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¿Puede una gran historia urbana ser contada en apenas 80 minutos? ¿Se puede concentrar lo que representa la vida para una persona en solo un día? La respuesta de ambas cuestiones se encuentra en Oh Boy, aclamada película alemana que llega por fin a los cines españoles este fin de semana y que se antoja como una de las cintas más interesantes de la cartelera.

Niko Fischer, un joven alemán sin trabajo ni ganas de estudiar deambula por las calles de Berlín sin saber muy bien qué hacer con su vida. No tiene pasión por nada ni expectativas de futuro, viviendo en un continuo estado de vacío existencial. Es un pardillo que bien podría haber salido de algún guión de los hermanos Coen. En la película vemos el día completo del joven Niko, que se presenta como una verdadera odisea urbana en la que no pararán de ocurrirle pequeñas desgracias. Este Niko Fischer es una especie de Paul Hackett, el personaje que interpretaba Griffin Dunne en la divertida ¡Jo, qué noche! de Scorsese. Ambos son unos pardillos que sin comerlo ni beberlo pasan por mil y una desventuras a lo largo del día, aunque naturalmente la odisea de Niko no es tan esperpéntica y hasta surrealista como la de Hackett.

En esta genial ópera prima que firma Jan Ole Gerster fue la gran triunfadora de los premios del cine alemán de 2013 con 6 galardones (entre ellos los de Mejor película, guión, actor y director)  y obtuvo 3 nominaciones en los últimos premios del cine europeo. La influencia del cine de Jim Jarmusch es más que palpable en la cinta de Gerster, tanto a nivel narrativo como en el uso de un blanco y negro que recuerda al de Extraños en el paraíso o Bajo el peso de la ley. Los personajes del cine de Jarmusch son personas sencillas, gente corriente de la calle, pero con relieve y aristas emocionales tales como las que tiene el propio Niko. También es imposible no acordarse un poco de la genial Frances Ha de Noah Baumbach, siendo Niko Fischer una especie de versión masculina y depresiva de la Frances interpretada magistralmente por Greta Gerwig. El papel de Niko es interpretado de manera brillante por un gran Tom Schilling, personaje desganado y desencantado de la vida, quizás un fiel reflejo de la juventud de nuestros días. La fotografía en blanco y negro, fría y realista, es una verdadera gozada para la vista. También nuestros oídos se deleitan gracias a una fantástica banda sonora que suena a ritmo de jazz. Tampoco es casualidad que Niko y su amigo mencionen en la película a la obra maestra de Martin Scorsese, Taxi Driver, pues Niko al igual que Travis Bickle pertenece a esa fauna callejera testigo de los problemas de la gente de a pie.

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Gran parte de la grandeza de Oh Boy reside en que puede parecer que es una de esas películas que “no cuentan nada”, pero que una vez terminada y analizándola fríamente puede verse la grandeza de su guión. Esta fábula urbana deudora del mejor cine de Jarmusch constituye una verdadera joya del cine más minimalista. Divertida y seca a partes iguales, el film de Gerber es un, por momentos, hilarante viaje a la nada, al vacío. Esas pequeñas historias que a la vez se hacen grandes, porque Oh Boy es mucho más que fachada, es una película que tiene mucho que ofrecer contando muy poquito. Todo resulta inteligente y acertado en esta especie de road movie callejera.

Como todas las fábulas, Oh Boy también cuenta con su propia moraleja. El hecho de que Niko no consiga tomarse un café en todo el día, a veces por motivos realmente tronchantes, puede ser visto como un gag recurrente que el director usa con un fin cómico. Pero la verdadera naturaleza de este extraño impedimento que hace que Niko nunca llegue a tomarse su preciado café es que hay días en que parece que el mundo está en contra nuestra para que no conseguimos alcanzar nuestro objetivo prioritario, aunque sea tan simple como tomarse una taza de café. Citando un conocido dicho popular, parece que hay días en los que es mejor no salir de la cama. Tomar café no es lo que mueve a Niko a deambular por las calles de Berlín, pero sí que es lo que parece necesitar en muchos momentos puntuales del film. Afortunadamente, y ahí va la verdadera moraleja de la película, es que los días por malos que sean también acaban y el mañana siempre se presenta como una nueva oportunidad de alcanzar tus metas, como tomarte tu preciado café en una cafetería.

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Toda odisea tiene su fin, y si Ulises consiguió llegar junto a su querida Penélope tras luchar contra sirenas y cíclope, el joven Niko Fischer se verá obligado a lidiar con un padre con el que no se lleva bien, una ex compañera de colegio con un turbio pasado o un viejo borracho que cuenta batallitas, entre otros. Personajes que complicarán el día del pobre Niko de manera no intencionada, pero sí consecuente. Al fin y al cabo, tanto las aventuras y desventuras de Ulises y Niko son como la vida misma, un viaje en el que encontrarás miles de trabas hasta conseguir tus objetivos.

El inicio de la carrera como director de Jan Ole Gerster se presenta ilusionante, cuanto menos. Oh Boy es una magnífica comedia dramática con tintes de cine social que emociona y divierte. No llenará grandes salas ni permanecerá meses en la cartelera, pero sin duda es una de las opciones más atractivas que se estrenan esta semana. La inusual odisea urbana de Niko Fischer merece ser disfrutada por cualquier amante del cine, una fantástica dramedia que emociona y divierte, ideal para amantes de las pequeñas grandes historias y el cine independiente. 

3.5_estrellas

Ficha técnica:

Título original: Oh Boy Director: Jan Ole Gerster Guión: Jan Ole Gerster Música: The Major Minors, Cherilyn MacNeil Fotografía: Philipp Kirsamer Reparto: Tom Schilling, Marc Hosemann, Friederike Kempter, Justus von Dohnányi, Michael Gwisdek, Katharina Schüttler, Arnd Klawitter, Martin Brambach, Andreas Schröders, Ulrich Noethen, Frederick Lau, Steffen C. Jürgens Distribuidora: Surtsey Fecha de estreno: 07/03/2014