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Leía hace unas semanas en una reputada revista cultural un artículo de opinión en el que se reflexionaba sobre la degeneración del cine hacia los convencionalismos. En este texto se venía a decir que si un cineasta no se proponía exponer algo diferente de lo que han hecho miles de homólogos anteriormente era preferible que ni siquiera se pusiera a rodar. Yo no diría tanto, pero sí que me apena la complacencia que se percibe en los responsables de hacer cine con ellos mismos en las últimas dos décadas. El cine ha evolucionado para dejar de ser sólo un arte y convertirse en una dualidad compartida con su componente industrial. Guste o no, hoy las obras cinematográficas se deben a un éxito comercial, es decir, tienen que despertar la expectación del público; y la demanda del público se dirige hacia la inmisericorde reclamación de blockbusters y cine comercial (cuya definición implícita supone atraer a  un público masivo). Más allá de ser esto algo lógico en el contexto de la globalización y un factor positivo para el desarrollo y el crecimiento de la industria, ello no debería derivar en la flagrante falta de imaginación que se detecta en los últimos tiempos.

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Esta breve introducción me sirve para resaltar la importancia de que películas como El secuestro de Michel Houellebecq vean la luz. En una cartelera predominada por proyectos con escasa imaginación, aparece esta idea radical con el propósito de desmarcarse de todo lo que se haya visto antes.  Se apoya en el rumor que se desató en 2011 sobre la desaparición de uno de los autores más controvertidos de la literatura francesa moderna; en realidad, Houellebecq había decidido fugarse durante unos días, pero incluso se llegó a conjeturar si Al Qaeda podría haber perpetrado el infundado secuestro. A partir de este estúpido bulo, el director y guionista Guillaume Nicloux idea su particular versión sobre el rapto de Houellebecq para construir una película que no puede dejar indiferente a nadie. La irreverencia de la cinta la aproxima a algunos geniales títulos, como Guillaume y los chicos, ¡a la mesa! (ganadora al Premio César a Mejor Película el pasado año) o la griega Canino, pero por desgracia el resultado de la presente se queda a años luz de aquéllas. Estas películas de extremos son impredecibles, pero mantienen un nexo común: hay que conectar con la trama desde el primer minuto, y si no salvas el primer escollo el Titanic entero se hunde. Los primeros minutos despiertan cierta desconfianza en mí, con las extrañas presentaciones de los personajes y ese rudimentario secuestro. Rápidamente, esa cautela inicial se torna en una mueca de hastío que no me abandona en todo el metraje.

La irreverencia está presente en todos los estamentos de la obra, empezando por el reparto. El escritor Michel Houellebecq, el culturista Maxime Lefrançois y el luchador de artes marciales Mathieu Nicourt se reúnen aquí para interpretarse a sí mismos. Los dos últimos forman parte de la atípica banda de secuestradores. Naturalmente, el nivel interpretativo está falto de técnica, aunque en esta clase de películas esto apenas importa, pues el punto diferencial reside en el guion. En él se perciben reminiscencias de las comedias de interiores de Woody Allen, aunque las formas de la obra que nos ocupa sean mucho más agresivas. En realidad, es difícil ubicar referencias para esta cinta, lo cual es loable por su extraordinaria inventiva. La trama narra en clave de comedia dramática las estrambóticas situaciones que vive Houellebecq, representado bajo un esquema atípico y surrealista: la no profundización en la degradación de la moral del personaje, el hecho de que nunca lleguemos a saber quién comanda el rapto ni la razón por la que lo hace, la recreación en la complicidad entre el secuestrado y los secuestradores o la sucesión de irracionales situaciones que se dan.

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El secuestro de Michel Houellebecq es una película valiente por su temática y su estilo que puede levantar una polvareda de amor-odio en el público. Si la opinión personal es subjetiva por definición, me atrevería a decir que en este caso lo es aún en un mayor grado, por lo que la opinión negativa que un servidor guarda de la cinta no debería desalentar al espectador a interesarse por este filme. En el peor de los casos, habrá dado con una película única, que en los tiempos que corren ya es decir. 

Ficha técnica:

Título original: L’enlèvement de Michel Houellebecq Director: Guillaume Nicloux Guión: Guillaume Nicloux Fotografía: Christophe Offenstein Reparto: Michel Houellebecq, Mathieu Nicourt, Maxime Lefrançois Distribuidora: Caramel Films Fecha de estreno: 29/08/2014