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El cine ha sido a lo largo de los años una herramienta muy poderosa con la que plasmar la realidad y mostrar temas relevantes en un contexto político y social. Por ello, no sorprende que en momentos de notoria turbulencia política salgan películas representativas de dicho conflicto y que puedan servir de denuncia a ciertas injusticias. Me viene rápidamente a la cabeza el cine estadounidense de los años 70 que mamó toda la amargura de la guerra de Vietnam y el mandato Nixon en películas representativas del calado de Taxi Driver, Apocalypse Now, Todos los hombres del presidente, Network, entre muchas otras; o el auge reciente de cinematografías como la chilena y la rumana de mano de una generación que ha crecido tras el fin de la dictadura. Saco esto a colación porque resulta significativo que en un país de escasa tradición cinematográfica como Venezuela hayan tenido cierta repercusión internacional en el último año títulos como Azul y no tan rosa –Goya a la mejor película iberoamericana- y la citada Pelo malo –Concha de Oro en el Festival de Cine de San Sebastián-. Dos filmes que tocan los prejuicios inherentes al movimiento LGTB y que inevitablemente vienen condicionadas por un trasfondo de inestabilidad política y violencia en su país de origen. Un impulso que coincide con una etapa de auge del cine latinoamericano probablemente iniciado por la corriente mexicana que luego logró hacerse un hueco en la industria Hollywood: hablamos, cómo no, de cineastas como Alfonso Cuarón, Guillermo del Toro y Alejandro González Iñárritu, estímulo continuado por producciones chiquitas que en los últimos años han triunfado en numerosos certámenes internacionales de primer nivel.Un cine latinoamericano del que siempre ha presumido e intentado reivindicar un festival como el de San Sebastián, pero con desiguales resultados. Relegado a un papel menor ante el empuje de festivales como Cannes, Berlín y Venecia, su capacidad se ha visto limitada a captar las películas que no quieren estas, lo cual reduce en gran medida la probabilidad de éxito. En este contexto surge una cinta muy estimable como Pelo malo dignificando al certamen.

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Pelo malo narra la compleja relación existente entre un extravagante niño de 9 años llamado Junior y su madre, la cual acaba de perder su empleo como vigilante de seguridad. A Junior le piden la foto para el colegio y a él le gustaría posar como un cantante de éxito, lo cual requerirá alisarse el pelo y llevar una vestimenta apropiada. Un detalle insignificante e ingenuo que servirá de pretexto para destapar anclados prejuicios que atormentan a esta madre en su interior y que enturbiará aún más los quebrajosos lazos materno-filiales que todavía consiguen que la ternura brillede forma espontánea en un entorno hostil. Una mujer que acaba de perder la confianzaque le dotaba su uniforme y que tendrá que asumir decisiones fuertemente afectadas por la ética y la moral en su lucha por sobrevivir, a lo cual no ayuda la turbulenta presencia de la abuela, dispuesta a pagar el precio que vale la tutela de su nieto. La problemática social se palpa en cada detalle, en un claro intento de mostrar la intolerancia que nos rodea pero que hábilmente logra alejarse del panfleto a pesar de contar con una perceptible visión política. Destacable su efecto a la hora de trazar leves pinceladas en lo que es el descubrimiento de la orientación sexual a edades tempranas, sin realmente mostrar nada con contundencia, algo que se ve beneficiado por el trabajo de los actores, que consiguen reflejar con naturalidad sus inquietudes y los lazos que se establecen entre los personajes.

Pelo malo (Foto película)

Un delicado tratamiento al tema de la identidad para lograr una película optimista, tierna, heterogénea en su tono y cuya victoria el pasado mes de septiembre en el certamen donostiarra no resulta para nada extraño puesto que aparte de su apreciable calidad, su temática roza de forma importante a la trayectoria cinematográfica de su último presidente del jurado, el norteamericano Todd Haynes (director de títulos como Velvet Goldmine, I’m not there, Lejos del cielo y máximo responsable de la serie Mildred Pierce). Una oda a la diferencia que alcanza su máxima expresión en la peculiar amistad de Junior y su vecina, una niña con apreciables problemas de sobrepeso con la que comparte la afición por el baile y los concursos de belleza. También suponemos que haría las delicias de Haynes ese hit aquí recuperado de “Mi limón, mi limonero”, emblema inseparable en el grato recuerdo que nos queda. Pasando del drama a la comedia y de la comedia al drama con total naturalidad, la película posee su mayor valor en el ofrecer diversos niveles de lectura, siendo digerible tanto para el espectador medio como para el más exigente.  Ya sea apreciable por su simpática ligereza como por la intensidad de lo que se puede leer entre líneas,Pelo malo resulta un agradable descubrimiento, una cinta a reivindicar. Porque entero nos gusta más.

3.5_estrellas

Ficha técnica:

Título original: Pelo malo Director: Mariana Rondón Guión: Mariana Rondón Música: Camilo Froideval Fotografía: Micaela Cajahuaringa Reparto: Samuel Lange Zambrano, Samantha Castillo, Beto Benites, Nelly Ramos, María Emilia Sulbarán Distribuidora: Abordar Casa de Películas Fecha de estreno: 14/03/2014