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No tenía ni treinta años y no había hecho ninguna película cuando en la mente de George Lucas se empezó a cocinar lo que sería el que posiblemente sea el proyecto más personal ligado a la obra de un autor en la historia del cine. Un joven Lucas empezaba a dar sus primeros pasos tras las cámaras, ya ligado a la ciencia ficción con THX 1138, pero su mente estaba a otra cosa, ante lo que sería el proyecto que definiría toda su carrera. Este joven veinteañero sorprendió con su ópera prima en el Festival de Cannes, tanto es así que en seguida United Artist se percató de su talento y decidió ofrecerle un contrato por dos nuevas películas. La primera, American Graffiti era posiblemente la obra que Lucas necesitaba hacer para encontrarse con Star Wars, conocerse a sí mismo antes de tomar los mandos de la más grande epopeya de la historia del cine. American Graffiti era una obra sobre la juventud de Lucas, ambientada en Modesto (California), su lugar de nacimiento, narraba la historia de un grupo de jóvenes en la última noche de verano antes de pasar a la universidad. Esta película no fue sólo un proyecto personal, si no que abrió a Lucas las puertas del cielo. Con un presupuesto de menos de 1 millón de dólares, la película se convirtió en un rotundo éxito logrando más de 20 millones de dólares en 1973. Además consiguió 5 nominaciones al Oscar, incluyendo la de Mejor película y las de Mejor director y Mejor guión para el propio Lucas. Tenía 29 años y ahora sí, Lucas podía hacer lo que le viniese en gana. Podía empezar a preparar Star Wars.

Pero no sería tan sencillo para Lucas ponerse a dirigir La guerra de las galaxias. Pese a tener contrato con Universal para una nueva película, cuando les presentó el proyecto poco faltó para que le encerrasen por loco. El joven Lucas, con su currículum adornado por el éxito de American Graffiti, fue a buscar la financiación para su epopeya galáctica en otro lado. Fue el productor Alan Ladd Jr. Productor ejecutivo de Fox quien confió en Lucas en el mismo momento que éste se puso en contacto con él, convencido ciegamente en el talento del joven autor. ¿Qué había en esa primera idea de Star wars? La verdad es que es imposible saberlo, Lucas ha cambiado innumerablemente veces la versión de los hechos, lo mismo que gente de su alrededor, mientras que distintos historiadores tampoco son capaces de ponerse de acuerdo. La versión que el realizador ha recalcado con más ahínco es la de que en aquel primer borrador de la historia de Star wars contaba una historia que se extendía por todo el imperio a lo largo de numerosos años, por lo inabarcable de esta historia, finalmente se decidió con coger una parte del relato y hacer con ella la película. Algunos afirman que en aquella versión no sólo se encontraban las 3 entregas de Star Wars, si no que ya estaban ahí 6 primeros episodios de la saga. Otros hablan de que aquella historia llegaría hasta lo que sería un noveno episodio. Mientras que otros afirman que realmente, la primera idea de George Lucas era básicamente un remake de La fortaleza escondida de Akira Kurosawa (película con la que guarda numerosas similitudes) con elementos fantásticos, y unos pocos detalles que pese a descartarse de la historia inicial, acabaron incluyendo en las dos siguientes secuelas.

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Posiblemente ni el propio George Lucas sepa que hay de cierto, su concepción de la obra se ha apoderado de su carrera y de su vida, remontarse a que fue lo primero que había en aquella primera versión de la historia es algo imposible. Posiblemente en su mente queden aún muchas nuevas historias sin contar, muchos personajes por presentar, porque si algo tiene su magnífica ópera es que es un universo que no tiene punto de finalización. Sea como fuere, está claro que Lucas sabía mucho de lo que iba a haber después, o de lo que había antes de esa historia, aunque sólo fueran pequeñas ideas, que se dejan caer en la concepción de esta primera entrega de la saga. La guerra de las galaxias es sin lugar a dudas la más sencilla de las historias que se han contado a lo largo de las 6 películas. La misión de un joven granjero en un planeta desértico, que acabará enrolado en una terrible lucha contra el imperio para dar rescate a la princesa y acabar con una nave gigantesca de destrucción llamada La estrella de la muerte. A resumidas cuentas es simplemente esto lo que cuenta la película, una cinta de aventuras bastante simple, cuyas referencias, no se encuentran solamente en la citada La fortaleza escondida, si no también en el serial de televisión Flash Gordon, personaje del que Luke Skywalker es claro descendiente y en el cine de aventuras más clásico, en aquellas maravillosas aventuras protagonizadas por Errol Flynn o Tyrone Power de cuya influencia indudablemente Lucas bebió.

