Durante muchos años los hermanos Coen han luchado por crear un estilo propio que ha conseguido llevarse los halagos de medio mundo. Desde que estrenaron en 1984 su primer filme, Sangre fácil, han pasado por el cine negro (El hombre que nunca estuvo allí, No es país para viejos), la comedia (El gran salto, O Brother, Where Art Thou?), y películas que mezclan ambos géneros (Fargo, Barton Fink), siempre plasmando su peculiar personalidad. A falta de ver algunos de sus títulos más serios me quedo con los Coen cómicos, no cambiaría El gran Lebowski o Arizona Baby por nada, a pesar de que creo que se mueven fabulosamente en otros ámbitos.

Ladykillers forma parte de su etapa cómica más moderna y logró unas críticas más que respetables. Este original remake de El quinteto de la muerte, dirigido en 1955 por Alexander MacKendrick y protagonizado por Alec Guiness y Peter Sellers, cautivó por su osadía e irreverencia. Algo que sólo los Coen son capaces de lograr.

Un malvado delincuente, G.H. Dorr (Tom Hanks), se hace pasar por un tranquilo y amable profesor de música para conseguir alquilar un piso a la inocente y cándida señora Manson (Irma P. Hall). Su objetivo es usarlo como centro de reuniones de él y sus secuaces que planean atracar el Bandit Queen, un barco casino del Missisipi. Su plan consiste en excavar un túnel desde el sótano de la casa hasta donde se encuentra el barco y hacerse con el botín. La banda formada por el profesor, un infiltrado en el casino, un experto en demoliciones, un general especializado en túneles y un sorprendente forzudo tiene que enfrentarse con el enemigo más duro que se puede encontrar, la casera.

10

La ventaja de Ladykillers es que a pesar de su aparente incompetencia conquista al público desde el primer segundo en que oímos a Tom Hanks con ese acento sureño lleno de comicidad. Probablemente nadie hubiese podido recrear de nuevo las hazañas de este quinteto como los Coen, y ello ha dado lugar a una comedia hilarante, llena de temperamento y audacia. Todos los personajes conectan con el espectador y les hacen reír con cada gesto o conversación, como las batallas racistas entre Marlon Wayans y J.K. Simmons. Es una película que se cree seria (los personajes lo demuestran) pero cuyo principal objetivo es divertir y entretener. Ladykillers es original se mire por donde se mire, una historia peculiar y muy bien llevada que alcanza momentos de esplendor gracias a la improvisación de un reparto más que espléndido, existe una gran química entre los protagonistas y eso se demostró en la gran pantalla. Con Tom Hanks como maestro de orquesta esta película logró superar las expectativas que ante un remake se suelen tener.

Ahora queda sacudirse esos prejuicios y estar seguros de que se va a disfrutar de una película muy buena, que de principio a fin demuestra que los Coen siempre serán los Coen, unos genios. El final es tan disparatado como inmemorial, posiblemente la mejor escena de la película, jocosidad absoluta.