Muchas veces queremos empezar una serie de televisión (o de streaming) por las recomendaciones o buenas críticas que ha recibido y al ver que tiene más de cinco temporadas nos asustamos.

Este mes de julio se ha emitido la séptima y última temporada de Orange is the New Black, y aunque las últimas entregas de ésta no han estado para nada a la altura de las primeras, sentimos que han dicho adiós a lo grande.

El mundo de Orange is the New Black se basa en una historia real, en la vida de Piper Kerman: ex-convicta estadounidense que fue a la cárcel por ayudar y mantener dinero sacado de la venta de drogas junto su compañera Alex.

Piper Chapman es el nombre del personaje que se basa en la mujer de la historia real y es interpretado por Taylor Schilling, que entra en la cárcel Litchfield. La “banda” que se crea en la cárcel, la cual vamos conociendo poco a poco sus integrantes, está formada por Alex Vause (su antigua compañera de negocios y pareja, interpretada por Laura Prepon), Nicky Nichols (Natasha Lyonne), Lorna Morello (Yael Stone) y Red (Kate Mulgrew), entre otras.

Otros personajes con gran peso en la historia y en la trama son Poussey Washington (Samira Wiley), Suzanne “Crazy Eyes” (Uzo Aduba), Gloria Mendoza (Selenis Leyva) y “La Flaca” (Jackie Cruz), que aunque no estén dentro de “la banda” de la protagonista desde un primer momento, se ganan el cariño y atención de las y los espectadores.

Esta ha sido, desde siempre, la gran apuesta de la serie: un gran reparto de personajes principales de todas las edades y razas – que muchas veces juega a su favor y otras en su contra.

Cuando la serie se pasa a la comedia, a veces deja a un lado las risas para criticar el sistema carcelario de Estados Unidos, el racismo y el sexismo, entre muchos otros problemas de la sociedad actual. Este es un gran avance para la visibilización de todos estos problemas, ya que en la serie hablan claramente de los causantes de estos y algunas posibles soluciones; el problema está en que al tener tantos personajes principales, cuando se centran en un personaje en concreto, si el espectador no está interesado se aburre.

Pienso que este ha sido el punto más flojos de las últimas tres o cuatro temporadas. Mucho personal del reparto ha ido cambiando, y los últimos nuevos personajes no interesan tanto.

En esta última entrega la creadora Jenji Kohan ha sido más brutal, cruda y seria que nunca. No pierde el encanto cómico de la serie, pero se nota el claro objetivo a la crítica social y gubernamental actual del país norteamericano, sobretodo con las leyes de inmigración (ICE) y la clara distinción de poder entre guardias carcelarios y reclusas.

 

En la séptima temporada (AVISO: SPOILERS),  Piper finalmente se enfrenta a la vida tras la cárcel. Hacer vida normal sin ayudas después de estar encerrada tanto tiempo no es fácil, y las guionistas no se olvidan de acentuar el problema. De hecho, tanto Piper Kerman como el equipo de Orange Is The New Black han lanzado una campaña llamada “Poussey Washington Fund” con un sistema para ayudar económicamente a las ex-convictas nada más estrenar su última temporada.

En ésta última temporada abundan los flashbacks emocionales, los guiños a los y las fieles seguidoras y algunos que otros personajes estrella que reaparecen para el final de la serie.

Todos los personajes han tenido su final, algunos buenos y otros malos, pero ninguno se aleja mucho de la actual realidad. Con muchos dramas y mucha comedia. así despedimos tras siete temporadas de una de las primeras series originales de la plataforma Netflix, de la cual se le echará mucho de menos en estos años.