Pero no, había mucho más, una mitología que se empezaba a fraguar lentamente ya en esta película aunque no se hubieran atrevido a desarrollarla plenamente, principalmente porque no había lugar, dejaba claro que había mucho de ella diseñado en la cabeza de Lucas. Hablamos por supuesto de La fuerza, una religión que se ha quedado obsoleta, pero que se encuentra vinculada fuertemente tanto a nuestra protagonista, como al antagonista, un malvado Darth Vader, que pese a no ser realmente más que un vasallo, su crueldad queda patente desde la primera escena en la que aparece en pantalla nada más comenzar la película. Esta fuerza en la que curiosamente solamente tres personas parecen creer –aunque más tarde descubriremos un pequeño resquicio, que forman la rebelión que tratará de acabar con el imperio-, junto a ellos, ese sabio anciano llamado Obi Wan Kenobi que será maestro de nuestro héroe también (y más tarde pudimos enterarnos que también lo fue del padre de éste, villano de la historia, ases en la manga que Lucas se guardaba, o simplemente fabricó después), va más allá de la simple creencia. Lucas la usa como cualquier religión normal, haciéndola valer de guía en todas las hazañas cometidas. Es más, la presencia de Han Solo, un anti-héroe carente de fe, dejaran claro, al menos en esta primera entrega, que tan sólo el poder de la fuerza es capaz de guiar a los héroes al triunfo heroico, y tan sólo cundo Solo se deje acompañar por esa fuerza, podrá convertirse en héroe de la misma que Luke lo es.

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Lucas, al igual que Steven Spielberg, es uno de los mejores narradores de su generación, esto tiene una explicación lógica, ambos se criaron con el cine de aventuras clásico. Como hemos dicho antes, una de las principales influencias de la película. Si algo caracterizaba a las historias que dirigían directores como Michael Curtiz era el cuidado con el que estas películas estaban contadas, como pequeños cuentos a los que se daban vida, cuidando cada elemento especialmente para que los más pequeños las pudieran disfrutar. La guerra de las galaxias, y hete aquí el motivo de su éxito, que la llevó a convertirse en la película más taquillera de la historia en su estreno, en una época en la que las películas de ciencia ficción no eran especialmente exitosas, pese a los buenos resultados de El planeta de los simios (motivo por el cual se incluyó al personaje de Chewbacca) o las excelentes críticas recibidas por 2001: Una odisea en el espacio, cuyos halagos no sirvieron para que la obra de Stanley Kubrick no perdiese dinero, es una película excepcionalmente contada. Y es algo en lo que indudablemente se convierte la más destacada de todas las entregas de la saga, más allá de que podamos defender el excepcional libreto de El imperio contrataca, para quien esto escribe la mejor entrega de Star Wars, pero ninguna está contada de la forma que está contada La guerra de las galaxias, desde la absoluta sencillez, cuidando cada detalle y explicándolo con certera precisión.

