo Romano, Osmar Núñez Distribuidora: Syldavia Cinema Fecha de estreno: 12/09/2014