Si Dios quiere – ¿Por qué señor, por qué?

La comedia italiana, el tan famoso humor italiano que gusta a un gran número de gente, de aficionados al cine, un género que siempre ha mostrado su mejor y su peor cara, pero nunca falta ese toque mediterráneo que tanto nos llama la atención por la cercanía que nos transmite. Esta semana llega a nuestras carteleras una propuesta muy interesante y bastante sorprendente: Si Dios quiere.

La primera película de Edoardo Maria Falcone es una comedia negra sobre el choque de prejuicios y pensamientos. Un cardiólogo burgués con unos ideales ateos y liberales muy marcados. Su concepción sobre lo que cree cambiará al enterarse de la noticia de que su hijo quiere ser cura, y hará todo lo imposible para impedirlo mientras la familia se va desmoronando más y más. Cuando uno comienza a ver la película no se espera esos primeros chistes que se encuentra, una ristra de rápidos comentarios que juegan entre lo ácido y lo negro para desajustar al espectador y avisarle de que ésta no es una de esas comedias dulces y sencillas, sino que va a jugar con lo bruto y lo basto. Si no estás preparado para según qué humor, esta película te lo podría hacer pasar mal, aunque un servidor cree que tampoco cruza ninguna línea inmoral. Y es esta gracia con la que el guion se establece que dota a la película de una personalidad atractiva, te mantiene atento y no dejas de disfrutar. Esta virtud no sería posible si no fuese por unas interpretaciones geniales de Marco Giallini, Alessandro Gassman, Laura Morante y Edoardo Pesce, que reflejan y satirizan a la perfección diferentes estratos de la clase media italiana.

Si Dios quiere – ¿Por qué señor, por qué?

Otra de las caras buenas de la película es el arco de evolución de los personajes principales. Quizá no sean los personajes más complejos del mundo, pero cumplen con su función, y además lo hacen de forma atractiva y convincente, estableciendo relaciones cambiantes entre sí en pro de las situaciones de la trama, las cuales son, por cierto, muy ingeniosas. La película tiene, en concreto, una secuencia magistralmente alocada, donde llega a un punto álgido justo a mitad del metraje. Está también colocada justo en el punto anterior al inicio de la transformación de nuestro protagonista, y funciona a las mil maravillas, un ejercicio de guion y personajes tan bien hecho que recuerda a la fabulosa Mejor… Imposible, con Jack Nicholson. Y es que son muchas las similitudes entre la película americana y el debut de Edoardo Maria Falcone, pero hay una gran diferencia entre ambas, y esa es la resolución, y con ello entramos en la peor cara de la película. No me gustaría sonar injusto con ella, pero ¿puede un final abrupto y absurdamente colocado sin sentido alguno destrozar una película? Depende de qué pese más en la balanza: el enfado por tirar por la borda todo aquello que has trabajado tan bien durante la cinta, o los buenos momentos que has tenido hasta los 10 minutos finales. Lo más justo sería equilibrar la balanza, pero a veces habría que tener más en cuenta todo aquello que ha favorecido enormemente al espectador. Aun así, este pensamiento ha sido factible días después de haber visto la película, pues segundos después de finalizar solo se me ocurría exclamar “¿por qué señor, por qué?”.

Si Dios quiere es una gran comedia inconformista con muchos toques negros que será el deleite de aquellos que disfruten con él, además de serlo para aquellos que les guste unos buenos guiones y personajes perfectamente estructurados y planteados, pero cuya parte final puede manchar todo un buen trabajo realizado durante la película.

 

3_estrellas