Si empezamos a desengranar La guerra de las galaxias, nos encontramos con que lo primero que destaca de esta diestra narrativa se encuentra en la presentación de sus personajes y todos sus elementos. Algo que Lucas se toma con calma, pues tardamos 40 minutos en llegar a conocer a los siete personajes principales de la historia. La introducción a la historia ya es por si sorprendente, el texto en movimiento que da introducción a la película, algo que evoca a los anales del cine, cuando al espectador se le introducía la historia que iba a ver a través de los intertítulos, permite al director dar pie a la historia metida directamente en contexto, haciendo que el espectador conozca desde la primera escena que es lo que está ocurriendo. Los primeros personajes que vemos aparecer en pantalla son los androides C-3PO y R2-D2. Estos personajes son usados mucho más que como un simple apoyo cómico, cuya presencia recuerda a la de Oliver Hardy y Stan Laurel, con el larguilucho robot actuando de manera torpe (algo en lo que también recuerda a Buster Keaton con el que guarda cierta similitud en el rostro) y el pequeño androide resignándose a las meteduras de pata de su compañero. Si no que Lucas se servirá de estos personajes para ir narrando todos los acontecimientos, siendo testigos en segundo plano de todos los hechos importantes de la película. La decisión de Lucas es en cierta forma arriesgada, el protagonismo dado a estos personajes cómicos, con vistas de seducir a un público infantil, corría el peligro de hacer que se perdiera el tono serio y aventurero de la obra, algo en lo que falló estrepitosamente cuando intentó la misma jugada con Jar-Jar Binks en La amenaza fantasma. Sin embargo, la presencia de C-3PO y R2-D2 nunca resulta cansina, sus vivencias son divertidas, su humor está perfectamente medido para no pasarse nunca en exceso, sirven como relajación en los momentos que se acumula mayor tensión narrativa y ambos derrochan un carisma que pocas veces habíamos presenciado en personajes no humanos en el cine.

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Junto a ellos, esta primera escena también sirve para la presentación de dos personajes más. Por un lado tenemos la introducción de Darth Vader, su primera aparición, en la que no media palabra, simplemente se limita a pasar en medio de un grupo de soldados rebeldes caídos ante los disparos de los soldados imperiales, deja patente la fuerte presencia del personaje. La simple imagen de Vader andando, con su tenebroso sonido al respirar sirve para decirle al espectador que estamos ante el villano de la historia. Algo que va más allá cuando en la siguiente escena somos testigos de su crueldad al ver matar a un rebelde sin mostrar un solo atisbo de piedad.

La introducción de La princesa Leia no es menos contundente. En la primera imagen que ésta aparece lo hace en segundo plano, la vemos insertar en R2-D2 un mensaje de socorro, que poco después nos enteraremos que va destinado a Obi-Wan Kenobi y también los planos de la Estrella de la Muerte que servirán para crear el desenlace de la película. Una pequeña pincelada que sirve para dar el punto de salida a la historia. Al igual que ocurre con Vader, sabemos en apenas dos escenas cuál es el rol de Leia en la película, cuando cuatro soldados imperiales se dirijan hacia ella, ésta no se planteará en ningún momento huir para ponerse a salvo, si no que directamente les atacará, aunque sepa que no tenga escapatoria. Cuando es llevada hacia Vader, le plantará cara sin amedrentarse, demostrando de esta forma el fuerte carácter que tiene.

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La llegada de los androides al planeta Tatooine, recreado con una prodigiosa dirección artística en el desierto de Túnez, da también pie a la introducción del héroe. Lo que más destaca de Luke Skywalker es precisamente que no es un héroe al uso, es un simple granjero del que posiblemente, si va a cualquier tipo de escuela, recibirá burlas de sus compañeros por sus ensoñaciones. Su deseo de ser piloto se ver mermado por el escepticismo de sus tíos, los cuáles le ponen trabas debido a las obligaciones en la granja. Aquí quisiera hacer hincapié a la belleza del plano en el que un Luke resignado tras saber que ese año no podrá ingresar en la academia, sale fuera de su casa y contempla el atardecer que dibujan dos hermosas lunas. Pero si algo mueve a Luke es especialmente la curiosidad por saber quién es, cuando alguien le menciona a su padre, necesita saber con urgencia quien era este hombre al que nunca conoció. La compra de los androides, le hará oír el mensaje que grabó Leia, y esto también le llevará a embarcarse en la búsqueda del viejo “Ben” Kenobi.

