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En su anterior película, La clase, que supuso la primera Palma de Oro para una película francesa en veinte años, desde que Bajo el sol de satán se alzase con el premio en 1987, el realizador Laurent Cantet, examinaba el sistema educativo actual. No lo hacía centrándose en las pesquisas de los profesores, que también, si no sobre todo, realizando un exhaustivo análisis de que era lo que fallaba en la juventud actual. Ésa que contagiaba del mal comportamiento de unos pocos, y para los pocos que deseaban estudiar, seguir sus instintos y no caer en las redes de la dejadez era un verdadero suplicio. He recomendado La clase a muchos chavales de la edad de los que son retratados en la película, y para mi sorpresa, me han comentado que lo que la película muestra tiene poco de real. Sin embargo, no puedo dejar de sentir que lo que perfectamente plasmaba Cantet en aquella película de un realismo bastante crudo no se aleja demasiado de la realidad. Al menos de la realidad que cualquier adulto percibe con sólo pasar por la puerta de cualquier instituto. Es posible que lo más difícil de retratar a la adolescencia es hacer que el propio adolescente se sienta identificado (aquello que tan maravillosamente bien hacía John Hughes), pero difícilmente se puede plasmar la adolescencia actual, al menos a los ojos de un adulto, de como lo hacía Laurent Cantet en La clase.

Su nueva película, con la que el director galo da el salto al cine rodado en inglés, podría verse muy diferente en la forma. Ese cine de guerrilla con el que entraba en las aulas de un instituto, ahora se cambia por un tono de thriller clásico que recuerda al Francis Ford Coppola de Rebeldes o incluso al Nicholas Ray de Rebelde sin causa por la proximidad de su argumento. Pero sin embargo no es tan diferente en el fondo, porque Cantet se acerca a los años 50 americanos para contarnos, una vez más, los problemas de unas adolescentes marginadas que tratan de sobrevivir a toda costa, y lo hace, nuevamente, con un realismo que hace muy sencilla la tarea de creerte los comportamientos de todos sus personajes. Basada en la novela Puro fuego: Confesiones de una banda de chicas de la novelista Joyce Carol Oates, que ya tuvo una adaptación protagonizada por Angelina Jolie titulada Jóvenes incomprendidas, Foxfire nos cuenta la historia de un grupo de muchachas que en el años 1953 se unirán en una sociedad secreta para vengarse por sí mismas del trato al que son sometidas por una sociedad machista, incluyendo humillaciones, abusos y violaciones, pero pronto se darán cuenta de que no están luchando sólo contra los hombres, si no contra toda una sociedad contra la que deben rebelarse para encontrar su puesto como mujeres.

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La interesante premisa de la película se ve apoyada, sin lugar a dudas, por el excelente tratamiento de los personajes que realiza Cantet. El realizador que opta por una realización pausada, contemplativa, nada habitual en este tipo de filmes, lo hace por una razón de peso, intentar ahondar en la mente de todas estas chicas. El espectador pronto entiende que sus actos no son sólo motivo de una venganza, si no también un acto de rabia de unas muchachas que se encuentran completamente solas, desatendidas por sus familias, ignoradas en clase, y que se cuentan entre ellas como el único apoyo humano. Sus fechorías son en cierta forma, un método de supervivencia, la necesidad de llamar la atención, de hermanarse con el resto de sus compañeras, pero es un castillo de naipes demasiado frágil, pues no saben exactamente cuál es su límite, y pronto se les irá de las manos, mientras que el grupo se desmorona precisamente cuando dejan de apoyarse entre ellas para criticarse.

¿Pero contra que se rebelan? Quizá sea la pregunta más complicada que se realiza el director francés. Es cierto que el trato vejatorio al que son sometidas te hace sentirse cómplice de sus andanzas, máxime cuando con acierto, todos los personajes masculinos son retratados de manera grotesca como seres deleznables. Pero a su vez, ellas son las principales víctimas de los prejuicios de la sociedad. En uno de los momentos de la película, una de las integrantes del grupo Legs, que acaba de salir de un reformatorio lo que también la ha hecho perder todo su vínculo con la sociedad, propone al grupo la integración de una nueva chica de color. Esto, que se somete a votación, acaba con la no admisión de esta muchacha. Más que el machismo, el racismo era uno de los males más anclados en la sociedad norteamericana en los años 50, no es que en sí fueran racistas, simplemente no consideraban a los negros como seres humanos. Pero al fin y al cabo, de la misma forma que ellas son humilladas por culpa de la sociedad, están haciendo lo mismo con otro grupo social, y son incapaces de darse cuenta de estar luchando por lo mismo.

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Y esto, es mucho de lo que habla Cantet, la incansable lucha del adolescente a ciegas, una lucha sin dirección que no sabe hacia dónde debe canalizar toda su rabia. Es precisamente ahí dónde Foxfire es una película inevitablemente ligada a la anterior obra de este realizador. Y ahí es también donde nace lo más interesante de la película, en la observación de como dos películas de forma tan distinta, este thriller puramente cinéfilo que me resulta la mar de entretenido y aquella La clase con un tono prácticamente de documental, nacen unidas por la percepción de que la adolescencia, se mire como se mire, y pase el tiempo que pase, sigue siendo la misma generación tras generación y aunque puedan cambiar las formas de rebelarse y atacar, sus miedos, sus preocupaciones, y sobre todo su rabia, permanecen siempre en el mismo lugar.

Ficha técnica:

Título original: Foxfire Director: Laurent Cantet Guión: Laurent Cantet Música: Thomas Jamois Fotografía: Pierre Milon Reparto: Raven Adamson, Katie Coseni, Madeleine Bisson, Claire Mazerolle, Rachael Nyhuus, Paige Moyles, Lindsay Rolland-Mills, Alexandria Ferguson, Chelsee Livingston, Tamara Hope Distribuidora: Golem Fecha de estreno: 27/06/2014