A veces cuesta imaginar por qué películas de una calidad considerable se ven ancladas en el cajón del olvido de algunas taquillas nacionales. Es el caso de The man from Earth, una película estadounidense que estuvo limitada a nivel mundial y cuyo estreno tuvo lugar en 2007. Quizá no sea el tipo de cine que interese a ciertas distribuidoras, por su complejidad, por ser tan arriesgada, aún así su belleza es incuestionable.

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El director neoyorkino Richard Schenkman se estrenaba así en una producción importante tras proyectos muy humildes como October 22 o And Then Came Love. Con un reparto discreto, con David Lee Smith a la cabeza, The man from Earth supera cualquier expectativa que se vierta sobre ella, siendo uno de los mejores dramas de ciencia ficción que una servidora ha podido ver en su vida.

La película gira en torno a un hombre (David Lee Smith) que un día se despide de su grupo de amigos revelándoles que es un ser prehistórico y que lleva vivo 14.000 años.

Con tan solo 56.000 dólares de presupuesto Schenkman logró, de manera casi artesanal, crear una verdadera obra de arte basada en un diálogo intelectual de 87 minutos entre un Cro-Magnon y un grupo de expertos. A cada minuto más apasionante. La película es un paseo a lo largo de la historia que no se hace pesado en ningún momento, al contrario, engancha al espectador y concibe reflexiones interesantes sobre la evolución humana tal y como la conocemos. The man from Earth es una discusión continua que abarca tanto temas teológicos (¡y de qué manera!), como biológicos y así una larga lista. Puede parecer inverosímil en muchos momentos, es ciencia ficción, pero es cierto que este filme está rodado de manera soberbia, creando la desconfianza necesaria para no perderse ni un ápice de la confesión del protagonista. La atmósfera no podría ser más perfecta.

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También hay cabida para las relaciones personales, en la película no cobran mucha fuerza pero en el tramo final es un aspecto a tener en cuenta. Todo encaja, cada minuto del largometraje vale la pena. Es una película difícil pero muy completa, que entusiasmará a un determinado público y que dejará muy satisfecho a la gran mayoría. Una habitación es el único escenario utilizado, no hay efectos especiales, ni alienígenas, ni flashbacks, hay talento plasmado en un guión majestuoso y en unas interpretaciones muy convincentes.