El gran hotel Budapest – Expande tu imaginación | La Cabecita

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Wes Anderson es posiblemente el cineasta más particular que nos ha entregado el cine en mucho tiempo. No tiene alma de realizador de cine, si no de pintor. Cada una de sus películas parece una obra de arte pop, con un tono cuidado en tono pastel, con personajes que parecen meras caricaturas que deambulan y corren a través de esas estampas. El estilo de Wes Anderson es completamente único, singular, extravagante e inimitable. Cada una de sus obras parecen una prueba de fuego contra la imaginación, parece gritar al espectador que expanda su imaginación para poder disfrutarla, si no, se sentirá repelido e incluso incómodo ante lo que cuenta y muestra. Y es su estilo, es su arte, no quiere negarlo, cada obra va más allá sea en un punto u otro. Si Moonrise Kingdom al igual que Fantástico Mr. Fox parecía realmente una caricatura realizada con personajes reales, en El gran hotel Budapest vuelve a su extremo más radical, al de la estética pura, pictórica. A la extravagancia visual que ya había mostrado en Life Aquatic, pero elevada un paso más allá, más radical, más singular. Un cuadro pictórico de inmensa belleza, pintado, en esta ocasión, a tonos rojos.

Y ni siquiera la elección del color es casual, nunca lo es en sus obras, si El gran hotel Budapest apuesta claramente por el rojo de la sangre, es porque es su forma de colorear una película que en el fondo, no deja de ser un policiaco, una película de cine negro de aroma puramente clasicista. Pero es cine negro a través de los ojos de Wes Anderson, con su estética vintage y apasionada, poblada de personajes llevados al límite del ridículo, con una puesta en escena detallista y cuidada, jugando con sus tonos pastel, con sus planos simétricos. Una delicia visual. La historia de El gran hotel Budapest se destapa como si fuera un pequeño juego de muñecas rusas. Hoy, una niña viaja a conocer la historia de un hombre que escribió un libro. En los años 80, el hombre que escribió el libro (Tom Wilkinson), nos cuenta cómo nació ese libro. En los años 60, ese mismo hombre, mucho más joven (Jude Law) viaja al peculiar hotel del que posteriormente escribiría y se encuentra con un peculiar hombre (F. Murray Abrams) que le contará una apasionante historia. En los años 30, ahora sí, asistimos a la historia de cómo M Gustave (Ralph Fiennes), perdió a su amada (Tilda Swinton), fue heredero de un valioso cuadro, y su familia capitaneada por un furioso Adrien Brody y un terrible matón (Willem Dafoe) tratarán de darle caza, mientras que él, con la policía (liderada por Edward Norton) en los talones, intentará huir junto a su botones (el debutante Tony Revolori) mientras que trata de descubrir lo que realmente pasó. Una historia apasionante, dónde además Anderson vuelve a jugar con la estética de manera brillante, marcando cada salto en el tiempo con una relación de aspecto diferente.

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Anderson juega completamente al límite con su historia, es sorprendente la vivacidad con la que está contada la película, y aunque nos tiene acostumbrados a ello, no deja de sorprendernos. El gran hotel Budapest insufla vida, su historia parece salida de unos dibujos animados completamente locos, en los que todo puede pasar. Porque en el mundo de Wes Anderson tiene cabida absolutamente todo. Desde ese hotel absolutamente imposible que se comunica con el mundo a través de un funicular, a una huída de la cárcel absolutamente improbable, saltando por encima de los guardias mientras estos duermen. A bigotes pintados, y monjes que saben todo aquello que hay que saber de una conspiración. Organizaciones secretas de dueños de hoteles, e incluso una persecución a través de la nieve que parece más propia de James Bond, o una huída dentro de un museo completamente oscuro que parece creada por Alfred Hitchcock. Es su mundo, y está diseñado a su medida, todo vale y todo funciona a la perfección, tiene fuerza, es impresionante y divertido, completamente alocado. Si Moonrise Kindgdom era una visión nostálgica a la vida, al primer amor, este hombre pelirrojo de aspecto nerd muestra en El gran hotel Budapest una visión nostálgica del séptimo arte, la pasa por su filtro, y expande y muestra en imágenes casi surrealistas lo que otros sólo podrían imaginar. Es lo que hace un artista, un pintor como Wes Anderson cuya brocha es la cámara.

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Y pobres aquellos que son incapaces de disfrutar con el cine de Wes Anderson, los que limitan su propia atrofia mental acusándole de cosas tan estúpidas como “pretencioso” o “megalómano”, porque son los mismos que ponen límites a su mente, obviamente el cine de Anderson no está hecho para ellos, no se acerquen, no van a disfrutar de su cine, porque no saben hacer volar su imaginación. Porque el cine de Anderson es único, es singular, es cine para soñadores, para los que creen en los cuentos, en los finales felices e improbables, en la singularidad del ser humano. Es por esto que a día de hoy Wes Anderson, resulta uno de los cineastas más interesantes y fascinantes del panorama actual. Un cineasta que pasa además por su mejor momento, y que en lugar de apagarse, consigue que cada película brille más que la anterior, que sea más extrema, que sea más suya. La belleza de sus tonos, su particular y tan propio sentido del humor, la improbabilidad de sus personajes de increíble bondad o extrema deplorabilidad, sin medias tintas, forman parte de un universo único no apto para mentes cuadriculadas, ¡Ay! pobres de ellos…

4.5_estrellas

Ficha técnica:

Título original: The Grand Budapest Hotel Director: Wes Anderson Guión: Wes Anderson Música: Alexandre Desplat Fotografía: Robert D. Yeoman Reparto: Ralph Fiennes, Tony Revolori, Saoirse Ronan, Bill Murray, Jude Law, Willem Dafoe, Tilda Swinton, Harvey Keitel, Edward Norton, Jeff Goldblum, Adrien Brody, F. Murray Abraham, Mathieu Amalric, Owen Wilson, Jason Schwartzman, Tom Wilkinson, Léa Seydoux, Bob Balaban Distribuidora: Fox Fecha de estreno: 21/03/2014