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Las franquicias caducan, los espectadores tenemos clarísimo cuando llega ese momento en el que hay que parar de hacer secuelas pero las productoras no, por eso ahora nos enfrentamos a la cuarta entrega de Piratas del Caribe (y las que están por llegar), a la no sé cuántas de Star Trek y así una lista infinita, pero cuando al principio las cosas salen bien siempre se tira del “Continuará…”. Nosotros éramos felices cuando descubrimos a los Follen por primera vez, en Los padres de ella no pudimos parar de reír, con un Robert De Niro que marcó un hito en la relación suegro-yerno y un Ben Stiller en su salsa. Con Los padres de él todo se alocó más pero no desmejoró, para algunos es de las sagas de comedia más enriquecedoras de la historia, no lo cuestiono. Tenían que cerrar “el círculo” (o no) con ésta: Ahora los padres son ellos.

Sin duda es la más floja de las tres, la más pobre estéticamente y la de menor contenido argumental. También es la que menos gracia tiene pero aún así conserva ese aire familiar que nos conquistó hace ya 10 años. La película tiene sus momentos de gloria, que nos cautivan por un Ben Stiller muy a lo De Niro (con mirada del tigre incluida) y la inocencia de los hijos Follen, pero nada más. Como toda su franquicia contiene escenas desternillantes que provocan la carcajada inmediata pero no como en las anteriores, Ahora los padres son ellos no está a la altura. Todo es más simple, han reunido a toda la familia por el cumpleaños de los niños; Jack nota el peso de la edad y Greg siente que ahora toda la importancia de la familia recae sobre él, ellos son los principales atractivos de esta nueva entrega en la que está de sobra (sobradísima) la actuación de Jessica Alba, que parece que sólo ha participado para enseñar muslamen, aunque muchos lo agradecerán, su papel es muy predecible e innecesario. Película navideña, ideal para esta época, aunque al llegar los créditos finales nos asalta una duda: ¿será la última? Un final demasiado abierto; más no por favor.