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Credit for Murder, Vladi Antonevic

IDFA continúa pero no deja de llover ni de hacer frío, sin embargo el festival se ocupa de tener a todos su invitados muy bien entretenidos. IDFA no solo es una gran oportunidad para conocer que se cuece en el panorama documental, con un público general que muestra mucho cariño y compromiso con piezas que rara vez llegan a la distribución estándar, sino que es también un núcleo donde directores, distribuidores, productores y otros profesionales se encuentran, comparten proyectos y desarrollan relaciones que darán frutos en algún film.

Si hubiese que destacar un título que sorprende de comienzo a fin, y que tristemente no ha sido reconocido en el palmarés IDFA sería sin duda Credit for Murder, un trabajo sublime que combina periodismo de investigación al más alto nivel con un toque de ficción a lo Sherlock Holmes. En 2007 aparece en youtube un video donde se ve la decapitación de dos jóvenes por parte de un grupo de neo-nazis rusos que despertó una ola de violencia xenófoba en el país, sin embargo estos dos cuerpos nunca fueron encontrados y la policía provocó un debate sobre la veracidad del video. Unos meses más tarde un viejo musulmán de Daguestán, al sur de Rusía, dice reconocer a su hijo en el brutal video, algo que impulsa a Vladi Antonevic , director, a investigar el caso frente a la pasividad del estado por averiguar quién está detrás de tal terrible caso.

Antonevic, judío ruso, no solo dirige magistralmente esta compleja investigación que duró 6 años, si no que se vuelve uno de los personajes principales que junto a su amigo Shuravi crean un tándem ganador, con escenas cercanas a la mejor ficción pero tan crudas como el difícil tema que tratan, se adentran en los busques rusos, los bajos fondos moscovitas y las estepas para conocer los movimientos neo-nazis que afloran en la Rusia contemporánea. Su nivel de acceso es increíble y lo es más aún su cuidada y elegante fotografía que hasta en la más compleja y tensa escena, dos judíos pretendiendo ser periodistas conservadores americanos en mitad de un bosque y rodeados de 50 neo-nazis armados, consigue un encuadre y un movimiento de cámara más propio de una escena planificada y repetida miles de veces que de una situación espontánea. Credit for Murder, combina los elementos de un thriller maravilloso, una novela detectivesca, estructurado como una de las mejores piezas de ficción, pero consigue informar, provocar y entretener devolviéndote la esperanza de que hasta los documentales de investigación pueden ser una pieza con estilo.

Sin duda hay que resaltar que en esta edición 65 de IDFA Rusia ha tenido una presencia especial, con piezas muy diversas que hablaban de la complejidad social, política, cultural e histórica que vive este gigante.

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Don Juan, Jerzy Sladkowski

El premio grande del festival se lo llevo Don Juan, una cinta que inicialmente había pasado algo desapercibida pero que luego recobró su popularidad. Esta documental del polaco Jerzy Sladkowski nos habla del deseo de Marinna una madre rusa por convertir a su hijo, Oleg, en lo que para ella es un “hombre de verdad”. Sin embargo Oles es autista y parece tener su propia idea de cómo vivir su vida, lucha por compaginar su forma de ver las cosas con la constante presión de su madre por “normalizarle”.

Esta historia nos lleva a dar un paseo por una serie de “pseudo-especialistas” a los que Marinna contacta para “ayudar” a su hijo a acercarse a ese hombre estereotipado, ese “macho-man” que parece necesitar para sentirse una madre completa. Desde psicólogas que fuerzan a Oleg a tener impulsos sexuales, directores de teatro que le ayudan con su discurso a un ex coronel que incita al acoso para conseguir a una chica , todo gira en torno a esas concepciones del género patriarcales por las que Oleg debe ser fuerte, soberbio, agresivo: un don juan. 

Obviamente, esto pone en una situación incómoda al espectador algo crítico y nos hace cuestionarnos contantemente la relevancia de las opiniones maternas, los patrones cerrados bajo los que la masculinidad debe desarrollarse aun en muchas partes del mundo y el retraso en materia de integración.

Don Juan merece la pena porque es sin duda un retrato íntimo y completo de la relación entre una madre y un hijo que parecen hablar idiomas distintos pero que están condenados a vivir juntos.

When The Earth Seems to Be Light

When the Earth Seems to be Light, Tamuna Karumidze, Salome Machaidze & David Meskhi

De la geografía post-soviética pero esta vez caucásica nos llega la cinta georgiana When the Earth Seems to be Light también premiada con premio IDFA First Appearance.

Con una interesante propuesta visual entramos en el mundo de un grupo de skaters y artistas alternativos que viven de forma underground en un Tiblisi afectado por las protestas conservadoras y un complicado y corrupto panorama político. A veces es difícil entender la relevancia de las quejas de algunos de sus jóvenes protagonistas si no se sabe de ante mano algo sobre la situación en Georgia, ya que el documental evita entrar en explicaciones de ese tipo y se centra en el día a día de esos grupos que constituyen una minoría muy escondida. En ocasiones sorprende que solo se le de voz y relevancia a las opiniones de los hombres cuando hay escenas en grupos mixtos, pero como primer acercamiento al panorama georgiano funciona.

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Holy Cow, Imam Hasanov

Promocionado como el primer documental internacional de Azerbaiyán, Holy Cow, nos habla del conflicto que surge en una pequeña aldea cuando uno de sus vecinos decide comprar una vaca de tipo europeo ya que dice que está proporciona más leche y es más rentable económicamente. El resto del pueblo y de la familia se oponen radicalmente a esta acción ya que aseguran introducir a un animal extranjero traerá mala suerte y que las condiciones de Azerbaiyán no permitirán que la vaca sobreviva.

Tratado con un humor particular Imam Hasanov, su director, nos habla de la tenacidad de un soñador, de las tradiciones rurales de su país y del sentimiento de comunidad. Solo falla en este documental la falta de espontaneidad que al ser un documental tan escenificado se pierde y que hubiese aportado a tan buena idea algo de matiz y textura.

Crónica escrita por Alana Mejia  y Andrea Gálvez