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Al igual que hicieran en su momento otras epopeyas cinematográficas como Forrest Gump (Robert Zemeckis, 1994) o El curioso caso de Benjamin Button (David Fincher, 2008), con Oda a mi padre el coreano Youn JK aprovecha la historia de Duk-soo, un niño que pierde a su hermana pequeña y a su padre durante la guerra de Corea, para repasar buena parte de los acontecimientos que tuvieron lugar alrededor de aquel país en el siglo XX. Y para ello no duda en recurrir a una grandilocuencia narrativa y visual cuya ambición parece no conocer límites conforme avanzan los minutos.

Desde los primeros compases del film asistimos a un espectáculo visual apabullante, cuyas secuencias bélicas no tienen nada que envidiar a la mayor de las superproducciones hollywoodienses –la secuencia del éxodo inicial quita el aliento-. Básicamente, una de las mejores cosas que pueden decirse sobre ‘Oda a mi padre’ tiene que ver con su logrado acabado audiovisual, fruto de un trabajo artístico y técnico realmente encomiable.

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Pero, más pronto que tarde, damos con el que personalmente considero como el principal problema de la película, que no es otro que el tono y el tratamiento emocional de la historia. Pienso que, tal y como son presentados los personajes y hechos constituyentes del núcleo narrativo de la película, cuyo carácter es emotivo por naturaleza, bastaba con que se hubiese mantenido un perfil bajo y sutil en cuanto al modo en que se pretende conectar con el espectador. Sin embargo, la película se decanta hacia el melodrama más facilón y desvergonzado –especialmente hacia el tercer acto-, poniendo énfasis sobre ciertos momentos que lejos de pedirlo, hubiesen hablado por si solos. Pero, contra todo pronóstico, sus carismáticos personajes logran en casi todo momento mantener la función a flote gracias a su presencia y a la tierna relación que se va desarrollando entre todos ellos. De este modo, y a pesar de sus excesos, es imposible no rendirse en muchas ocasiones ante su descarado e iluso desparpajo emocional.

 

Por supuesto, hay que tener en cuenta que el cine oriental sufre de una cierta tendencia hacia esta clase de “desajustes” en cuanto al tono en que son narradas sus películas, y era de esperar que en una producción de esta magnitud íbamos a encontrarnos con esto multiplicado por diez. En otras palabras, Oda a mi padre es una película cuya mayúscula ambición se traduce en un cóctel de géneros que va del drama familiar costumbrista al cine bélico, pasando por el romance y la comedia ocasional, llevando al límite sin ningún tipo de complejo la mayoría de sus tramas en favor de la espectacularidad y la emoción.

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En resumidas cuentas, Oda a mi padre supone una de las muestras de cine épico no-hollywoodienses más espectaculares y ambiciosas que he visto en mucho tiempo. Cierto es que su resultado es desigual, especialmente cuando cae en la manipulación sentimental, pero no deja de ser un producto de entretenimiento altamente satisfactorio a modo de cine de evasión que hará las delicias de ese público que quiera ver una película “bonita”.

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Ficha técnica:

Título original: Gukjesijang  Director: Youn Jk Guión: Soo-jin Park Música: Lee Byung-woo Fotografía: Choi Young-hwan, Kim Hyung-seok Reparto: Hwang Jeong-min, Kim Yunjin, Oh Dal-su, Jung Jin-young, Jang Young-nam, Ra Mi-ran, Kim Seul-ki Distribuidora: European Dreams Factory Fecha de estreno: 02/10/2015