La aparición de éste no podía ser más enigmática, recogiendo a un Luke que ha sido abatido por los jawas, tapando su rostro con una capucha. En cierta forma, parece como si Kenobi siempre ha estado esperando a Skywalker, la presencia de la fuerza en éste es tan fuerte como más tarde descubriríamos que lo fue sobre su padre. Kenobi es un típico fuerte, sabio en sus palabras, las cuáles, pese a poder sonar rimbombantes, son emitidas con una sentencia que jamás hacen dudar de ellas. El movimiento de Lucas de contar con un actor tan teatral como Alec Guiness para dar vida a este personaje es excepcional. Cuando aparece con sus jóvenes compañeros, tres actores jóvenes y no excesivamente talentosos (aunque los tres entendieron a la perfección sus roles y supieron comunicarse entre ellos a la perfección), siempre deja la sensación de ser realmente el único que puede guiarles a cumplir con éxito su misión.

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Son dos factores los que llevan a Luke a confiar ciegamente en Obi-Wan, por un lado, éste, amigo de su padre, habla con extrema admiración de él y con verdadera tristeza enmarca que fue Vader quien acabó con la vida del padre del muchacho. Por el otro la trágica muerte de sus tíos le dejará completamente sólo, por lo que las enseñanzas de Kenobi al que siempre observará con admiración, se convertirán en sus únicas aliadas. Es éste quien introduce el concepto de la fuerza en Luke, como un concepto espiritual y religioso que el joven deberá aprender. Pese a las reticencias de Luke en un principio, éste quedará convencido de la presencia de ella tras ver a Obi-Wan usarla en la ciudad de Mos Eisly con unos soldados imperiales que les dejarán pasar al antojo del maestro. La presencia de la fuerza es extraordinaria en Obi-Wan como se podrá ver cómo tras la destrucción del planeta Alderaan éste siente una extraordinaria conmoción.

El último de los personajes a introducir es Han Solo su presentación es muy distinta a la de los demás personajes, le vemos en una taberna en la que el Jedi y su alumno tendrán problemas. Es un caza-fortunas que mata sin piedad cuando le vienen a reclamar un pago. Incluso cuando Obi-Wan pida de sus servicios para poder ir transportarse y rescatar a la Princesa con el veloz Halcón Milenario, el único motivo que le llevará a este aceptar es el dinero. Al contrario de lo que ocurre con Luke y sobre todo con Leia, como observaremos posteriormente en la escena del rescate de la Princesa, en la que ésta llevará la voz cantante, Solo no es un personaje valiente. Sus hazañas se deben especialmente a la imprudencia, está claro que es un tipo con una gran destreza, algo que probablemente ha pulido en sus escarceos y huidas de la ley y prestamistas, pero hasta que la influencia de sus compañeros no haga mella en él, siempre tomará cualquier decisión movido por la codicia.

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Hay un detalle maravilloso en cada una de estas presentaciones. La maravillosa partitura compuesta por John Williams no necesita ninguna descripción a estas alturas, ha pasado a la historia por ser una composición icónica, perfectamente técnica, pero Lucas le da un uso en esta parte de la historia que la engrandece aún más y es que se apoya perfectamente en ella para introducir a cada uno de sus personajes. De forma parecida a lo que hiciese Sergéi Prokófiev en Pedro y el lobo cada personaje es introducido con un tema musical distinto, destaca esto especialmente en tres personajes, las notas oscuras con la que entra Darth Vader (La también icónica Marcha Imperial no se compondría hasta El imperio contraataca). La partitura heroica, casi romántica, con la que entra en escena Luke Skywalker, y sobre todo el sonido de jazz sucio que suena en la taberna de Mos Eisly al introducir a Han Solo.

