Pasados los principales premios del cine las carteleras se llenan de productos simplones, que no aspiran a nada en particular, pero que quieren entretener al público. Es el caso de Sin límites, un thriller de Neil Burger con Bradley Cooper y Robert de Niro como cabezas de cartel. 

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Sin límites cuenta la historia de un escritor neoyorkino (Bradley Cooper), que se encuentra en una crisis de creatividad. Un día le proponen probar una pastilla “legal” pero aún desconocida. Esta píldora activa al máximo su actividad intelectual, convirtiéndole en un triunfador. Entonces decide probar suerte en Wall Street, donde un financiero (Robert de Niro) siente una gran curiosidad por averiguar qué se esconde detrás de tanto éxito. 

En esta historia me desencaja la manera en que Burger utiliza la cámara. Quizá sea una superproducción que le venga demasiado grande, a pesar de que en El ilusionista demostró que era un buen autor, con estilo y calidad, pero en Sin límites algo le falló. En un principio todo es muy precipitado, abrumador, se pasa a cámara rápida de las calles tumultuosas de Nueva York al cerebro humano, hay giros extremadamente veloces que son incómodos para el espectador. Afortunadamente a medida que pasan los minutos el filme se torna más agradable y se lleva con serenidad.

M 73 Bradley Cooper stars in Relativity Media's LIMITLESS.

Sin duda lo mejor del largometraje es Bradley Cooper, espectacular e inquietante interpretación que no hará más que catapultarle a lo más alto de la industria. Se merece este protagonismo, y a expensas de algún que otro proyecto espero que siga avanzando a pasos agigantados. A través de su estética Sin límites consigue meter al espectador en el mundo de las drogas, juega con las texturas, dándole una belleza especial. Es una película bien construida que podría haber sido mucho más con un director más perspicaz pero que aún así consigue amenizar una simple tarde con interpretaciones bien definidas y un planteamiento interesante.

Se podría decir que Sin límites es intranscendental, tanto para el género como para un Robert de Niro, que últimamente sólo actúa para parodiarse a sí mismo. Aún así cumple con los cinéfilos menos ambiciosos.