El pasado 7 de noviembre la sala 5 de Multicines Aribau cumplió 50 años y para celebrarlo  proyectaron West side story, película con la que se inauguró en 1962. Una de las salas únicas más grandes de Europa empezó con un gran éxito, la película llegó a congregar a 795.125 espectadores a lo largo de 96 semanas de proyección, y culminó sus cincuenta años con otro éxito: la práctica totalidad de las más de 1.100 butacas de la sala llenas para revivir la proyección.

 Era una ocasión especial y el cine se vistió de gala. En la entrada, a ambos lados de una alfombra roja, había 10 Oscar gigantes que daban la bienvenida al público. Tantos Oscar como ganó la que fuera llamada “la película de los Oscar”.

Algunos de los Oscar en la entrada del cine.

Tanta era la expectación por la película que ésta empezó con retraso debido a la larga cola que se formó en la entrada. Pero antes, proyectaron un breve vídeo protagonizado por Jaume Figueras, cronista de cine, en el que daba la bienvenida al público, lamentaba no poder estar allí y recordaba algunos datos sobre el cine y su primera proyección: el total de público que asistió a las proyecciones, la visita de George Chakiris mientras la película aún estaba en cartel para agradecer la asistencia, que Jerome Robbins fue despedido a medio rodaje porque su obsesión con los bailes encarecía la producción de la película… Finalizada esta presentación, cubrieron de nuevo la pantalla con la cortina y empezó, ahora sí, la proyección de West Side Story.

Proyección como en los viejos tiempos:

Se apagaron las luces y empezó a sonar la increíble banda sonora de Leonard Bernstein mientras la pantalla iba cambiando de color: rojo, naranja, azul, lila, otra vez rojo… Bonitos minutos musicales arruinados por el, cada vez más habitual, mal educado que sigue hablando porque sólo es música y considera que puede seguir compartiendo sus opiniones con el de al lado dada la falta de diálogos durante esos primeros momentos.

Finalizados estos minutos musicales, descorrieron la cortina y empezó la proyección de la película, usando una copia en perfectas condiciones, durante más de una hora hasta que llegó el cartel de Intermission. Pausa de 15 minutos, como en los viejos tiempos, que precedió a otros minutos musicales con la inconfundible melodía de I feel pretty y el regreso a la película, precisamente en el momento en que Natalie Wood canta esta famosa canción. De aquí hasta el final.

Noche de emociones:

Fue emocionante ver esta película en pantalla grande. Soy de los que piensa que el cine gana en pantalla grande con una buena imagen y un buen sonido, por muy mala que sea la película. Para que os hagáis una idea de las emociones que desató esta proyección, hubo un señor al lado que no paró de llorar en toda la película. Fue una noche de descubrimientos, pero también de recuerdos.

WEST SIDE STORY

 

Título original: West Side Story. Director: Robert Wise y Jerome Robbins. Guión: Ernest Lehman (de la obra de Arthur Laurents y Jerome Robbins). Música: Leonard Bernstein. Fotografía: Daniel L. Fapp. Reparto: Natalie Wood, Rita Moreno, George Chakiris, Richard Beymer, Russ Tamblyn, Simon Oakland, Ned Glass, William Bramley, Tucker Smith, Tony Mordente, David Winters, Eliot Feld, Bert Michaels, David Bean, Robert Banas.

Ganadora de 10 Oscar de la Academia: Mejor película, mejor directores, mejor actriz de reparto (Rita Moreno), mejor actor de reparto (George Chakiris), mejor banda sonora original, mejor fotografía, mejor dirección artística, mejor diseño de vestuario, mejor montaje y mejor sonido. Además, 1 nominación al mejor guión adaptado (ganó Abby Mann por ¿Vencedores o vencidos?).

ROMEO Y JULIETA EN EL WEST SIDE

No es fácil hablar de West side story, un clásico del cine musical que ha dejado una importante huella desde que se estrenara en 1961. Grandes nombres como Leonard Bernstein en la música o Saul Bass en los títulos de crédito se juntaron para crear uno de los clásicos más importantes del cine musical americano.

Desde el minuto 1 ya es plantea una intensa declaración de intenciones: sólo la BSO de Bernstein sonando con una imagen de unas lineas de colores diseñada por Saul Bass sobre un fondo que va cambiando de color, hasta que nos damos cuenta a través de un fundido que esas lineas son el perfil de los edificios de la isla de Manhattan, el gran escenario donde se desarrollará la historia.Con esta sencilla introducción se nos presenta uno de los elementos importantes de la película: la música.

Tras esta presentación de la BSO, llegan varios planos aéreos de la isla, seguido luego de más minutos musicales, esta vez acompañando a las dos bandas callejeras protagonistas: los “nativos” (Jets) y los portorriqueños (Sharks). Sin apenas pronunciar palabra, las coreografías y la música presentan perfectamente el tono y el tema de la trama. Ya tenemos presentados la música, el escenario y parte de sus protagonistas.

Pero esta película no trata, solamente, de una pelea de bandas en el West Side, sino que su trama principal es una historia de amor acelerada entre Tony, ex-líder de los Jets, y Maria, hermana de Bernardo, líder de los Sharks. Historia de amor imposible con dos familias enfrentadas, claramente inspirada en el clásico de Shakespeare, Romeo y Julieta. Sólo que esta historia de amor es bastante cursi y exagerada entre dos personajes con unas carencias afectivas tan salvajes que hacen que se enamoren el uno del otro en cuestión de segundos hasta el punto de perdonar lo imperdonable sin apenas pestañear. La trama principal es uno de los puntos más flojos de toda la película.

Contrapuesto a Tony y Maria está el conflicto entre los Jets y los Sharks, que lo impregna todo hasta el punto que alterará para siempre la historia de la feliz pareja. Este conflicto se acentúa de buena manera con las coreografías, muy vivas y expresivas que insinúan una violencia extrema (peleas, violaciones, amenazas…) sin que la película pierda su toque en cierto modo jovial, reforzado por la expresividad de las actuaciones o el colorido de los decorados y el vestuario. 

En definitiva, West Side Story nos cuenta una misma historia de dos maneras a la vez: en un plano más evidente está una historia más plana, más sencilla en su forma, en la que nos cuentan la historia de amor de una joven pareja, los problemas entre dos bandas callejeras y los evidentes problemas raciales y de clase que se vivían en el Manhattan de esa época; mientras que en un segundo plano nos plantan un subtexto con una carga violenta y sexual potente edulcorado por las coreografías y las canciones que cambian el tono, pero no pierde su esencia turbia y desagradable.

West Side Story tenía todos los elementos para convertirse en un clásico y lo consiguió, merecidamente. Desde una gran banda sonora hasta unos personajes entrañables, pasando por una fantástica dirección artística y de fotografía y con unas coreografías muy completas. Su punto flojo sigue siendo la historia de amor principal, pero no puedes evitar perdonar este detalle ante una cinta que, pasados 50 años, sigue conservándose en plena forma y con momentos de gran modernidad, salvo algunos momentos puntuales que no han sobrevivido bien al paso del tiempo. Película muy icónica, vale la pena revisitarla de vez en cuando y dejarse ir por esas calles del West Side acompañados por las melodías de Leonard Bernstein.