Esta larga presentación le sirve a George Lucas no sólo para introducir a unos personajes que el espectador será capaz de conocer desde el principio, si no también para empezar a desarrollar una historia que llegará a su punto álgido tras la llegada del Halcón Milenario a la Estrella de la Muerte en la que Leia se encuentra retenida. Es aquí donde podríamos decir que comienza especialmente el gran cine de aventuras en La guerra de las galaxias. Y es que el rescate de la Princesa Leia es precisamente dónde se guardan todas esas referencias de las que hablamos con anterioridad. Los personajes tendrán que poner a prueba su pericia para poder superar los distintos obstáculos que se les interpondrán por su camino para poder llevar a cabo su misión. Los tres deberán juntar sus habilidades para que todo funcione, condenándose a entenderse, destacando especialmente la fuerte contraposición de los caracteres de Leia y Solo ante los que Luke tendrá que actuar como mediador. Aquí es posiblemente dónde veamos mejor la labor de Lucas en su máximo esplendor. Organiza las escenas con cuidado, pero haciendo pie en la belleza narrativa de las mismas, como la ya inmortalizada imagen de Luke y Leia saltando de una plataforma a otra. Pero también sabe usar de manera excepcional la tensión, algo tan necesario en una huida que es un fin, con una meta evidente, y que lleva al máximo en la escena del Compactador de basura.

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Pero Lucas divide toda la parte de la Estrella de la Muerte en dos partes con las que juega con el montaje, una de las señas del director y que a veces le ha dado resultados tan extraordinarios como el montaje paralelo de la lucha de Mustafar y el duelo del Senado en La venganza de los Sith. Así Obi-Wan, junto a los androides partirán a desactivar el campo de fuerza que les ha atraído hasta la nave. Algo que en principio carece de gran importancia al lado del rescate de la Princesa, pero que la cobra en la recta final cuando Obi-Wan tiene que enfrentarse en un duelo a sables de luz con Darth Vader. La simbología de los sables láser es también algo de vital importancia aquí. El sable de Obi-Wan, algo al que él mismo se refiere como “Un arma noble para tiempos civilizados” en la primera ocasión en la que se lo muestra a Luke, tiene un color azul, celestial, como si fuera la representación de una deidad, mientras que el de Vader tiene un color rojo, color con el que siempre se ha representado el fuego infernal. Aquí, además, Lucas se toma una licencia que resulta realmente gratificante, pese a que el uso de la música es bastante constante durante toda la película, aquí el director filma el combate sin que ésta suene en ningún momento, dejando todo al compás del sonido de los sable láser, en un fabuloso uso del sonido, algo que da a combate una presencia aún más transcendental. El final de ese combate acaba por el sacrificio de Obi-Wan a manos del que fuera a su alumno. Lo hace consciente de que Luke necesita esa motivación para acabar de cumplir su cometido, pero ¿dónde va? Realmente nunca vemos el cuerpo de Obi-Wan, éste simplemente se desvanece, y acto y seguido le escuchamos decir a Luke que corra hacia la nave para escapar, convirtiéndose de este modo en un guía espiritual para el joven muchacho.

El desenlace de la película no deja de ser menos fabuloso con la secuencia de la destrucción de la Estrella de la Muerte. Destaca aquí la conversión completa de Han Solo es cierto que el mercenario sólo quiere su dinero y decide no enrolarse en la peligrosa misión, pero en última instancia le dice a Luke: “Que la fuerza te acompañe” asumiendo de este modo su posible equivocación ante su falta de creencia y respetando una religión de la que se burlaba tras los actos que ha presenciado. Toda la secuencia de la destrucción tiene un fantástico aspecto caótico, no hay planos especialmente largos, la acción se mueve de un personaje a otro continuamente impulsando la sensación del peligro que los personajes que están corriendo. Cuando las naves corren por los pequeños recovecos de la estación espacial, lo hace con travellings cortos en los que el fondo se mueve rápidamente para incrementar la sensación de velocidad. Dada la complejidad para rodar esta escena con los escasos medios que en aquel momento un director tenía a su alcance, la forma de dirigir la secuencia de Lucas puede que no sea la más espectacular, pero difícilmente podría ser más trepidante, utilizando con inteligencia el montaje para hacer que la tensión nunca disminuya.

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Lucas apenas contó con 11 millones de dólares para rodar la película, pese a ser un presupuesto abultado para la época era muy inferior al que tenían películas catastróficas de la época que arrasaban en taquilla como El coloso en llamas. Aun así, supo amortizarlos a la perfección, desde la maravillosa dirección artística que ya hemos mencionado en algún momento al excelente tratamiento del sonido. Pero si algo destacaba en La guerra de las galaxias son sus efectos especiales, resulta sorprendente echar la vista atrás y ver la versión original de la película y ver como estos realmente apenas han envejecido pese a la complejidad de muchos de ellos. En su momento, fue la película que más fotogramas con efectos especiales tuvo que tratar. Pero si algo resulta aún más gratificante es la artesanía de la película, desde las maquetas, algunas que promovían la completa inventiva. Echen un ojo a la primera escena de la película y se sorprenderán al descubrir que esa inmensa nave que vemos pasar apenas medía 90 centímetros, algo que deja patente la creatividad de Lucas a la hora de elaborar sus planos. O incluso el fantástico stop-motion de la partida de ajedrez a bordo del Halcón Milenario. Hay, y se nota sobre todo en comparación con algunos (que no todos) blockbusters actuales, una sensación de mimo y amor por lo que se hacía, que despierta la nostalgia en el espectador.

La guerra de las galaxias sólo fue el comienzo de algo más grande. Como La Fuerza, fueron los cimientos de una religión, que dejó las primeras pistas por el camino para terminar seduciendo a generaciones y generaciones de espectadores a lo largo de todo el mundo. La historia se completaría y se haría mucho más redonda en las dos siguientes secuelas, pero 22 años después del estreno de La guerra de las galaxias, Lucas iría mucho más allá con tres nuevas entregas de la saga, que fueron injustamente tratadas en su momento. Y es que sobre todo su acto final, La venganza de los Sith está al nivel de la mejor película de la saga. Pero esto tenía un sentido más. La historia de Luke Skywalker se acabó, él quedó relegado a ser un personaje secundario, algo que tiene mucho sentido teniendo en cuenta que el personaje es el alter-ego del director, y que como Luke, Lucas quedó eclipsado por Star Wars que a su vez es Anakin Skywalker, y la historia de esta guerra de las galaxias, acabó siendo la historia de la caída y el levantamiento de Anakin contada en dos maravillosos actos.

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Pero todo este detallado análisis de Star Wars realmente no sirve de nada. Recuerdo con especial cariño la primera vez que vi La guerra de las galaxias, fue en el re-estreno de 1997 y yo apenas tenía 10 años.  Tuve la suerte de que este último re-estreno me pillase en edad tan idónea (y me parece totalmente ilógico que en 17 años toda una generación no haya tenido la oportunidad de ver la saga en el cine). Cuando salí del cine, obviamente con esa edad, no pensé nada de esto, no me fije en todos esos detalles que engrandecen la obra de George Lucas, simplemente salí con la sensación de que había asistido a la historia más alucinante que jamás me habían contado. Semanas después pude ver El imperio contraataca y El retorno del Jedi y yo simplemente quería ser un Caballero Jedi, salvar a la Princesa, luchar contra Darth Vader, acabar con el imperio…

Y ése es realmente el mayor regalo de la obra de George Lucas, entregar una obra que no sólo es redonda, si no es una magnífica historia capaz de seducir y potenciar la imaginación de los más pequeños. A Lucas se le ha criticado demasiado por los continuos retoques que ha hecho a su obra, pero, ¿es esto realmente justo? Al contrario que otros directores que han querido contar muchas historias, Lucas sólo ha querido contar una, y no una cualquiera, la mayor epopeya que jamás se haya creado exclusivamente para el cine (algo que la distingue de cualquier adaptación literaria y es que Star Wars es puro cine pensado para ser cine). Y Lucas es como un gran pintor con su gran obra, que jamás acabará por quedarse plenamente satisfecho con ello y necesitará retocar una y otra vez hasta el día de su muerte. Y siendo justos, por mucho que nos guste ser puristas y que no nos toquen lo que ya estaba bien, puede que alguna vez Lucas se equivoque, pero aquello que salió de su mente, sólo lo tocará para hacerlo aún mejor. Porque simple y llanamente, George Lucas es Star Wars.